Capitulo 32

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La puerta nunca se abrió y mis oídos permanecieron sordos a sus palabras. No quería escuchar, no quería sentir, no quería mas nada. 

Miedo Miedo Miedo 

Era lo que me dominaba, el miedo a ser rechazada de nuevo, el miedo a ser otra vez lastimada, el miedo a caer en una realidad no deseada. 

Es verdad que sus palabras me confundían, que el brillo en sus ojos me anunciaba algo desconocido, y que a la vez, parecía sincero. Pero también era verdad, que muchas veces mi imaginación, mis ansias y mis ilusiones me engañaban, mostrándome mentiras que solo yo podía ver, porque esas pequeñas mentiras, eran las que yo necesitaba para poder ser feliz. Es por eso que me negaba a creer, porque simplemente ya no podía permitírmelo. 

Luego de varios minutos al fin las voces de mis amigos se escucharon desde la habitación. Estaban de vuelta. 

Sin perder más tiempo tomé mi bolso que estaba sobre la cama y abrí la puerta, pasando de largo a Yoongi que aún seguía en el pasillo. Todos giraron al mismo tiempo cuando me vieron bajar por las escaleras y su expresión alegre cambió en el acto por uno de desconcierto. 

—Hyen, ¿que...

—Me voy Gia 

Vi a Michell meter su ropa con gran rapidez dentro del bolso, mientras sentía las manos de Gia aferrarse a mi brazo pidiendo explicaciones que no pensaba dar. Fue gracias a ella que todo había terminado así. 

—Te dije que no era buena idea —Jungkook se lamentó. 

Eso fue lo último que escuché antes de dar un portazo... 

Caminé por inercia, y aún sin saber cómo lo conseguí, llegamos a la estación. No pasó mucho tiempo en que el tren que iba a sacarme de este infierno y llevarme a casa se estacionó frente a mi. 

Subí sintiendo los pasos de Michell detrás de mi. Me senté y suspiré con amargura al recordar su tristeza y su rostro cargado de culpa. Pero era lo mejor, esto no solo lo hacía por mi, sino también por él. 

¿Cuánto más daño tendríamos que hacernos? Esto que nunca fue... debía terminar. 

—Al menos ¿puedes decirme que ocurrió? —Michell preguntó con preocupación, mientras se sentaba en el asiento que estaba a mi lado. Negué con mi cabeza y lo escuché suspirar. El tren salió en marcha y giré mi cuerpo dándole la espalda a mi amigo, evitando el interrogatorio— Bien, ya entendí —dijo derrotado y me cubrió con su abrigo—. Descansa, pero mañana si o si me vas a responder. 

Y el mañana llegó luego de un par de horas, con el bolso sobre el hombro y con una botella de agua en mi mano, abrí la puerta de mi casa

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Y el mañana llegó luego de un par de horas, con el bolso sobre el hombro y con una botella de agua en mi mano, abrí la puerta de mi casa. 

Las miradas de desconcierto por parte de Soo y de Jin nos flecharon apenas pusimos un pie en la sala. 

—¿Qué hacen aquí? —Mi hermano se levantó del sofá y ofreció una taza de café recién preparado— ¿pasó algo? 

—No —contesté con sequedad.—, me aburrí y quise volver ¿tienes algún problema? 

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