Capítulo 5

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Y de nuevo me encontraba en la cancha alentado a mis amigos. Por una parte, Yoongi nunca se dio cuenta de lo que pasaba, y es que yo era toda una experta cuando se trataba de ocultar sentimientos y verdades. Nuestras llamadas nocturnas fluían con tana normalidad, que a él no le pareció extraño mi comportamiento durante esas semanas.
Por otra parte, los que si conocían la verdadera causa, se alegraron por tenerme de vuelta. Y aunque los almuerzos eran lo más difícil del día, podía sobrellevarlos gracias a su compañía.

El silbato sonó avisando el triunfo de mis amigos y luego de saludar con mi mano a los chicos, me despedí de Gaeul que se encontraba en las gradas junto a nosotras. Me hubiera gustado quedarme a festejar con ellos, pero mi hermano me ordenó que volviera temprano a casa, dijo que tenía que ayudarlo a ordenar unas cajas.

—Gia, ¿en verdad no quieres quedarte?, en serio, nosotros podemos hacerlo solos.

—Te he dicho que no —Contestó fastidiada ante mi insistencia— a parte terminaran más rápido con mi ayuda, así que andando.

En cuestión de minutos llegamos a casa, giré el picaporte de la puerta, y de forma inmediata mis ojos se humedecieron cuando la vieron. Se puso de pie sin dejar de mirarme con esa dulzura que la caracterizaba y estiró sus brazos mientras me llamaba.

—Mi Hyen —expresó entre susurros, dejando un beso en mi frente-, tu tía ha venido a cuidarte.

No pude soltar palabra, solo la abracé con toda la fuerza que tenía, mientras rogaba por dentro que no se tratara de un sueño.

Las tres nos encerramos en mi habitación después de escuchar a Jin decir, que no nos preocupáramos, que él se encargaría de la cena

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Las tres nos encerramos en mi habitación después de escuchar a Jin decir, que no nos preocupáramos, que él se encargaría de la cena.

Ella se sentó en mi cama y yo me acomode a su lado, no me despegué ni un segundo de ella, quería aprovechar al máximo.

Mi tía Hann, la hermana mayor de papá, era la única familia que nos quedaba, era alegre, divertida y ocurrente. Su simpatía cautivaba a cualquiera, pero también tenía dos grandes defectos. Su impulsividad y falta de juicio. Si, estos dos juntos, eran capaz de provocar un gran caos.

—Tu hermano me pidió que viniera, está preocupado por ti. —La miré con asombro y escuché el suspiro de Gia detrás de mi espalda. Me tomó de las manos concentrándose en mis ojos y volvió hablar—. Dime que es lo que pasa, yo voy ayudarte.

Y no sabia como tomarme esas palabras, no sabia si temer o alegrarme, es que realmente no sabía de lo que era capaz.

—Yo estoy bien —respondí, esperando sonar convincente, pero no funciono. Sus cejas se alzaron y un golpe veloz recibí en mi frente—. ¡Auch! Tía.

—¿Cómo te atreves a mentirle a tu tía?, tu hermano me dijo que lloras por las noches, que ni siquiera sales con amigos y que estas más delgada —apretó mis escuálidos brazos— y puedo comprobar que no mentía.

Había sido atrapada, solo me quedaba una cosa por hacer... Confesar.

—Min Yonngi —dijé en voz baja, como si pronunciar su nombre fuese un pecado. Sentí que las lágrimas se aproximaban, así que como acto reflejo me tapé la cara con las manos—. Gaeul, finalmente me lo ha robado.

—Ella no te lo robó —Acotó Gia— tú se lo entregaste.

La tía Hann lucia completamente desconcertada, su boca entre abierta me lo confirmaba.

—¡Alto ahí! —levantó sus dos manos a la altura de su pecho— ¿de qué están hablando?, ¿Cómo es eso de que se lo entregaste? —Me miró escandalizada— Hyen, no me digas que tu...

—Si, lo hizo —Gia dijo, completando su frase—. Ella aceptó un estúpido trato, y lo ayudó a conquistarla.

¿Qué era lo que realmente pretendían que haga?, abandonarlo con la excusa de que yo lo amaba. No sería eso un tanto egoísta. No lo sé, aún no tenía una respuesta para eso, de lo único que estaba segura en estos momentos era que la mirada que esas mujeres me estaban dando, me hacían sentir la más idiota del mundo. Y lo odiaba.

Solo me quedé en silencio, ya no tenía ánimos para decir más nada, y de igual forma tampoco lo entenderían, es decir, ni yo misma lo comprendía del todo, ¿Por qué ellas podrían?

—Bien, bien entiendo —mi tía aclaró su garganta, mientras se levantaba de la cama—. Hiciste una gran estupidez, eso está claro, pero vamos a solucionarlo.

Así finalizo sus palabras, me hizo un guiño que erizó cada partícula de mi ser, y frotó sus manos invitándonos a la peor locura que jamás tendría que haber aceptado.

La noche acabó entre risas y una riquísima cena por parte de mi hermano, películas en la sala y una larga charla antes de que el sueño nos ganara.

Al día siguiente me desperté muy temprano, bajé a la cocina cuando escuché los pasos de mi hermano. La tía Hann tomaba una ducha, así que aproveché el momento para tener una plática con él, ya que no solo le debía un agradecimiento, sino también una disculpa.

—Yo haré los huevos. Me puse de punta de pie y bese su mejilla, él sonrió luego de examinarme, y me alcanzó el sartén sin poner resistencia.

—Vaya mira cómo te ha cambiado la cara. Me alegra —susurró esto último, más para sí mismo, y puso el pan en la tostadora.
No pudiendo contenerme más lo abrasé por la espalda. De esta forma también evitaba, que él viera mis lágrimas.

—Lo siento —dijé de forma repentina y lo retuve con fuerza, cuando noté sus intenciones de voltearse—. Yo en verdad lo siento Jin. Él apretó mis pequeñas manos en su estómago y dijo lo que creí nunca escuchar.

—Admito que no soy el mejor hermano —suspiró apenado—, también admito que no se nada de chicas. Pero soy tu hermano y te amo. Eres todo lo que tengo Hyen... y si algo te pasa no creo que pueda continuar con mi vida ¿lo entiendes? Es por eso que te pido que seas valiente, que confíes en mí, y que nunca más vuelvas asustarme de esta forma.

Y mi cabeza estuvo en su espalda por varios minutos, mientras le decía lo mucho que lo amaba, lo mucho que lamentaba haberlo preocupado y lo agradecida que estaba por tener al mejor hermano del mundo. Y no mentía, Kim Seok Jin era, es, y será lo mejor que la vida me ha dado.

La tía Hann nos sorprendió en la cocina, sequé mis lagrimas luego de darle el ultimo apretón a mi hermano y sonreí para ella para tranquilizarla.

—Sírvele doble porción a esta niña —Indicó mi tía ayudando a poner los platos— mi primera misión es engordarla un poco...

¿Misión? ¿de qué misión habla?

¡Feliz año nuevo! Que este 2022 traiga muchos momentos bonitos para tod@s 💜

My Wish ✅Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora