Manejo a toda velocidad... y lo odio. Nunca aprendí a manejar como tú.
A cada cambio de velocidad las lágrimas corren por mi rostro. Mientras las imágenes se agolpan una a una en mi mente.
Demasiado tráfico y ahora debo frenar... cuando deseaba llegar a 100k/m los autos me obligan a ir despacio. A mí, que necesito desesperadamente huir de ti, del anhelo de besarte y abrazarte.
Luz verde. Nuevamente en movimiento, voy avanzando. Necesito seguir moviéndome. Necesito alejarme de ti. Limpio mis lágrimas, me pregunto de dónde surge tanta nostalgia. Por qué no me resulta obvio que es del anhelo de ti, de nosotros, que creí que podría ser.
Solo hay un lugar donde me puedo sentir a salvo, en el que puedo esconderme del anhelo de tus besos, de tus abrazos, de tu ser. De esos cálidos momentos en los que el tiempo parecía no existir. Esos donde sabía que mi corazón sólo podría pertenecerte a ti.
Regreso a mi guarida, a esa de la que jamás debí salir. Mi cafebrería. Saludo a mi compañero, intento fingir que nada pasa y él finge que no se da cuenta de mi mirada aun llorosa. Miro los estantes llenos de libros, llenos de historias de amor que como la nuestra jamás tendrán un final feliz. Cambio de sección y encuentro libros de arte, matemáticas, incluso esoterismo y motivación personal.
Entro en mi oficina y veo nuestra foto juntos. Sonrío inevitablemente y una lágrima, necia igual que yo, resbala por mi mejilla. Sé que estaré bien, intento convencerme a mí misma que tratas de cuidarme. Que a tu modo tratas de alejarme de ti pensando que estaré mejor. Si bien me refugio en el trabajo, aun entre libros e historias te cuelas en mis pensamientos.
Salgo del trabajo, una tarde soleada, rara vez me sucede.
Te encuentro esperando junto al auto. Mi mente trata de detener a mi corazón que cae rendido ante tu presencia y desea correr hacia ti. Me detengo en seco y mis ojos encuentran el motivo por el que estás ahí.
Mi libro y un café en tus manos son quienes marcan la pauta de la reunión. Debe ser solo eso, me regresarás mi libro y te irás pensando que así cuidarás de mi corazón después de dejar al descubierto mis sentimientos hacia ti y creo que a tu modo lo haces, sabiendo que no podrás protegerlo de ti, te alejarás dejándome a la deriva.
No era esto lo que deseaba. Trato de respirar, bastante lloré el día de hoy y no quiero otra dosis y menos ahora enfrente de ti.
Bajo lentamente las escaleras que me llevan hasta mi auto, trato de que no notes lo temblorosas que se encuentran mis manos, así que mejor las guardo en los bolsillos de mis jeans.
- Hola – ni siquiera mi voz quiere hacer su aparición, lo intento otra vez, y aunque solo es un hilo de voz, alcanza para que me escuches.
- Esto es tuyo – estiras tu brazo y me acercas el café con el libro sirviendo de portavasos. – y esto... manejé hasta aquí para entregártelo también.
Busqué en tus manos si tendrías algo más para mí, y entonces simplemente tomaste mi rostro entre tus manos y me entregaste el más dulce beso que jamás me habías dado. Mi rostro debió haber reflejado total sorpresa.
- Tienes miedo?
- Totalmente.
- Yo también
- Ja, ja, ja... y tú de qué?
- De no ser capaz de hacerte feliz, es algo que deseo, no puedo prometer mucho, solo que intentaré hacerte feliz cada día.
Me descolocó. No supe qué contestar, no es que no lo quisiera. El sentimiento estuvo siempre ahí, y se había manifestado de repente? Por otro lado... era lo que yo deseaba. Sueños, anhelos, miedos, deseos... todo se arremolinaba en mi ser y yo me sentía tan pequeña dentro de ese enorme remolino.
- Cómo será?
- No lo sé. Tendremos que descubrirlo y construirlo día a día.
- Es esto una declaración?
- Sólo si tú aceptas.
* * * * *
Y le ofreció su mano para que bajara los dos últimos escalones. Y con una nueva esperanza en su corazón lo intentaron, en verdad y a pesar de ellos mismos, día a día. En las buenas, en las malas y en las peores.
Con palabras, actos y caricias eran un pilar el uno del otro. Se ayudaron y cuidaron recíprocamente, aún con sus miedos.
Y de alguna forma, al verlos... mi esperanza en el amor renació.
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La Cafebrería
General FictionHace muchos años, Lorena Rodríguez la definió como el hermoso hijo legítimo de una cafetería y una librería. En la película Tienes un e-mail, Joe Fox (Tom Hanks) habla de su librería Fox and son's Books como un lugar donde a sus clientes los seducir...
