Habían pasado dos días desde el baile, dos días en los que los Cullen parecían haber desaparecido del mapa. Villanelle trataba de distraerse pintando en su habitación, pero la inquietud crecía como una sombra. El sonido del teléfono interrumpió sus pensamientos: un mensaje de Alice.
"Estoy afuera."
De inmediato se levantó y fue hacia la ventana. Allí, entre los árboles, la distinguió: inmóvil, casi etérea bajo la penumbra.
"Algo va a pasar… y no te va a gustar", susurró la voz oscura dentro de ella.
Villanelle ignoró la advertencia. Salió de la casa con paso apresurado y encontró a Alice, que le dedicó una sonrisa ligera.
—¿Damos una vuelta? —preguntó la pequeña Cullen.
—Claro... —respondió Villanelle, aunque en el fondo sentía que la sonrisa escondía algo.
Caminaron juntas por el bosque, el silencio pesado colándose entre cada paso. Cuando se detuvieron, Villanelle no pudo contenerse más.
—Sea lo que sea… no lo digas. Ni lo hagas —pidió con la voz tensa.
—Villanelle… —Alice bajó la mirada.
—Lo sé. Puedo sentir que algo va a pasar y me enfurece no saber qué es. Me gustaría estar preparada —murmuró la joven, apretando los puños.
Alice respiró hondo, como si reunir valor le costara demasiado. —Me voy. La gente empieza a sospechar de Carlisle… y eso nos pone en peligro.
Villanelle la observó con frialdad. —Mientes. Lo sé. Esto tiene que ver con Isabella y Jasper.
Alice levantó la cabeza, sorprendida. —Yo no dije eso.
—No tuviste que decirlo. —Villanelle dio un paso al frente—. ¿De verdad vas a dejarme por algo que ni siquiera pasó? Es absurdo. No te dejaré ir, Alice.
El rostro de Alice se endureció, aunque sus ojos revelaban dolor. —No lo entiendes. Ya no te amo.
Villanelle soltó una risa incrédula, cargada de nervios. —Mientes.
—No te amo, ya no.
—No hablas en serio.
Alice sostuvo su mirada. —Lo digo en serio. Cada palabra. No como antes… porque ahora me das miedo.
La frase se clavó como un puñal. Villanelle sintió que el aire le faltaba. —Yo jamás te haría daño.
Alice titubeó, pero respondió con voz firme: —¿Y cómo puedes estar tan segura?
Esa pregunta la desconcertó, arrancándole un silencio doloroso. Finalmente logró articular: —Porque eres mi luz. Tú eres quien aleja la oscuridad de mí. Sin ti… ella gana. Por favor, no me dejes. Te amo, Alice… —su voz se quebró.
Alice cerró los ojos, desgarrada por dentro. Tenía que ser cruel, porque de lo contrario Villanelle no la dejaría marchar.
—Lo siento. No puedo amar a alguien como tú… un monstruo.
Y se fue, dejándola sola en medio del bosque, con aquella palabra retumbando como un eco maldito: monstruo.
Villanelle se desplomó de rodillas, el dolor transformándose en un grito desgarrador. La tierra tembló a su alrededor. Una onda oscura se expandió, marchitando la hierba, quebrando ramas, devorando la vida.
El silencio regresó, pero ya no era el mismo.
La voz oscura habló, victoriosa: —Ahora que tengo el control… haremos de esta historia algo mucho más entretenido.
Y una sonrisa helada curvó sus labios.
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