Capítulo 11

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Los rayos de luz entraban por la ventana, froté mis ojos intentando que estos se acostumbran y luego de unos segundos pude distinguir a Gia, que se removía en la cama buscando un poco mas de oscuridad. Estiré mi mano para alcanzar mi celular que estaba en la mesa de noche, pero me detuve cuando escuché unos golpes en la puerta.

De pronto la hermosa voz de mi hermano entonaba el feliz cumpleaños, mientras sostenía un pequeño pastel, repleto de fresas. La tía Hann lo acompañaba golpeando sus palmas entre medio de lagrimas y sonreí al sentirme tan afortunada.

Los brazos de mi amiga rodearon mi cuello de manera inesperada, y sentí sus muchos besos sobre mi mejilla, mientras susurraba, un "deseo que seas muy feliz". El cantico terminó y Jin me entregó el pastel, no sin antes darme un beso en la frente y decirme lo mucho que me amaba.

—Pide un deseo antes de soplar las velas —ordenó la tía Hann, y obedecí juntando mis manos; deseando solo una cosa: "Aunque sea solo una vez, un beso de Yoongi quisiera tener, para guardarlo por siempre en mi corazón". Y las pequeñas llamas se apagaron con mi soplido.

Bajamos a desayunar luego, mi hermano ni siquiera nos dio tiempo de cambiar de ropa, dijo que se enfriaría el café así que no lo hicimos esperar.
Alcancé a dar una pequeña mordida a mi waffle, cuando escuché el timbre sonar. Me levanté para abrir la puerta y me sorprendí al ver a Tae.

Traía un ramo de flores en sus manos y un sonrojo en sus mejillas que me pareció adorable.

—¡Feliz cumpleaños Hyen! —dijo con un poco de timidez y me colgué de su cuello en seguida, agradeciendo aquel hermoso detalle.

—Son hermosas Tae —sonreí— realmente hermosas; muchas gracias. Le di un último abrazo, y cuando me reincorporé de nuevo en mi lugar, di un respingo cuando vi a Yoongi estático atrás— ¡Mierda, Yoongi!, me asustaste. —Tae giró de inmediato encontrándose con él y dio un paso al costado permitiéndole acercarse. Pero él no se movió, su expresión era neutra, pero su lengua tocando el interior de su mejilla, me hizo pensar que algo estaba pasando, aunque aún no puedo saber que, así que decido tener un momento de privacidad con ėl—. Tae entra por favor, mi hermano preparó un desayuno riquísimo, estaré ahí en unos minutos. El castaño asintió con su cabeza, hizo una reverencia a mi amigo, que él no devolvió y entró a la casa sin decir una sola palabra.

—Yoongi... que p

—Vine a saludar —dijo con sequedad, provocando aquella tajante voz, que mi garganta se cerrara— nos vemos esta noche —avisó sin esperar respuesta de mi parte y se fue.

La decepción quedó instalada en mi pecho cuando lo vi alejarse, pero la rabia predominaba más, pues una pregunta latía con insistencia en mi mente: ¿Qué rayos le pasaba a ese maldito cabrón?

La decepción quedó instalada en mi pecho cuando lo vi alejarse, pero la rabia predominaba más, pues una pregunta latía con insistencia en mi mente: ¿Qué rayos le pasaba a ese maldito cabrón?

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Jungkook llegó temprano disque para ayudar, pero la verdad era, que solo quería ser mimado por la tía Hann.

La casa ya estaba casi lista, globos de muchos colores colgados por todas partes, los mesones ubicados en el jardín, las sillas apiladas a un costado. La bebida en el refrigerador había alcanzado su punto exacto, los bocadillos; delicias hechas por Gia y Taehyung estaban casi terminados, y Jimin, el amigo dj de Kookie instalaba los últimos cableríos.

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