Los monstruos son reales, igual que los fantasmas. Ellos viven dentro de nosotros y, a veces, ganan
- Stephen King.
(Uno, dos, Ya viene por ti // Tres, cuatro, cierra bien la puerta)
Despierto con un sobresalto, completamente sudada y escuchando el viento soplar fuera de mi ventana. Miro el reloj del buró... 3 am.
Aún recuerdo perfectamente tener ocho años y ver por primera vez películas de terror y conocerlo de la mano de Freddy Krueger, recuerdo tener miedo de ir a la cama y saber que podría estar debajo de ella asomándose en el primer momento en que deseara poner un pie en el suelo. Y al intentar dormir escuchar esa tonada tétrica en el interior de mi mente torturándome en cada movimiento del día:
(Cinco, seis, toma el crucifijo // Siete, ocho, no duermas aun)
Doy vueltas en mi cama, bebo agua, giro mi almohada... debo dormir, ya no debe asustarme un fantasma de la niñez, ya crecí suficiente para saber que Freddy no es real.
Solo quisiera saber ¿qué me tiene así? Llevo varios días sin dormir como Dios manda, o duermo demasiado o me despierto en plena madrugada sin conciliar nuevamente el sueño.
Hay algo dentro de mi mente que no me deja en paz. Miro alrededor de mí. Todo está en su sitio, la luz que entra tenuemente por mi ventana lo confirma, sin embargo no puedo evitarlo... y de pronto todo comienza, el corazón se desboca buscando algo que no puedo encontrar porque no sé qué sea... intento respirar pausadamente y encojo mi cuerpo, ya que pronto no cabré en mi recámara. Las paredes se cierran hacia mí, estoy atrapada.
No, no. Esto no puede estar sucediendo, otra vez estaba soñando. No sé en qué momento me quedé dormida. Estoy sudando nuevamente.
Me asomo a la ventana y la abro un poco, el viento ha amainado y ahora es una suave brisa que parece llevarse los restos de esta confusión. Un gato salta en el techo de la casa de enfrente, parece haber reparado en mi presencia y maúlla como preguntando cuánto tiempo llevo en vigilia. Suspiro y le contesto que eso es algo que ni siquiera yo lo sé.
Veo hacia el cielo, tratando de calcular la hora solo viendo cuán oscuro está el cielo, sin embargo termino viendo la hora. 4:30 am.
Bebo un poco de agua y me recuesto... tal vez logre dormir algo antes de que la alarma suene en 45 minutos.
Cierro los ojos e imagino un cielo azul, justo como lo dibujaba en mi niñez, con nubes blancas de algodón iluminadas por un enorme sol.
Estoy en el parque, me encuentro en el columpio y río mientras el aire corta mis mejillas, solo escucho mi risa. No puedo tener más de ocho años y lo escucho a él. Dice que debo aprender a impulsarme, debo saber hacerlo sola, y yo le pido a mi buen abuelo que siga impulsándome, que no se aleje.
No puedo voltear a verlo, pues caeré. En cambio, siento sus manos firmes en mi espalda diciendo elévate más, no te sueltes.
-¡Abue! Espera, no te vayas, ¡aun no! Sigamos, cuenta nuevamente ese cuento.
- No, porque luego no quieres dormir y tu abuela me regaña.
- Por favor, esta vez seré valiente. Cuéntame ¿cómo le regresa Alonso la banda a Beatriz?
- No puedo, es un cuento muy largo y ya debo irme, y tú debes despertar.
Suena la alarma.
Casi me caigo de la cama, en cambio, es el libro de Bécquer el que no se salva y termina en el piso. Despierto nuevamente empapada. Esta vez son lágrimas, puedo sentir lo amargo del dolor de su partida.
El cuerpo me duele. Después de tantas noches así ya debería haberme acostumbrado.
Debo apurarme o no llegaré a tiempo al trabajo, tomaré un baño rápido antes de mi café. Me miro al espejo... otra vez un diente de león en mi enmarañado cabello.
Sonrío. Otra vez vino a cuidarme mi buen abuelo.
(Nueve, diez, nunca dormirás)
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La Cafebrería
Ficción GeneralHace muchos años, Lorena Rodríguez la definió como el hermoso hijo legítimo de una cafetería y una librería. En la película Tienes un e-mail, Joe Fox (Tom Hanks) habla de su librería Fox and son's Books como un lugar donde a sus clientes los seducir...
