Bella caminaba por el bosque buscando el claro donde había estado con Edward. Las hojas húmedas crujían a cada paso; un olor a tierra y a hojarasca le llenaba la nariz como si el lugar guardara aún la memoria de aquella tarde.
—¿No sabes que el bosque es peligroso? —la voz de Villanelle cortó la penumbra como una navaja—Y más con alguien como yo buscando diversión.
Bella se sobresaltó y la miró de reojo, la mandíbula apretada.
—¿Quieres matarme? Adelante, no me importa —respondió sin miramientos, con una distancia que pretendía valentía.
Villanelle la siguió a un paso más lento, clavándole la mirada.
—A mí no me puedes mentir. A ti no te importa Edward; no sientes por él más que lo que te conviene. Solo lo usas para conseguir la inmortalidad.
La castaña la miró como si la acusación fuera un cristal que iba a quebrarse entre ellas.
—Eso no es verdad. Yo lo amo. Quiero estar con él para siempre. ¿Tú no querías lo mismo con Alice?
Villanelle sonrió, pequeña y amarga.
—Yo solo quería ser libre.
Se detuvieron en el claro. Las flores, ya marchitas, inclinaban rumores de color pálido; las ramas secas tejían sombras filosas sobre la hierba. Bella se agachó, tocó con la punta de los dedos un pétalo frío, y los recuerdos de Edward afloraron —las manos, la voz, la luz— como un viejo film.
—Patético —murmuró Villanelle, y su mirada enseguida se clavó en algo más—.
A lo lejos, Laurent emergió entre los árboles con la calma de quien llega pensando tener el control.
—Bella —dijo con una sonrisa medida—. Villanelle, qué sorpresa encontrarlas por aquí. Fui a visitar a los Cullen; la casa está vacía. Me extraña que las dejaran sueltas… ¿no son ustedes como, mascotas?
La pelinegra dio un paso al frente, la voz baja, cortante.
—Ve al grano.
Laurent ladeó la cabeza y nombró con despreocupada gravedad:
—Victoria quería que averiguara si siguen bajo la protección de los Cullen. Ella piensa que es justo matar a las parejas, igual que ellos mataron a la suya.
Villanelle clavó los ojos en Laurent, fría como hielo.
—Edward y Alice no mataron a James —dijo con lentitud—. Yo lo hice.
Laurent rió, incrédulo.
—¿Tú? ¿Una humana mató a un vampiro? No me hagas reír.
Villanelle fingió no oír la burla. Sus manos se cerraron, la sonrisa se le torció en algo oscuro.
—Fingiré que no escuché eso —repuso—. Yo maté a James. Y a ti te mataré con gusto. Lenta. Dolorosamente.
Sus ojos se oscurecieron, la piel adquirió un tono extraño; por un instante su figura pareció apartarse del bosque, como si la sombra misma la reclamara.
Un crujido seco rasgó el aire. Entre los árboles apareció un lobo negro, enorme; detrás de él, varios más emergieron con gruñidos que vibraban en la tierra. Laurent no dudó: echó a correr. Los perros lo persiguieron; sus pasos resonaron, una avalancha de ramas rotas.
Solo uno de los lobos se detuvo. Sus ojos, fosforescentes, se posaron en Bella. El silencio volvió a comprimirse, pesado.
—Bon appétit —susurró Villanelle, y antes de que el bosque pudiera responder, se desvaneció en un humo negro que se confundió con la niebla entre los troncos.
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DARK • Alice Cullen
RandomEn donde Villanelle Swan es reservada y distante con todos... O En donde Alice Cullen hace lo posible por acercarse a su compañera...
