La huída

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Si tan solo supieras lo complejo que es huir de ti.

Busco cualquier cosa para mantener mi mente ocupada con el fin de no pensar en ti.

Mi trabajo, los amigos, los problemas... cualquier cosa sirve durante el día. Y algunas veces tengo éxito... hasta que la noche llega.

Sin importar el ajetreo del día, el tráfico en la ciudad simplemente llegas, habitante entre sombras, escondiéndote de la luna, en el límite entre el  sueño y la vigilia. Es ahí cuando me pierdo en ti.

Anoche me quedé dormida con tu nombre en mis labios, anhelando tanto el calor de tus besos en mi cuello y tu cuerpo rodeando el mío.

Soñaba que el olor de mi cabello te atraía hacia mi. Que mi cuerpo cálido parecía un faro que te indicaría  mi ubicación y te llamaba, te incitaba a llegar a mi lado. Te provocaba a llevarme a sitios a los que solo tú y yo habíamos llegado juntos, amándonos. Entregados uno al otro sin barreras, sin espacio ni tiempo.

Y aunque mi cuerpo parecía de repente tan pequeño y frágil entre tus brazos, se acoplaba tan bien al tuyo que parecía como si hubiesen sido diseñados a medida. Justo como si estuvieran destinados a ser.

He descubierto que jamás podré huir de ti.

Mi corazón busca tu respiración para acompasarse a ella. El aroma de tu cuerpo se impregna en el mío. Te alojas en mis desvelos, habitas debajo de mi piel, evoco tu calor con mis frazadas... busco en las estrellas tu mirada.

¿De qué forma puedo huir si cada noche te invoco en mis sueños y te amo con mi pensamiento?

La CafebreríaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora