Pasaron algunos días, y aunque le costaba, Alice había decidido alejarse de Villanelle. Quería respetar su decisión, por más que le doliera mantener la distancia.
Villanelle entró a la clase de historia arrastrando los pies, visiblemente cansada. Se sentó en su lugar, junto a Alice, sin dirigirle una sola palabra. Sus ojeras marcaban que otra noche había pasado en vela, atormentada por pesadillas que parecían demasiado reales.
La clase transcurría frente a la pantalla del proyector, donde se mostraban escenas de guerras pasadas. A mitad de la película, Villanelle cayó vencida por el sueño.
Alice, que fingía tomar apuntes, la observó de reojo. La joven de ojos grises se agitaba en su asiento, murmurando entre dientes, con muecas de dolor. Y entonces sucedió: el ambiente se volvió más pesado, varios estudiantes empezaron a sentirse incómodos, y el proyector parpadeó con un zumbido extraño, como si fuera a estallar.
Alice, preocupada, posó con cuidado su mano sobre el hombro de Villanelle.
Villanelle se incorporó de golpe, respirando agitada, como si acabara de escapar de una pesadilla. Varios compañeros voltearon hacia ella, nerviosos.
—¿Estás bien? —preguntó Alice en voz baja.
Villanelle asintió con brusquedad.
—Sí.
No añadió nada más.
Al terminar la clase, salió rápidamente. En el pasillo alcanzó a ver a Bella hablando con Edward Cullen, lo que la incomodó más de lo que quiso admitir. Sin decir nada, se dirigió al estacionamiento.
Se apoyó contra la camioneta, con los brazos cruzados sobre el pecho, y dejó que su mirada se desviara hacia la entrada de la escuela. Allí estaban los Cullen. Y Alice… Alice parecía ausente, en una especie de trance que puso nerviosos incluso a sus hermanos.
Villanelle arqueó una ceja, intrigada, pero no tuvo tiempo de pensarlo demasiado. Un chirrido de llantas rompió el aire: un auto perdió el control y se dirigía directo hacia ella.
No tuvo oportunidad de reaccionar.
En un parpadeo, Alice apareció a su lado. Con una fuerza imposible, empujó el auto con una sola mano, dejando una abolladura en el metal y desviándolo lo suficiente para que no la aplastara.
Villanelle quedó paralizada, sus ojos grises abiertos de par en par. Miró a Alice con asombro, tratando de procesar lo que acababa de ver. Antes de que pudiera pronunciar palabra, Alice se apartó y desapareció entre la multitud, como si nada hubiera ocurrido.
Los estudiantes comenzaron a correr hacia ella, algunos gritando. Bella llegó con el rostro pálido, seguida de varios más.
Villanelle estaba en shock. Su corazón golpeaba con fuerza en el pecho. Lo que había visto no tenía explicación lógica. Alice había detenido un auto con su mano. Y no se había lastimado.
—¡Villanelle!—Charlie entró con pasos apresurados al hospital—¿Estás bien?
—Sí —respondió ella con un hilo de voz.
En una camilla cercana, Tyler se debatía entre disculpas y angustia, mientras una enfermera lo atendía.
—Villanelle, de verdad lo siento. Traté de frenar…
—Está bien, tranquilo —dijo ella, aún aturdida.
Charlie lo miró con severidad.
—No, no está bien. Pudo haberte matado, ¿entiendes?
Villanelle, con una calma casi inquietante, añadió:
—Si, pero lamentablemente no fue así. Estoy bien.
—Despídete de tu licencia de conducir, muchacho—le dijo Charlie al chico.
En ese momento, una voz suave y firme interrumpió.
—Hola, Charlie.
—Doctor Cullen —respondió el jefe de policía con un leve asentimiento.
Carlisle se acercó a Villanelle, revisándola con profesionalidad.
—Fue un impacto fuerte. ¿Cómo te sientes?
—Bien —contestó sin emoción.
Tras un examen rápido, Carlisle la dejó ir a casa: no había heridas, ni fracturas, nada. Demasiado intacta para lo que había ocurrido.
De camino a la salida, Charlie se desvió para llenar unos papeles, dejándola sola. Fue entonces cuando Villanelle, doblando un pasillo, se detuvo en seco: frente a ella estaban Alice, Rosalie y Carlisle. Discutían en voz baja, tensos.
Se escondió detrás de la pared, escuchando.
—No iba a dejar que muriera, Rosalie —dijo Alice, con la voz quebrada por la emoción.
—Esto no se trata de ti, Alice, sino de todos nosotros —replicó la rubia, molesta.
Carlisle levantó la mano, tratando de calmarla.
—Mejor hablemos en mi oficina.
Los tres Cullen giraron al mismo tiempo, sus miradas fijas en el rincón donde Villanelle intentaba pasar desapercibida.
Ella salió de las sombras con los ojos grises encendidos.
—¿Podemos hablar? —preguntó con frialdad, dirigiéndose a Alice.
Carlisle y Rosalie se miraron entre sí y, sin decir palabra, se apartaron. Alice dio un paso hacia Villanelle.
—¿Qué sucede? —preguntó, sin apartar la mirada de ella.
Villanelle no titubeó.
—¿Cómo llegaste tan rápido hasta mí?
—Estaba cerca —respondió Alice con naturalidad.
Villanelle frunció el ceño, molesta.
—Eso no es cierto.
La pequeña Cullen ladeó la cabeza, con un destello de ironía en la mirada.
—¿Tan fuerte te golpeaste la cabeza?
Villanelle dio un paso hacia adelante, su voz cargada de rabia contenida.
—Sé muy bien lo que vi, Alice.
El silencio entre ambas era denso, casi sofocante. Finalmente, Alice suspiró.
—Solo olvídalo.
Se dio media vuelta y se marchó sin añadir nada más.
Villanelle la siguió con la mirada, los labios apretados. Sabía que lo que había presenciado no podía olvidarse tan fácilmente. Y estaba decidida a descubrir la verdad.
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DARK • Alice Cullen
RandomEn donde Villanelle Swan es reservada y distante con todos... O En donde Alice Cullen hace lo posible por acercarse a su compañera...
