Chapter 6: Uniendo fuerzas

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Nada más amanecer, Harry se puso en pie. Llevaba despierto más de dos horas – desde la última vez que Ginny, de forma metódica, le había untado el ungüento sobre las heridas – meditando sobre todo lo sucedido la noche anterior, y cuantas más vueltas le daba al asunto, mas convencido se hallaba de que el ataque de aquella bestia que tenía tanto de humano, aunque no lo pareciese a simple vista, no se había producido al azar. Se llevó la mano a las heridas con sumo cuidado, y las palpó; estaban prácticamente curadas, y desde luego, no le impedían ni coartaban ninguno de sus movimientos. Sonrió, doblemente satisfecho.

Si en aquel momento se sentía tan recuperado del ataque, era todo gracias a Ginny, quien había pasado en vela la mayoría de la noche, controlando el tiempo para administrarle el ungüento exactamente cada dos horas. Ella casi no había dormido, él lo sabía, a pesar de que a él sí le había vencido el sueño una y otra vez, debido al cansancio producido por la sangre que había perdido. La miró, ahora dormida, sintiendo que el mundo entero para él yacía en aquel cuerpo de mujer, tan perfecto, y en aquél carácter capaz de lidiar con el suyo propio – endemoniado - , y a la vez tan dulce.

No dejó de contemplarla mientras se cambiaba de ropa, aprovechando esos mágicos momentos antes de que ambos tuvieran que marcharse, pues había decidido que, al menos por el momento, las vacaciones juntos se habían terminado. Sonrió de nuevo, irónico; era la segunda vez que había compartido lecho con una mujer y que nada había pasado entre ambos, y en las dos ocasiones ella había sido la protagonista; la única mujer con la que había soñado una y otra vez de todos los modos posibles, y a quien jamás osaría importunar de ese modo si ella misma no se lo pidiera. ¿Llegaría ese día? – se preguntó - ¿Llegaría el día en que Ginny se entregase a él, en que desease fundirse con él, en que se lo pidiese? No iba con él hacerse vanas ilusiones, pero hubo de reconocer que, después de lo vivido con ella la tarde anterior, ya no era tan descabellado desear que sucediese. Y tuvo claro que si pasaba, ya no habría vuelta atrás; para toda la vida.

No se dio cuenta si él había hecho ruido de forma despistada al cambiarse, pero ella abrió los ojos lentamente, y nada más verle, sonrió.

- Buenos días, preciosa – él sonrió también, cariñoso. Se inclinó con cuidado y le dio un dulce beso.

- Hummmm… - Buenos días, Harry – parpadeó, remolona, mientras se desperezaba. Al verle de pie, vestido y dispuesto para salir, saltó de la cama, terminando de despertarse de golpe.

- ¿Qué estás haciendo? – se plantó ante él, obstaculizándole el paso.

Él acarició su rostro con ternura, pero le ofreció una mirada seria.

- Cámbiate de ropa, Ginny, por favor. Volvemos a Londres; yo al Ministerio de Magia, a reclutar un escuadrón de aurores para dar caza a esa maldita bestia; y tú a Godric´s Hollow, donde vas a quedarte, al menos hasta que yo vuelva – sentenció.

- De eso, nada – ella puso los brazos en jarras, dejándole bien claro que no iba a permitirle pasar. – En primer lugar, tú no vas a ir a ningún lado, excepto a la consulta del Reverendo Campbell, para que te examine las heridas. Y en segundo, yo no voy a regresar a Godric´s Hollow, si tú no vuelves conmigo. ¿Está claro?

Una inmensa preocupación nubló la mirada de Harry, al escucharla.

- Lo que nos atacó anoche no es un lobo, Ginny – afirmó con total seriedad.

- ¿Y qué es, entonces? – ella preguntó, extrañada – No fue un hombre lobo, Harry; tenía la forma de un lobo; sí, enorme, pero sólo de un animal. No había nada humano en él.

- Te equivocas. Su mirada era completamente humana. Antes de decidirse a atacarme, me estudió; pude ver sus ojos inteligentes tanteándome, y supe que no deseaba atacarme.

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