15.-Ups.

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Era mi cumpleaños.

En la madrugada luego de recibir mensajes de casi todos mis contactos, hasta de los más inesperados, me desilusioné cuando pasaron las doce y no llegó uno tuyo, siendo honesta no esperaba que llegara, ya había perdido la esperanza, y lo entendía, sabía que estabas dormido, pero entonces llegó, y me sentí infinitamente feliz cuando me dijiste que solo te habías levantado para felicitarme y hablar un poco conmigo, me sentí como si rozara el cielo. Fue la felicitación que más aprecié ese día.

Mi mamá me dijo que parecía que me estaba enamorando muy deprisa, que tenía que poner el freno, pero dime, ¿Cómo uno le dice al corazón que espere?, ¿Qué no se acelere?, ¿Cómo le decía a mi sonrisa que se borrara cuando te veía o tenías un gesto así?, necesitaba un manual de instrucciones, porque ella tenía razón y me aterraba que no fuera mutuo el ritmo al que sentíamos las cosas.

Llegó la hora de la fiesta.

Y a última hora me avisaste que no tenías como venir, que simplemente no lo harías, que lo sentías mucho y que me compensarías por ello. Había sido de los peores cumpleaños de la historia por razones que nunca te conté y que no se relacionaban contigo, pero guardaba la esperanza de verte y sentirme un poco mejor, porque sí, estaban mis amigos y tenía buenos regalos, pero quería pasarlo contigo, quería que estuvieras ahí, porque no era lo mismo.

Mi mamá dijo que mandaría un taxi pagado por ti, sonreí y la abracé infinitamente feliz, porque ella era la mejor, porque lo había hecho por verme feliz.

Entonces llegaste y me sentí mejor, no me importó que no trajeras ni un caramelo para mí, el hecho de que estuvieras ahí me bastó.

No estaba muy segura de cómo lo habías hecho, pero me la pasé increíble, tus cumplidos me subieron mucho la autoestima, que estaba en un buen nivel por sí sola, pero me hiciste sentir mucho más bonita, me sentía algo estúpida por ello, me estaba ahogando en la cursilería que dije, siempre evitaría.

Cuando subimos a la azotea te me quedaste mirando y susurraste: ―Tú no puedes ir a mi casa.

Fruncí el ceño sin entender: ―¿Por qué? ―me aterró que tuviera que ver con tu mamá

―¿Has visto tu departamento?, es bonito y... grande, mi casa es pequeña y poca cosa comparada con esto ―sacudiste una piedrecilla de la cornisa y dejaste de mirarme

Eso me decepcionó, no podía creer que ese fuera el concepto que tenías de mí, así que hablé de nuevo ―¿Eso qué tiene que ver?, no me interesa como sea tu casa, yo voy a verte a ti, el día que vaya será porque quiero estar contigo, que más me da el tamaño que tenga o como sea ―lo dije seria, fui sincera, sonreíste y el tema quedó lejano cuando avanzó el tiempo, pero noté la inseguridad en ti

Ese día acabé sin pintalabios y tú con la boca manchada del mismo, ¿Ups?

Había sido un cumpleaños genial después de todo.

Las palabras que nunca leíste.✔Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora