Capítulo 4: Atrápalo si puedes

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La mañana era tranquila y ordinaria como cualquier otra, estaba acostumbrado a ellas de esa forma. Jonathan como de costumbre iba leyendo un libro en el camino, esta vez para su ensayo de Literatura. Preferiría estar leyendo la historieta que había dejado a medias el otro día, aunque El retrato de Dorian Gay también era interesante. La única diferencia esa mañana era que en lugar de llevar una manzana en su mano libre llevaba el abultado libro que había encontrado el día anterior. Sólo tenía que dejarlo en objetos perdidos y se acabaría el asunto... o al menos eso se decía a sí mismo. No podía quitarse esa cara de la cabeza, el susto que había causado en aquel chico pelirrojo. 

   Se sentía mal ¡y ni siquiera sabía por qué! Lo estaba fastidiando de gran manera. No dejaba de preguntarse quién era, pues estaba casi seguro que en algún lugar lo había visto y era obvio que iban a la misma escuela, pero eso no ayudaba mucho. El hecho de no recordar si era compañero en una de sus clases lo estaba molestando, sentía que tenía la respuesta en la punta de la langua y la seguía perdiendo. Tenía que relajarse y concentrarse en su lectura, que ahora se daba cuenta había leído los dos últimos párrafos sin prestar atención. 

   El camino a la escuela seguro era aburrido, esperaba que su padre pudiera reparar su bicicleta pronto para no levantarse tan temprano, el autobús no pasaba por su casa después de todo. Conforme se acercaba al colegio empezó a ver más vida, saludando a sus compañeros y amigos en el camino como cada día. Los mismos chistes malos, las mismas sonrisas pasajeras y la misma rutina que aunque aburrida ya se había acostumbrado a llevar, no era tan mala después de todo. Sin embargo, esa mañana iba a ser diferente y no lo sabía, no hasta que levantó la mirada por mero reflejo.

   Ahí se encontraba, a unos metros de distancia del curioso adolescente cubierto de pecas. Estaba haciendo... ¿qué estaba haciendo tocando las hojas de los arbustos? Era la cosa más extraña que había visto, parecía saludarlos como si fueran sus amigos. Hasta ese momento Jonathan ni se había percatado de que su escuela tenía tantos arbustos y mirando al extraño chico se quedó embobado y con la ceja en alto analizando.

   Cuando el pelirrojo tomó una de las pequeñas hojas y se la llevó a la nariz para olerla fue que Jonathan tuvo suficiente. Ahora debía- no, ¡tenía! que saber a qué olían. Cerrando su libro, que de cualquier forma no estaba en condiciones de leer adecuadamente, se acercó al arbusto más cercano e inspeccionó su follaje. ¿Estaba imaginando cosas o las hojas tenían forma de...? "¿Pequeños corazones?" Era lo más raro que había visto y se sintió aún más idiota por nunca darse cuenta, siendo que pasaba por ahí ¡todos los días! Tomando una se la llevó a la nariz, pero no olía a nada. De nuevo confundido Jonathan se le quedó viendo, antes de arrugarla en su puño y entonces darse cuenta que ahora empezaba a oler, dulce y bueno... a planta. Pero igual dulce, no podía identificar bien el aroma.

   Regresando su mirada azul al pelirrojo se dio cuenta que ya no estaba ahí, de hecho ya no estaba por ningún lado. Apresurado Jonathan emprendió camino al colegio y al entrar por las amplias puertas de madera se encontró con la usual cantidad de estudiantes en sus casilleros platicando, nada fuera de lo normal. Rápidamente uno de sus compañeros de clase lo saludó y se acercó a preguntarle.

—¿Viste al chico pelirrojo que pasó por aquí? 

—¿Quién? No vi a nadie. —contestó sin mucho interés.

¿Estaba imaginando cosas otra vez?, ¿acaso era un fantasma o algo? No, no, estaba casi seguro de que lo había visto antes, sólo era bastante escurridizo al parecer. Tenía que mantener la calma y encontrarlo, ahora no podía simplemente dejar el libro en objetos perdidos. Estaba demasiado interesado como para darse por vencido ahora, ¿quién era él y por qué se disgustó tanto al verlo como para salir corriendo? No había forma de que lo hubiera tratado descortésmente ¿cierto? Jonathan nunca trataba mal a nadie, mucho menos alguien que se veía tan tranquilo y amable como el chico de pecas.

𝙰𝚞𝚝𝚑𝚎𝚗𝚝𝚒𝚌 𝙷𝚎𝚊𝚛𝚝𝚜 - 𝙸𝚗 𝚊 𝙷𝚎𝚊𝚛𝚝𝚋𝚎𝚊𝚝Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora