Era una tarde lluviosa... una lluvia fría de esas que te calan hasta los huesos... y en mi caso me quedé sin visibilidad mientras conducía. El pretexto ideal para detenerme cerca de la cafetería y buscar refugio dentro...
Necesitaba escribir, mis tiempos de entrega me estaban matando y aún no podía concluir ese texto... me pregunté por qué demonios me había comprometido a enviar contenido para la revista de mi hermana... maldiciéndome mil y un veces el texto no terminaba de cuajar. Rogaba porque la lluvia me ayudara a encontrar las palabras mientras bebía un café cargado y un diluvio caía fuera.
Fue entonces cuando te vi...
Entraste justo como el vendaval que anunció tu llegada, causando revuelo en mi mente agobiada. Tu ruidoso grupo de amigos entró a la cafetería, y con ellos un viento frío rozó mi rostro y me trajo de vuelta a esta, tu realidad, desde el mundo en el que me encontraba perdido mientras buscaba un sinónimo que ajustara mejor para cerrar la idea que buscaba expresar.
Las órdenes de cada uno sonaba cada vez más estrafalario, aun para los estándares del curioso y variado menú. Pero tú solo sonreías mientras intentabas calentar tus manos y alejabas ese mechón de cabello húmedo de tu rostro. Latte Macciato, leche entera, 2 de azúcar mascabado en mi mesa... mientras tú pedías un capuccino con un toque de almendra y leche light. Tus amigos eligieron, al igual que yo, una de las mesas del fondo. La de ustedes obviamente era la más grande, y sus voces eran lo suficientemente ruidosas para distraer a cualquiera que tratara de ensimismarse, y aun así, lo único que estaba en mi mente, era el dulce aroma de tu perfume, que percibí cuando, en un tremendo ataque de estupidez y nerviosismo, mi bolígrafo salió volando al comenzar a tamborilear sobre la mesa al ver que te acercabas y casi choco contigo y derramo tu café.
Un torpe "Disculpa" salió de mi boca y un "trágame tierra" se repetía una y otra vez dentro de mi cabeza. Tremendo zoquete estaba siendo.
Una tierna sonrisa se dibujó en tu rostro, me recordaste a una actriz de Hollywood, y un "no te preocupes" me robó el aliento. Si tan solo fuera como todos mis amigos y supiera cómo comportarme con las chicas que me gustan... seguramente cualquiera de ellos conseguiría tu número y para el fin de semana estarían en una cita contigo.
Creo que dejaré de pensar en imposibles y trataré de pensar en esto, o mi hermana me matará. Desafortunadamente el futuro de los osos polares pasó a un segundo plano cuando levanté la vista y mi mirada se encontró con la tuya. A través de mis lentes pude notar que me mirabas con curiosidad y rápidamente escondiste tu mirada detrás de tu café mientras un ligero rubor comenzó a teñir tu rostro. Por un momento me pregunté quién estaría detrás de mi que captaba de esa manera tan profunda tu atención y sentí un ligero pinchazo de celos. ¡Ay pero vaya estupidez la mía! Si acabo de conocerte y ya me siento con derechos de acaparar tu mirada... aun así con todo el temor del mundo intenté averiguar quíén robaba tu atención tratando de ver su reflejo en el cristal... y no había nadie. En ese momento, fue mi piel quien se sonrojó y al volver la vista hacia tu mesa te encontré a escasos centímetros de mí. Tus amigos habían sido abandonados y tú sostenías tu café entre tus manos ya sentada en mi mesa con una sonrisa más confiada que la inicial preguntando si podías acompañarme.
Pacientemente esperaste mi respuesta, yo no me lo podía creer, y tan nervioso me puse que otro poco y derramo sobre mis cosas el café.
Hoy, tantos años después de eso, te cuento esto que sucedió, porque tal vez jamás conocerías todas las cosas que pasaron por mi mente, y cómo me arrebataste de un mundo en el que tú no estarías. Jamás entendí qué te llevó a ser tú la que tomó la iniciativa, tal vez no era tu estilo el esperar a que yo tomara valor para acercame y al no hacerlo te llevó a decir, ok, lo haré yo entonces.
Sólo sé que desde ese día y la cita que armaste para que hubiera una siguiente vez movió mi mundo. Conocerte, escucharte, trajo a mi vida un punto de vista diferente que me inspiró a seguir escribiendo y entonces a diversificar un tanto más mis textos.
Entendí las excentricidades cafetaleras de tu grupo de amigos y reíste con las anécdotas de los míos entre choques de cervezas donde obviamente el tema de la conversación era yo antes de ti.
Hiciste que perdiera el temor a escribirte cuán loco me volvías. Temía tanto que te alejaras aturdida por mi intensidad, cuando solo quería explicar que de alguna forma mi mente se rindió a tu presencia por sus pasillos y recovecos. Que tu aroma me atrapaba de tal manera, que tu perfume activaba mis sentidos como el café jamás lo logró y que era tu mano lo último que mi cuerpo quería sentir antes de caer dormido por las noches contigo acurrucada en mí.
Debo decirte que en esta montaña rusa llamada vida no habría podido sobrevivir sin ti. No quiero dejar nada por sentado, no quiero dar por hecho que me ames con locura y dejar para después el decirte lo que siento y lo que significas para mí.
Necesito decirte gracias por tomar mi mano, por convertir mi mundo de uno a dos habitantes y por traerme eventualmente al mundo real. Por darme confianza en mí mismo y estar a mi lado en los momentos importantes. Solo deseo que estos días a tu lado jamás terminen.
Eros lo expresó tan bien... gracias por existir.
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La Cafebrería
General FictionHace muchos años, Lorena Rodríguez la definió como el hermoso hijo legítimo de una cafetería y una librería. En la película Tienes un e-mail, Joe Fox (Tom Hanks) habla de su librería Fox and son's Books como un lugar donde a sus clientes los seducir...
