Capítulo 7

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Jay la había llevado a su enorme mansión, cosa que no esperaba en lo más mínimo. Se había intentado vestir lo mejor que pudo, incluso si él le aseguró que no debía preocuparse por su apariencia. 

En la enorme mansión se podía ver cómo sólo estaban ellos dos y algunos amables sirvientes. 

—Un placer, señorita Lee, el señor Park nos avisó que vendría. Yo soy la ama de llaves, Minja, encantada de conocerla. 

—El placer es mío, Minja –le tendió la mano y la mujer la aceptó amablemente, para luego guiarla a lo que parecía ser una enorme cocina. 

Sintió un dulce aroma nada más entrar en el lugar, y pudo ver a Jay cocinando a la perfección al lado de unos fogones, no se había percatado de su presencia. Se acercó con sigilo hacía él y lo abrazó por la espalda, haciendo que el joven diese un pequeño salto. 

—¡YoungMi! Ya has llegado, pensaba que tardarías un poco más –se giró con rapidez para devolverle el abrazo.

—Terminé temprano de hacer todo, y cómo dijiste que viniese sobre esta hora, aquí estoy. Perdón –se disculpó algo avergonzada. 

—¡No! No pasa nada porque hayas llegado ahora, eso es mejor incluso. Le queda un poco de tiempo a la comida, hablemos mientras tanto –agarró su brazo suavemente y la llevó al comedor, el cuál, incluso si era enorme, no se sentía vacío. 

—Este barrio es muy lujoso, nunca he estado en un lugar así –comentó ella mientras se sentaba en una de las sillas. 

—Bueno, mis padres tienen el suficiente dinero para permitirse lo que quieran, así que no escatimaron en gastos a la hora de volver a Corea. Me gustaría que un día los conozcas, seguro te adorarían. 

YoungMi asintió sin saber muy bien que contestar, sólo se conocían desde ese mismo día y ya estaba siendo así. Quizás estaba yendo muy rápido pero poco le importó a Lee. 

La cena estaba ya lista, cuando los dos fueron a la cocina para llevar las cosas a la mesa. 

—¿Les ayudo en algo? –Minja parecía estar dispuesta a ayudar en todo, pero rápidamente el dúo se negó para hacer ellos las cosas. 

—Ella es muy amable –habló Young cuando la mujer se retiró del comedor, Jay rápidamente asintió con una enorme sonrisa. 

—Sí, es mi ama de llaves desde que nací, mis padres confían mucho en ella. Minja fue quién me enseñó a dominar el coreano y quién siempre me cuida cuándo mis padres no están, cómo es el caso de hoy. Se ha convertido en algo parecido a mi segunda madre. 

La forma en la que lo decía hizo que YoungMi se derritiera de ternura, debido a que se notaba que la mujer era buena persona, y Jay la apreciaba mucho. 

—Es increíble, yo  de familiares sólo tengo a mi madre, pero mis amigos me han cuidado cómo si fuese su hermana. 

—¿Y tu padre? Si no es mucho preguntar, claro. 

—No importa, nunca lo conocí. Mi madre era muy joven cuando me tuvo, y mi padre no estaba preparado para tener un hijo, así qué le dijo que me abortase. Mi madre aseguró que cuidaría de mí, con o sin su apoyo, él se fue y echaron a mi madre de su casa. Desde ese día hemos sido ella y yo contra todos, me ha dado el suficiente amor cómo para ser también mi padre. 

—¿Quién sería capaz de dejar a un hijo? No soy capaz de comprender la mentalidad de el que fue tu padre –se quejó Jay enfadado. 

—Realmente me gustaría conocerlo, no por nada, si no para saber porqué hizo aquella cosa y decirle que es un cobarde –no solía compartir ese pensamiento en voz alta, pero obviamente le tenía un gran resentimiento a su progenitor por dejarlas solas a su madre y a ella. 

Jay vio cómo había tocado una fibra sensible, así que cambió de tema rápidamente. 

—¿Te gusta la comida? 

YoungMi todavía no había tocado el plato, así que llevó una cucharada a su boca, sintiendo una explosión de sabores en esta. 

—¡Es lo mejor que he probado nunca! –exclamó, y lo decía de forma literal. La comida de la escuela era refinada e insípida, y a parte de eso sólo comía comida chatarra o cosas que Hanji había hecho a la carrera. 

—Me alegro que te guste –comentó con un pequeño sonrojo. 

—¿Te has planteado ser chef cuando crezcas? Enserio, es increíble.

—Todos los méritos los tienen Minja y mi padre, fueron quiénes me enseñaron a cocinar. 

Terminaron la cena hablando un poco de todo. Se enteró de que Jay no tenía muchos amigos, ya que se había mudado recientemente. Young tardó muy poco en proponerle que fuera con sus amigos y ella, estaba segura de que se llevarían muy bien. 

También se enteró, que además de todas sus cualidades, era muy bueno en fútbol y quería apuntarse al equipo de la escuela. 

—Si quieres te acompaño a apuntarte, es algo complicado con tanto papeleo, pero ya he aprendido. 

Cuando se dieron cuenta, ya era lo suficientemente tarde cómo para que Lee tuviese que volver a casa. 

—Te acompaño, por favor –pedía él, aunque la joven se negaba rotundamente.

—Ya has hecho mucho por mí hoy, me niego. 

—He dicho que voy a acompañarte. 

El chico, cómo había dicho, fue con ella. Aunque permitió que fuesen a la casa en autobús, debido a que sería muy destacada en un barrio cómo el de YoungMi una limusina. 

Bajaron del autobús, por suerte y desgracia a la vez, la parada quedaba enfrente de su casa. 

YoungMi se quiso morir en ese instante, cuando se encontró en la puerta de su casa a Sunoo, Jungwon y Ni-ki con los brazos cruzados y cara de padres sobre-protectores. 

—E-Eh... 

—¿Los conoces? –preguntó el estadounidense con curiosidad. 

—Son mis amigos... 

Los tres, nada más divisarlos, corrieron hacía ellos. 

—¿Tu eres Jay? 

—¡YoungMi nos ha hablado de ti! 

—¿Qué horas son estas de llegar , señorita?

Lee estaba muy avergonzada por el comportamiento de sus amigos, en cambio, el joven que la acompañaba sólo soltó una limpia carcajada y se acercó a ellos sonriente. 

—Sí, soy Jay, es un placer. Y perdón por traerla tarde a casa, espero que nos volvamos a poder ver –se despidió con un guiño en el ojo y se fue de allí. 

—YoungMi te prohíbo que lo dejes escapar –habló Jungwon colgado de su brazo sonriente.

ꜱɪᴍᴘ (ᴘᴀʀᴋ ꜱᴜɴɢʜᴏᴏɴ)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora