IV

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Llamaron a la puerta. Darkness, con el ceño fruncido, dejó el libro que estaba leyendo sobre la mesa y fue a abrir.

Al otro lado estaba Rosalie, su expresión de enfado tan marcada que parecía capaz de prender fuego al aire.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Darkness con voz cortante, apoyándose en el marco de la puerta.

—Alice está muy mal, y todo por tu culpa —espetó Rosalie, sin molestarse en suavizar su tono.

Darkness alzó una ceja, cruzándose de brazos.

—¿Mi culpa? La culpa fue de ella. Que asuma las consecuencias de sus actos.

Rosalie dio un paso adelante, pero Darkness no se movió ni un milímetro.

—No, es tu culpa —insistió Rosalie, apretando los dientes—. Estás haciendo que Villanelle no la vea.

Darkness soltó una risa seca, sin pizca de humor.

—Pues claro que lo estoy haciendo. Es mi hermana, y me preocupo por ella. —Se inclinó ligeramente hacia Rosalie, su mirada perforante—. Cometió una acción estúpida al darle una oportunidad a esa... chupasangre.

—Es la compañera de Alice —replicó Rosalie, subiendo el tono.

Darkness negó con la cabeza, con una calma que solo hizo que Rosalie se enfadara más.

—Es la impronta de Leah —dijo Darkness con simpleza, como si eso lo explicara todo.

Por un momento, el silencio llenó el espacio entre ellas. Rosalie abrió la boca para responder, pero no encontró las palabras adecuadas. Darkness, sin embargo, no tenía más que añadir. Hizo un gesto para cerrar la puerta, pero Rosalie colocó una mano firme sobre ella.

—Esto no ha terminado, Darkness. No te atrevas a interponerte entre ellas.

—Haz lo que tengas que hacer, Rosalie, pero recuerda algo —dijo Darkness, su voz ahora gélida—No me subestimes.

Con eso, Darkness cerró la puerta, dejando a Rosalie sola en el umbral, furiosa.

•••

Déjame ir a verla

Suplicó Villanelle en la mente de Darkness, su voz suave pero persistente.

Esta sufriendo.

—Y me parece perfecto.

Darkness.

—No —respondió Darkness en voz alta, cruzándose de brazos mientras miraba por la ventana—. Deja a esa chupasangre y concéntrate en Leah.

Darkness...

Villanelle hizo una pausa antes de continuar, con un tono más calmado.

Sé que estás molesta, pero no puedes hacer esto. Por favor. No quiero pelear contigo

Darkness soltó una risa amarga.

—Dudo que puedas vencerme —replicó.

Sé que no solo lo haces por mí. También por ti.

Darkness apretó los labios, pero no respondió.

Puedo sentirlo. Somos una.

—¡Cállate! —gritó Darkness, girando sobre sí misma. Su respiración era pesada, y sus ojos brillaban con lágrimas que no quería dejar caer—. ¿Qué es esto? —preguntó con desesperación, frotándose los ojos con brusquedad—. Detente, Villanelle.

Son tus emociones, Darkness. No las mías.

Darkness negó con la cabeza, su mandíbula tensa.

—Haz que se detenga. No me gusta esto.

Podrías darle la oportunidad.

La expresión de Darkness cambió en un instante. Su rostro se endureció y sus ojos brillaron con furia.

—Yo no voy a tirar mi dignidad a la basura, como tú —gruñó—. Ella no me quiere, y no lo va a hacer.

Villanelle no respondió de inmediato, pero su voz volvió con una firmeza inesperada.

No tuvo la oportunidad de conocerte como Leah. ¿Recuerdas? Leah te veía como una amenaza y quería matarte.

Darkness cerró los ojos con fuerza, tratando de ignorarla.

—No. No quiero —dijo finalmente, su voz quebrándose mientras se secaba las lágrimas de un manotazo.

Darkness...

Pero ella no esperó más. Dio media vuelta, agarró su chaqueta y salió de la casa, cerrando la puerta de un portazo.

La noche era fría, pero Darkness apenas lo notaba. Caminaba con pasos rápidos y firmes, su mente inundada por una mezcla de furia, dolor y una necesidad incontrolable de liberar todo lo que la consumía.

Quizá una víctima... o dos, pensó mientras se adentraba en la oscuridad.





















DARK • Alice CullenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora