Harry conducía en silencio, con la mirada fija en la oscura carretera tan sólo iluminada por los potentes faros de su coche; se mostraba pensativo. No le gustaba ni un pelo el cariz que había tomado la situación en una sola tarde: le encantaba estar con sus amigos, verlos a todos reunidos, pero no le apetecía nada realizar un nuevo viaje en ese momento, con la mitad de ellos enfadados con la otra mitad; y simplemente, era impensable estando Ginny enferma…
Aunque había callado para no volver a discutir con ella, en ningún modo estaba de acuerdo en que la cabezota pelirroja se empeñase en acompañar a los demás en aquel alocado viaje, fuese por el motivo que fuera; y ella lo sabía perfectamente, ya que se estaba manteniendo en absoluto mutismo durante todo el trayecto, seguramente para no tener que oír las objeciones de él, si le daba pie a que se las expusiera.
Se maldijo para sus adentros, porque la adoraba; pero ese no era motivo suficiente, ni mucho menos, como para permitirle sacrificar su propia salud con tal de ayudar a sus amigos a hacer las paces. Todos ellos ya eran mayorcitos para luchar sus propias batallas, y aunque él también deseaba con todas sus fuerzas poderles echar una mano de forma disimulada, no lo haría a costa de la salud de su mujer, pues Ginny era su mujer; así lo sentía, y así sería por siempre jamás.
Aún así, dulcificó su semblante con tan sólo pensar en su tozuda pelirroja. No tenía sentido machacarla con sermones, no aquella noche, en que ambos acababan de volver a tocar el cielo después de haberlo perdido; así que suspiró, rendido y más que dispuesto a razonar.
- ¿Qué estás pensando? – preguntó a Ginny en tono amistoso, para invitarla a entablar conversación.
Pero sólo obtuvo un total silencio como única respuesta.
- Vamos, Gin, no estés molesta conmigo. Yo sólo quiero lo mejor para ti, por mucho que eso a veces te moleste.
Esperó una sarta de argumentos disparados a bocajarro para desarmarle; no en vano ella era la mujer más firme y decidida que había conocido jamás, exceptuando a Hermione; y cuando alguna idea se le metía en la cabeza, él ya podía adoptar la actitud que quisiera, que sabía que iba a acabar claudicando, aunque sólo fuese por agotamiento.
Pero nada de ello llegó. Harry no notó ni un solo movimiento por parte de ella, ni un gesto, ni una palabra; nada…
Hablando mal y pronto, los cojones se le pusieron por corbata.
Desesperado, buscó un lugar en el arcén lo suficientemente amplio como para poder aparcar el coche sin temor a provocar ningún accidente de circulación, y cuando lo encontró, salió con rapidez de la carretera y apagó el motor apenas sin darse cuenta, para centrar toda su atención en la chica, quien dormía plácidamente en el asiento del acompañante, ajena a todos y a todo que no fuera su tranquilo sueño, a juzgar por la cara de satisfacción que Harry pudo observar en ella.
- Se ha dormido… - él apenas susurró, atónito e irritado.
Quería pensar que se había enfadado con ella, pero en el fondo sabía que era consigo mismo con quien estaba molesto, porque en aquel momento, se sentía un auténtico idiota paranoico. Él, acojonado como un chaval, mientras ella dormía el sueño de los justos, más tranquila que un soleado día de mar en calma. Por si aún no se había dado cuenta, sintió cuánto ella significaba para él, cómo el miedo le ahogaba cada vez que imaginaba siquiera la vida sin tenerla a su lado, aquel deseo infinito, más allá de la razón, de protegerla a toda costa de cualquier mal, fuera este el que fuera.
Precisamente en aras de aquel infinito amor, respiró hondo para serenarse, sabiendo que el único modo de hacer las cosas bien, no era, precisamente, llevado por la desesperación. Se regodeó en observarla: en aquel momento ella no parecía enferma, en absoluto, sino felizmente agotada y satisfecha; en paz. También él halló paz en aquella soñadora media sonrisa que ella mostraba en su rostro. Cuánto les quedaba por conocer el uno del otro… cuánto por aprender; iba a ser magnífico recorrer la vida a su lado, se dijo para sí, también con una sonrisa.
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El secreto
RomanceCuando Harry fue consciente de lo que sentía por Ginny,ella acababa de hacerse novia de Dean Thomas;diez años después, ella está apunto de casarse con Dean,y él se plantea marcharse a Canadá para siempre.Mientras,su mundo se desmorona a su alrededor.
