Ella y mi café

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No era la taza de café que bebía, era ella con su recuerdo quitándome el sueño, siempre.

Desperté con un terrible dolor de cabeza. Nuevamente ella estuvo en mi mente. Aún no sé cómo vivir así, sin ella pululando en todos los aspectos de mi vida.

Cómo extraño su sonrisa.

Carajo!!! Yo que deseo llamarla para cargar mi propia pila y el reloj me apresura a irme. Mientras conduzco al trabajo pienso en todo lo que le diré. Seguramente cuando le platique mi sueño reirá hasta que le duela el estómago.

Me pregunto qué es lo que estará haciendo. Ya sé, seguramente se la pasa con su café en la mano mientras revisa todos los escritos que tiene a su cargo, aun me pregunto cómo puede con tantos datos.

Recuerdo el día que la conocí. Ella estaba en la barra en la zona de la cafetería pidiendo un café latte, sin azúcar. Llevaba demasiados documentos en los brazos y al momento de elegir una mesa y encaminarse hacia ella, algunos de los documentos cayeron a sus pies.

Yo, como todo un caballero, me acerqué a ayudar a la dama en desgracia. Obviamente la había estado observando. Siendo un cliente regular, me di cuenta que había visto a esa guapa mujer al menos dos veces antes. Siempre llevaba una enorme cantidad de documentos entre los brazos.

- Me llamo Alexis, dónde te sentarás? Digo, para llevarte tus documentos – entablar una conversación con una bella mujer por primera vez nunca es fácil.

- Hola – contestó tímidamente – aún no lo sé, pero en la primera que encontremos disponible estará bien, te agradezco tu ayuda, yo soy Helena.

Y yo, un amante de la mitología, y conocedor de lo más básico, entendía el origen de su belleza, e imaginé conquistando todo lo conquistable para obtener su amor. Y yo que me burlaba del término amor a primera vista. Pero... ella querrá que conquiste su corazón??

Necesitaba hablarle, conocerla, no asustarla, y su belleza me puso tan nervioso. Ni siquiera logro recordar qué le dije, sólo sé que la hice sonreír y confirmé que el amor existe. Supe que quería hacer que cada día que tuviera la oportunidad de estar a su lado, ella sonriera.

La invité a mi mesa y conversamos, escuchaba cada palabra que ella decía y me decidí a pedirle que me dejara conocerla. No sé cómo, pero aceptó.

Nos vimos cada vez con más frecuencia, no podía esperar hasta la siguiente cita, hasta que me enamoré... aunque eso creo que sucedió desde el primer día que la vi.

Aun a pesar del tiempo que ha transcurrido, ella sigue trayendo felicidad a mi vida, cada día he querido hacerla feliz; en cambio, es ella la que ha llenado mi vida de felicidad, emoción y crecimiento con su apoyo incondicional a cada cosa que hago, incluso cuando las cosas no salen como yo lo hubiera deseado.

Hoy está lejos por su trabajo, y cada día es difícil vivirlo sin tenerla cerca para reir de alguna ocurrencia.

Cuento los días y sé que pronto regresará y continuaremos juntos este proyecto que iniciamos hace tiempo. En el que la felicidad ha llegado a mi vida trayendo consigo a una hermosa mujer que siempre bebe café.


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