La excursión al bosque

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Desperté en una tierra boscosa abundante en abetos y cedros.

Comencé a caminar, tratando de recordar dónde estaba y cómo llegué ahí. Mis botas se encontraban a cada paso con una fina capa de nieve que cubría toda la extensión de musgo que llegaba hasta donde mis ojos alcanzaban a ver.

Era un bosque un poco oscuro, agradecí encontrar tantas flores a pesar de eso, cada una de ellas me servía como un punto en el mapa para continuar mi camino; parecía que ellas trazaban mi destino, y aunque el punto final de mi recorrido era desconocido, sólo sentía paz.

Si los marinos se guían por las estrellas en la noche, yo me guiaría por el camino lleno de flores. Me divertía preguntándome si ellas también formarían constelaciones en los abetos y me preguntaba si podría nombrarlas, al igual que las estrellas.

Era un amplio verdor y yo me encontraba justo en la mitad. Deseaba saber dónde estaba, si había alguien en las cercanías que hubiera llegado ahí conmigo. No era posible haber llegado sola, me pierdo en mi propia ciudad si no presto la atención adecuada, por lo tanto no habría simplemente tomado la camioneta para llegar hasta ahí. 

Llevaba una mochila que se sentía muy ligera. Justo acababa de reparar en ella, creo que incluso había olvidado que la traía.  Debía encontrar en ella, un folleto, una brújula, un libro... algo. Necesitaba encontrar mi teléfono para llamar a alguien... pero a quién? Hay señal de celular en el bosque? En dónde me encontraba?

Me senté en el musgo frío y húmedo... aún quedaba un poco de nieve que noté justo cuando se derritió en mi trasero. Adiós a la paz que sentí al principio. Ahora sentía frío, humedad y dudas. A pesar de eso, no tenía miedo, y era demasiado raro.

Revisé el contenido de mi mochila. Todo era perfectamente inútil: las llaves del casillero de la escuela, el celular sin batería, un cuaderno para hacer anotaciones sin una sola nota escrita en él. La parte principal, la grande, parecía un poco más prometedora. Al menos encontré un paquete de galletas, cuando las vi mi estómago rugió, cual oso; creo que no sabía que moría de hambre. Una botella con agua, las llaves de la camioneta y otras llaves que no sabía de donde habían salido, rogaba que fueran de un lugar donde refugiarme del frío y la lluvia... o será que nevara? cómo saberlo en un bosque? 

Debe haber algo más dentro de mi mochila que me ayude... bolsas de plástico una de ellas con unas cuantas frambuesas, creo que las recolectaba, mis dedos tienen pequeñas manchas verdes en las puntas.

Escuché un ruido cerca de mi. De repente me encontré a mí misma rezando porque no fuera un oso, un lince o cualquier animal que disfrutara su cena conmigo... siendo yo el plato fuerte y mis frambuesas la colación.

Entre el follaje vi un pequeño par de ojos temerosos. Era un animal pequeño, parecido al hurón que tuve de niña. Incluso tenía la misma combinación de colores. Estaba a punto de llamarlo: "Wally!"

Y sorprendida de lo que veía levanté la vista... algo más se movía entre los árboles.

- Oye! quién eres? Puedes ayudarme? Estoy perdida!

Yo gritaba. Pero ni siquiera yo podía escuchar mi voz.

Había una luz... yo seguía sus pasos pero nadie me escuchaba. De repente me detuve. En seco. Las aves cesaron de cantar. El bosque quedó en completo silencio, y no escuchaba ya más el río. 

Hace rato escuchaba a lo lejos el cauce del río, aves trinar y el viento recorrer a su paso el verde bosque. Sé que lo escuché.

De repente todo se volvió un silencio total, espectral. 

Pareciera como si se hubiera puesto en pausa la película que estaba viviendo. Y la única que pudiera moverse, respirar, hablar fuera yo. Pero no había un solo sonido a mi alrededor...

("Si un árbol fuera a caer en un bosque en donde no hubiera ningún ser humano, ¿habría algún sonido?")

Sólo un pensamiento en mi mente ("Si un árbol fuera a caer en un bosque"). Uno del que no podía deshacerme.

¿habría algún sonido?

-Cállate!!!! - Dentro de mi mente yo no paraba de escuchar una y otra vez esa voz (¿habría algún sonido?")  repitiendo la misma pregunta.

Traté de seguir la luz. Esa silueta de luz. Ella era la fuente del sonido? Era ella quién me bombardeaba con sus preguntas?

- Hey!!! (¿habría algún sonido?")  Espérame!!!

En ese momento ella se detuvo. Y volteó. Vi sus grandes ojos cafés mirando directamente a los míos. Como si fuera un policía puso su mano en alto para detenerme. Frené de golpe mi carrera, ella avanzaba tan rápido que si yo no corría la perdería. 

Sabía que si la perdía estaría perdida en medio de la nada de un bosque desconocido.

Su luz se extendió. Me envolvió y volví a sentir paz.

En mi mente escuché su verdadera voz. Era la voz de mamá diciendo que me amaba, pero que debía volver, que dejara de seguirla; aún no era mi momento.

Comencé a llorar. La luz me envolvía y parecía que tenía un lazo amarrado a mi cintura. Recordé el hilo de Ariadna. Estaba acaso en un laberinto sin salida?

Sentí un dolor en el pecho. Algo me golpeó. Electricidad recorrió mi cuerpo.

A lo lejos escuché una voz que venía del cielo.

-No te rindas!!! Quédate con nosotros. Lucha un poco más!!!

Otro golpe en el pecho. 

Un pitido.

Un relámpago... su luz y lluvia.

.......

Desperté en el hospital días después. 

Me dicen que la camioneta se quedó sin frenos y derrapamos con la lluvia cuando mamá me llevaba al campamento. La familia del auto que viajaba tras nosotros intentó ayudarnos.

Mamá intentó salvarme.

Sé que dio su vida a cambio de la mía.

........

A veces aun sueño con el bosque. 

Siempre me encuentro con una cuerda plateada a mi cintura para no perderme.

Camino un rato por las veredas entre abetos y cedros. Sigo las constelaciones de flores que ya memoricé.

Es entonces cuando veo su luz y siento paz.

Siento su amor y solo puedo decirle.

Te amo, mamá.

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