—Alice, cálmate —pidió Villanelle, mirando cómo la chica apretaba el volante con fuerza.
Alice negó con la cabeza, los ojos fijos en la carretera.
—No lo entiendes. James es un rastreador… y para él, la caza es una obsesión. Tú no le tuviste miedo, Villanelle, y Bella… su olor. Esas dos cosas lo enloquecieron. Vendrá por ustedes.
Villanelle la observó con seriedad, intentando mantener la calma.
—¿Cuál es el plan, entonces?
—Irnos de Forks —respondió Alice sin titubear, como si ya hubiera tomado la decisión desde antes.
Villanelle sacó su celular del bolsillo y empezó a escribir un mensaje.
—¿Qué haces? —preguntó Alice con un dejo de alarma, mirándola de reojo.
—Le voy a decir a mi padre que me invitaron a acampar con tu familia —contestó Villanelle, con un tono práctico, como si fuese la cosa más simple del mundo—. Así no sospecha nada.
Alice apretó los labios, con el corazón inexistente latiéndole en el pecho de forma imaginaria. Había algo en esa calma de Villanelle que la tranquilizaba y a la vez la asustaba.
•••
Al llegar a la residencia Cullen, Villanelle y Alice vieron descender del Jeep a Edward y Bella. Apenas entraron, Edward casi se lanzó contra Laurent, que aguardaba junto a Carlise. Su presencia tensó el ambiente, aunque parecía venir en paz.
—Esta no es mi batalla —fue lo primero que dijo con voz firme—. Estoy cansado de los juegos perversos de James. Tiene unos sentidos inigualables. Es letal.
Sus ojos se desviaron un instante hacia Villanelle, que lo miraba sin pestañear, sin una pizca de miedo.
—Y la mujer, Victoria… no la subestimen. —Con esas palabras se dio media vuelta y salió de la casa.
Un silencio pesado quedó flotando en el aire.
—Nuestra especie es difícil de matar —dijo Jasper cuando todos se reunieron en el sótano.
—Pero no imposible, amor —respondió Lydia, seria.
—Lo descuartizaremos y quemaremos los restos —añadió Emmett con determinación.
Todos se movían nerviosos, intercambiando planes, ideas y temores.
Carlise habló finalmente, con el gesto sombrío:
—No me agrada la idea de matar a uno de los nuestros… aunque sea un sádico como James.
Edward lo interrumpió, impaciente:
—Me llevaré a Bella al sur.
Lydia levantó una ceja.
—¿Y Villanelle?
La aludida, apoyada contra la pared con los brazos cruzados, intervino con un tono cortante:
—Claro, no me toma en cuenta aunque sepa que puedo defenderme. Qué raro que no me use como escudo para proteger a su noviecita. —Su mirada se clavó en Edward—. James sabe que jamás dejarás sola a Bella. Piensa un poco.
El ambiente se tensó aún más.
—Que Jasper y Alice las lleven al sur —propuso Lydia—. Ellos podrán protegerlas y advertirnos si James se acerca.
—Mantén tus pensamientos solo para ti —dijo Edward con frialdad hacia Alice. Ella simplemente asintió.
Villanelle bufó y rodó los ojos.
—Entra al auto, Isabella —ordenó con sequedad.
—Villanelle —la llamó Esme, suavizando el momento—, dame tu chaqueta, cariño. Así esparciremos tu olor.
La chica se la quitó sin protestar, revelando cicatrices en sus brazos y costados.
Bella se quedó helada.
—Dios… Villanelle, ¿qué te pasó?
—No te incumbe, Isabella —replicó con seriedad, apartando la mirada.
Edward entregó también un abrigo de Bella a Rosalie.
—Toma, esparce su olor también.
La rubia lo recibió con una expresión dura, casi de desprecio.
—Lo haría por Villanelle… pero por Bella, ¿qué es ella para mí? —preguntó en voz alta, clavando sus ojos en Edward.
Carlise dio un paso al frente, firme.
—Bella está con Edward. Eso la convierte en parte de esta familia. Al igual que Villanelle. Y nosotros protegemos a la familia. —Colocó el abrigo en manos de Rosalie, quien lo sostuvo con evidente desagrado.
La tensión en el sótano era palpable: planes, recelos y lealtades chocaban entre sí, mientras afuera la amenaza de James y Victoria se acercaba cada vez más.
•••
Llegaron al hotel al anochecer. Villanelle estaba sentada al lado de Alice, que mantenía la vista baja y las manos entrelazadas con inquietud. Bella se había colocado a cierta distancia, abrazando sus rodillas, mientras Jasper permanecía de pie, atento a la ventana como un centinela.
De repente, Alice levantó la cabeza con un sobresalto, los ojos vidriosos.
—¿Qué pasa? —preguntó Villanelle, inclinándose hacia ella.
—El rastreador… cambió de rumbo —murmuró Alice, sin parpadear, con la mirada fija en un punto inexistente—. Veo espejos… un cuarto lleno de espejos.
Jasper reaccionó al instante. Le tendió papel y lápiz con gesto firme.
—Dibuja lo que ves.
Alice empezó a trazar con rapidez. Cuando terminó, en la hoja se distinguía lo que parecía un estudio de ballet.
Bella se acercó un poco, con la voz insegura.
—Edward me dijo que tus visiones no siempre son ciertas…
—No son certezas —explicó Jasper, sin apartar la mirada del dibujo—. Ella ve el curso que alguien sigue en ese momento. Si cambia de decisión, la visión cambia también.
Bella se mordió el labio, observando el papel.
—Entonces… ¿ese camino lo está llevando a un estudio de ballet?
Alice la miró con atención.
—¿Estuviste en un lugar así?
Bella tragó saliva.
—Sí. Tomé clases de niña… y mi escuela tenía un arco idéntico a ese.
Alice se tensó aún más.
—¿Tu escuela estaba en Phoenix?
—Sí —respondió Bella, apenas audible. Su celular sonó entonces, dándole la excusa perfecta para apartarse y contestar la llamada en voz baja.
Villanelle permaneció en silencio, con el ceño fruncido mientras sus ojos seguían fijos en el dibujo. Había algo en esa coincidencia que no le gustaba.
—Está tramando algo… —susurró finalmente, con un tono grave que hizo que Alice la mirara de reojo.
El aire en el cuarto parecía haberse vuelto más pesado.
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DARK • Alice Cullen
SonstigesEn donde Villanelle Swan es reservada y distante con todos... O En donde Alice Cullen hace lo posible por acercarse a su compañera...
