A la mañana siguiente, Ginny se levantó de la cama apenas hubo despuntado el alba. La noche anterior no había hallado palabras para volver a pedir a Harry que durmiese a su lado, pues ya no tenía excusa para hacerlo, y la única opción habría sido confesarle toda la verdad, con lo cual estaba segura de que él habría salido huyendo, espantado, quizá para siempre. Así que había elegido uno de los cuatro dormitorios que poseía la pequeña y coqueta casa que Romilda Carlyle les había cedido con tan "amable insistencia", y se había resignado a disfrutar del cálido abrazo de Harry tan sólo en sus mejores sueños. Pero ya no podía aguantar más, necesitaba volver a verlo, y cuanto antes, mejor.
Bajó a la cocina casi de puntillas, intentando no hacer ruido que sacase a Harry de su merecido descanso; caminó con sonrisa traviesa, pensando en la cara de alegre sorpresa que mostraría el chico cuando se sentase a la mesa, ante un exquisito desayuno que ella le habría preparado con todo su amor.
Al pasar ante la sala de estar, un radiante rayo de sol temprano se enfocó en su alegre rostro, y no pudo evitar la tentación de detenerse para disfrutarlo durante un momento. Así que miró dentro de la estancia, encantada, y su sorpresa fue mayúscula al distinguir a Harry al lado de la gran cristalera por donde el sol derramaba tanta vida y calidez, de pie, en silencio; estaba de lado, mirando a través del cristal desde una esquina, taciturno. Parecía preocupado.
Ginny caminó hacia él con lentitud, observándolo fijamente. Le sabía mal interrumpirle aquella meditación que parecía conducirle a la tristeza, pero decidió que debía consolarle, pues, conociéndole, estaba prácticamente segura de qué le estaba pasando por la cabeza en aquellos momentos, y no era justo, al menos no con él mismo.
- Estás pensando en mi hermano y en Hermione... - aseguró, ofreciéndole una serena sonrisa de apoyo.
El joven la miró, lleno de sorpresa, no por no haberse dado cuenta antes de su presencia, sino por lo acertadamente que ella había sido capaz de leer en su corazón.
- Siento que los he abandonado cuando más me necesitan - explicó, desalentado - Ya sé que yo no puedo hacer nada por solucionar sus problemas, pero tampoco está bien que los haya dejado de este modo. Al menos debería haberles ofrecido un hombro en el que apoyarse - suspiró - He sido injusto con ellos; he querido castigarlos por un comportamiento que me parece inmaduro y egoísta; me duele tanto todo esto que está sucediendo... y además, ha pasado algo que... - la miró, resuelto - No he sido más que un arrogante cobarde.
- Tú nunca serás un cobarde - siguió su impulso de acariciarle el rostro con ternura, sin importarle cómo reaccionaría él al respecto - En muy pocas ocasiones te he visto actuar con arrogancia, y en todas ellas, detrás había un buen motivo.
Él profundizó su mirada en lo más hondo de los ojos de la chica, y sonrió, melancólico.
- ¿Por qué me has traído aquí, Ginny? - preguntó de pronto, con tristeza.
Por un momento, ella temió responder, pero decidió confesar tranquilamente la verdad tal y como era, nada más; o al menos parte de ella.
- He querido que te des cuenta de cuánto te queremos en el Reino Unido, para que, finalmente, decidas quedarte.
Él enarcó una ceja, sorprendido, y ella continuó.
- No puedes marcharte, Harry; no puedes hacerlo - negó, rotunda.
- ¿Pero por qué? ¿Por qué ese empeño en que me quede?
- Porque yo no quiero que te marches; moriría de pena si lo hicieras - le devolvió una mirada llena de velada súplica, que a él sorprendió.
Lentamente, él cubrió con paso firme la escasa distancia que los separaba, le acarició la mejilla con infinita ternura, sin dejar de fijar en sus ojos su profunda mirada esmeralda, y depositó en sus labios un beso tan dulce como fugaz.
ESTÁS LEYENDO
El secreto
RomanceCuando Harry fue consciente de lo que sentía por Ginny,ella acababa de hacerse novia de Dean Thomas;diez años después, ella está apunto de casarse con Dean,y él se plantea marcharse a Canadá para siempre.Mientras,su mundo se desmorona a su alrededor.
