Villanelle...
La voz resonaba como un eco lejano, húmedo, reptando entre las sombras de su mente.
Déjame salir...
El susurró se volvió más cerca.
Villanelle... ¡Déjame salir!
El murmullo se transformó en un grito desgarrador que perforó su sueño.
¡Déjame salir, maldita perra!
La joven de ojos grises se incorporó de golpe en la cama, empapada en sudor frío. Su respiración era agitada, como si hubiera corrido kilómetros. Llevó una mano temblorosa al pecho, intentando calmar el latido frenético de su corazón.
El silencio de la habitación era apenas un disfraz. Algo permanecía allí con ella.
Soy parte de ti...
Dijo una voz que no provenía del exterior, sino de lo más profundo de su cabeza.
Villanelle giró lentamente la mirada hacia el espejo de la pared. Y entonces la vio: su reflejo, pero deformado, con ojos hundidos y una sonrisa torcida que destilaba crueldad.
La figura en el cristal inclinó la cabeza y rió quedamente, como si saboreara su miedo.
Jamás podrás librarte de mí.
Villanelle apretó los párpados con fuerza, llevándose las manos a las sienes.
-No... no.
Pero la oscuridad avanzaba, envolviéndola, susurrándole que resistirse era inútil.
•••
Charlie Swan entró a la cocina frotándose los ojos, todavía con el cansancio pegado al rostro. El aroma a café recién hecho y pan tostado llenaba el aire. Villanelle ya estaba sentada en la mesa, desayunando en silencio, con la espalda recta y los ojos grises perdidos en el plato.
-Buenos días -murmuró él, intentando sonar animado.
-Buenos días -respondió ella, sin mucho énfasis.
Charlie sirvió café, se preparó un par de tostadas y se sentó frente a su hija. Mientras untaba mantequilla, notó que ella lo miraba fijamente. Sus ojos inquisitivos lo estudiaban como si pudieran atravesarlo.
-¿Dormiste bien? -preguntó él, forzando una sonrisa.
Villanelle bajó la mirada hacia su taza.
-Sabes que no. Y tú tampoco lograste dormir... por mi culpa.
Charlie soltó un suspiro, ya esperando esa respuesta.
-Eso no es cierto, yo...
-No duermes porque me temes -lo interrumpió, con un tono tan sereno que resultaba más inquietante que si hubiese gritado.
Él dejó el cuchillo sobre el plato y alzó la vista hacia ella.
-Tú no me das miedo, hija.
-Mientes -dijo sin vacilar-. Puedo sentirlo.
Charlie se inclinó hacia adelante, su voz más firme.
-Eres mi hija, Villanelle. Te amo. Y no... no me das miedo.
Ella lo sostuvo la mirada durante unos segundos que parecieron eternos. En su interior, sabía que era cierto: él la amaba. Pero también sabía que temía a lo que ella ocultaba. Y no lo culpaba. Incluso ella tenía miedo de sí misma, o más bien, del ser oscuro que latía en su interior como un animal enjaulado.
-Gracias -susurró finalmente.
-¿Por qué? -preguntó él, genuinamente confundido.
-Por adoptarme, aunque en el orfanato decían cosas horribles de mí... y por quedarte a mi lado incluso después de saber de la verdad. -Lo miró con un dejo de ternura-. Te quiero, papá.
Charlie sonrió, y sus facciones endurecidas por el cansancio se suavizaron.
-Y yo a ti.
Se levantó, llevándose el plato a la pileta.
-Bueno, tengo que ir a buscar a Bella al aeropuerto. Nos vemos al rato, princesa.
Se acercó, besó la frente de su hija y salió con pasos firmes, aunque ella alcanzó a notar un leve titubeo en el movimiento de su mano.
Villanelle permaneció en la mesa unos segundos, escuchando cómo se cerraba la puerta principal. Luego subió a su habitación, puso música y abrió su cuaderno de dibujo. El lápiz comenzó a deslizarse sobre el papel, trazando sombras, figuras retorcidas que parecían brotar solas desde lo más oscuro de su mente.
•••
Charlie estacionó la patrulla frente a la casa y bajó para ayudar a Bella con sus maletas. El aire frío de Forks los envolvió mientras entraban y subían las escaleras de madera que crujían bajo sus pasos.
-La vendedora escogió la ropa de cama -dijo Charlie al abrir la puerta de la habitación-. ¿Te gusta el morado?
Bella dejó la maleta sobre la cama y pasó la mano por la colcha, observando el tono violeta apagado.
-El morado es lindo -comentó, esbozando una sonrisa leve.
El silencio se instaló unos segundos, interrumpido por un sonido suave: pasos en el pasillo. Bella alzó la mirada hacia la puerta justo cuando una figura apareció en el umbral.
Una joven de ojos grises los observaba, inmóvil, con el rostro inexpresivo. Su presencia llenaba el cuarto de un aire extraño, casi opresivo. Bella se sintió intimidada, como si esos ojos penetrantes pudieran leerla de inmediato.
Charlie carraspeó, rompiendo la tensión.
-Bella, ella es Villanelle, mi hija. Villanelle, ella es Bella.
La muchacha inclinó apenas la cabeza, sin mostrar emoción alguna.
-Bienvenida -dijo con una voz baja y seria.
Bella tragó saliva, incómoda, y apenas alcanzó a murmurar un tímido:
-Gracias...
Sin añadir nada más, Villanelle se dio media vuelta y se alejó por el pasillo, dejando tras de sí un silencio pesado.
Bella bajó la mirada, insegura.
-Creo que no le agradé -susurró.
Charlie soltó un resoplido breve.
-No le agrada nadie.
Bella frunció el ceño.
-¿Por qué no sabía nada de ella?
Él la miró con cierta severidad, aunque sin perder la calma.
-Si hubieras contestado mis llamadas te habrías enterado. -Y, con un gesto algo brusco, añadió-Te dejo que te instales.
Charlie salió de la habitación, cerrando la puerta con suavidad. Bella se quedó de pie, inmóvil, con una extraña sensación en el pecho: como si aquel encuentro hubiese sido apenas un aviso de algo mucho más profundo y perturbador.
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DARK • Alice Cullen
RandomEn donde Villanelle Swan es reservada y distante con todos... O En donde Alice Cullen hace lo posible por acercarse a su compañera...
