Chapter 7: Sin palabras

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Ron, Ginny y Harry comieron en la casa; Harry no deseaba que nadie conociese todavía la presencia de Ron en la villa, así que al pelirrojo no le quedó más remedio que comer lo que Ginny había cocinado - siempre decía que su hermana no había heredado los encantos culinarios de su madre, pero en el fondo pensaba todo lo contrario, así que se vio obligado a mantener el papel que con tanto ahínco se había creado, y se dedicó a refunfuñar sobre la comida durante un buen rato. -Harry y Ginny rieron y rieron por ello, encantados.

Los otros dos miembros del Cuartel General de Aurores que habían llegado de incógnito al pueblo, se instalaron cómodamente en el hostal de Romilda Carlyle, donde se presentaron como una pareja de recién casados que estaban de viaje de novios.

Harry había decidido que no comenzarían las pesquisas hasta haber recibido noticias de Hermione, con el informe que él le había solicitado, así que previamente, dio la tarde libre a los tres aurores, eso sí, con la prohibición expresa a Ron de que se dejase ver por la villa.

Nada más los tres hubieron comido, Ginny tomó a Harry de la mano e hizo que se pusiese en pie.

- Anda, vete a hacer la siesta – le empujó suavemente para que se marchase a su cuarto.

- ¿Y para qué quiero yo hacer la siesta? – el moreno preguntó, negándose a moverse y mirándola con sorpresa.

Mientras, Ron fijaba su vista en ambos, observándolos con suspicacia.

- Necesitas descansar – ella volvió a empujarle, ahora con más ímpetu, tozuda.

- ¿Necesito descansar? ¿Por qué? – la mirada del chico era inocente.

- Porque anoche perdiste mucha sangre, y porque esta mañana no has parado de dar vueltas por ahí – Ginny respondió con voz autoritaria, comenzando a molestarse por la firme oposición del chico a sus deseos.

- Pero no tengo sueño… - él objetó de nuevo, con voz de niño respondón.

- ¡Harry James Potter! – ella exclamó, perdiendo la paciencia, dispuesta a obligarle a hacerlo si fuera necesario.

Entonces, Harry la abrazó con mimo y depositó un suave y cálido beso en su cuello.

- Es broma. Me encanta ver cómo sacas esa vena mandona que tienes – la besó de nuevo.- Sí, me voy a dormir un rato; la verdad es que estoy hecho polvo. ¿No te importa?

- Claro que no, yo misma te estoy enviando – ella respondió, intentando parecer enfadada, pero con una sonrisa dulce y enamorada.

Él besó sus labios, también enamorado.

- Acuéstate un rato tú también, Ron; te hará bien – Harry propuso a su amigo, quien no se perdía detalle de todo lo que estaba sucediendo (se sentía sorprendido, incómodo por la falta de costumbre de verlos a ambos mostrarse tan cómplices y cariñosos el uno con el otro).

- N-no, yo prefiero echar un vistazo a los mapas geográficos y topográficos que tú y yo hemos traído del Ministerio de Magia. Quiero familiarizarme con esta zona antes de que empecemos a trabajar en ella – el pelirrojo objetó, envarado.

- Eso puedes hacerlo luego; de hecho, lo haremos juntos.

- Da igual, Harry, en serio. No me apetece dormir a estas horas.

- Bueno, como quieras – Harry lo miró preocupado, pero decidió no insistir más.- Con vuestro permiso, yo me retiro.

- Yo voy a fregar la vajilla y después dormiré un rato también – Ginny aseguró.

- Perfecto, preciosa; nos vemos dentro de un rato, entonces –abrazó a la chica de nuevo, la besó, y se marchó tranquilamente hacia su habitación.

Ron observó cómo su mejor amigo se alejaba; después se puso en pie, y también él se alejó en silencio, hacia la sala de estar, donde pensaba desplegar los pergaminos que Harry y él habían traído del Ministerio, tal y como había anunciado. Era cierto que, si lo intentaba, no iba a poder dormir, pero no por falta de sueño. De hecho, se caía de sueño; hacía un par de días que no había dormido en absoluto, desde que Hermione y él habían roto su noviazgo; y tampoco ahora podría hacerlo. Suspiró, rendido, intentando al menos distraerse estudiando los planos, para que su mente no vagase sin descanso por el cuerpo de la castaña, por sus ojos y su voz, por su ternura, su carácter, su cariño… A veces sentía un loco deseo de comenzar a llorar como un niño e intentaba evitarlo, pero sabía que era cuestión de tiempo, que en cualquier momento estallaría en llanto como un chiquillo abandonado, perdido; y prefería que ese momento llegase estando solo.

El secreto Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora