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Max Verstappen

16 septiembre
Niza


El cabello castaño sobresalía por las sábanas blancas del cuarto, anoche todo fue rápido y placentero que he olvidé muchas cosas que venía cargando a lo largo de los días.

La luz apenas comenzaba a verse a través de aquel ventanal, ayer había olvidado cerrarlo y eso no me importaba ya que desde la calle no se alcanzaba a ver nada.

Puede que exista una posibilidad de que olvide todo lo qué pasó anoche, olvidar que he abandonado a mis amigos en este viaje. Ahora me encuentro con una sexi monegasca entre las sábanas de mi apartamento.

Las últimas semanas he tenido un dolor de cabeza horrible, las pastillas no lo han quitado ni remedios de mi madre. Y ayer se esfumó por completo fue como si supiera que tenía que disfrutar la noche.

Ella se movió buscando acomodarse o verme, y cuando abrió sus ojos noté aquellos ojos azules como el mar.

—Al parecer llevas un buen rato despierto.

—No tanto como piensas.

Desde ayer lo primero que noté en ella fue el poco maquillaje que tenía, las pocas pecas que adornaban sus mejillas y aquellas cejas que no eran pobladas, pero eran bonitas.

Sus rasgos eran perfectos, dignos de una modelo.

—¿Tengo algo en la cara?

—No solo estaba mirando tus ojos.

—En lo personal me intimidan tus ojos.

—Es algo que me caracteriza. —Le comenté — Pero al parecer a ti te gustan.

—Dije que me intimidaba, no que me gustaran.

Carácter duro, ojos hermosos y cuerpo que parecía el mismísimo veneno. No solo cuando lo probabas caías, si no también te lleva a la muerte imaginando una y otra vez a ella.

Me levante de la cama, parece que ella apenas está despertando y aun así ya me decía cosas un poco particulares. Belladonna un nombre poco común y que estaba seguro de que estará en mi cabeza los próximos días.

Cuando salí del baño ella seguía mirando su celular, desnuda en el cuarto, su pelo seguía siendo un caos, pero no le parece importar algo así.

—Oye Max, gracias por traerme hasta aquí, tu apartamento es muy bello, pero... —Se quedo mirando al ventanal formulando o pensando más cosas que decirme —Tengo que irme, eres un puto dios en la cama y el pase genial.

—Espera. —Hablé mientras ella se levantaba de la cama dejando ver esa anatomía que una noche antes tuve el placer de explorar —Se supone que el hombre es el que se va primero.

—Parece que aún no conoces a Belladonna Crovetto.

Y claro que no la conocía, quería conocerla, repetir esto. Pero parece que sería la única vez que pasaría.

Di un paso al frente, ella me miró. Me pega a ella dejándola sin especio y sin oportunidad de escapar. Antes de que ella pronunciara palabra, la bese.

La escasa distancia que había de mis manos hacia su cintura la corte. Ella jadeo ante el contacto de mis manos con su cintura, su piel suave me permitió recorrerla suavemente, como si fuera en busca de algún tesoro. La excitación con solo un roce me hizo perder mi autocontrol, al separarnos mordió mi labio inferior, comencé a bajar por sus clavículas depositando suaves besos. El ambiente era tenso y excitante.

𝐍𝐢𝐳𝐚 | 𝐌𝐚𝐱 𝐕𝐞𝐫𝐬𝐭𝐭𝐚𝐩𝐩𝐞𝐧 |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora