Chapter 16: Cuatro puntos cardinales

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Ginny abrió los ojos lentamente, mientras Aroa aún comprobaba las pulsaciones de la chica, mediante dos dedos apoyados ligeramente en su cuello. Avergonzada por haber mostrado tal debilidad en público, la pelirroja intentó incorporarse, pero la auror se lo impidió, apoyando la mano en uno de sus hombros, suave pero firmemente.

- Ya estoy bien – Ginny aseguró, intentando no fijarse en las caras de preocupación de los demás, todas sus miradas fijas en ella.

- ¿Estás segura? – Aroa intensificó su mirada en ella, suspicaz, para averiguar si en el fondo estaba o no diciendo la verdad.

- Estoy segura, no me pasa nada; es sólo que aquí hace demasiada calor; el aire está viciado – dio como excusa lo primero que se le ocurrió, con voz tranquilizadora.

- Yo no soy tu médico, Ginny, así que no voy a contradecirte. Pero no estaría de más que cuando regreses a Godric´s Hollow visites a un sanador para confirmar que estás bien.

Por un instante, Ginny no pudo ocultar que se había sobresaltado al escucharla. Era cierto, todas sus pertenencias estaban aún en Godric´s Hollow, en el hogar de Harry, y no tenía más remedio que regresar a por ellas, como él le había "ordenado con tanta delicadeza"… pero no lo deseaba. Reconoció, enfureciéndose aún más de lo que lo había hecho al leer la ofensiva nota que le había dejado el maldito auror, que no deseaba abandonar aquella casa donde, por ser una ilusa, se había sentido como si fuese su auténtico hogar, al lado del hombre que podría haberse convertido en el hombre de su vida… si él hubiese querido, que no lo había hecho.

- No hace falta, ¿vale? Y no hay más que hablar – respondió a la otra tan secamente, que vio cómo ella hacía una mueca de reproche. – Lo siento, no pretendía ofenderte. Ya sé que sólo estás intentando ayudarme; pero de verdad, no lo necesito – añadió, suavizando el tono de su voz.

- Tranquila, no me has ofendido.

Pero Aroa miró a David de forma disimulada, y al encontrarse con la mirada de su esposo, vio que también él seguía preocupado, aunque en silencio.

Ginny se incorporó para quedar sentada en el sofá, antes de decidir ponerse en pie. Fue entonces cuando su hermano se agachó frente a ella y le preguntó, mientras la traspasaba con una mirada de reproche:

- ¿Qué le has hecho a Harry?

Ginny abrió los ojos de forma desmesurada, sintiendo indignación.

- ¿Que qué he hecho a Harry? ¡Dirás qué me ha hecho él a mí!

- Bueno, ya va siendo hora de que nosotros nos marchemos – David anunció, tomando a su esposa de la mano y tirando de ella para que le acompañase. – Veo que tenéis asuntos familiares que tratar.

- ¿Familiares? ¡Já! ¡Harry no es mi familia, y nunca lo será! – ella gritó, con furia desatada.

- Sea como sea, Harry es nuestro jefe, y también un buen amigo. Así que no nos concierne lo que vayas a decir – Aroa apoyó a su marido con firmeza. – No lo tomes a mal. Ha sido un placer compartir estos días con vosotros. Nos veremos a la vuelta – dijo a Ron a modo de despedida, y David y ella se marcharon escaleras arriba en pos de sus maletas, para poner fin a la estancia en aquel lugar.

Ginny no pudo responder, estupefacta, pero cuando el matrimonio ya desaparecía en el piso de arriba, ella no pudo evitar llamar la atención de David:

- ¡David!

- ¿Sí? – se oyó la amable voz del hombre desde lo alto de las escaleras.

- Harry… ¿está bien? – quiso saber, preocupada por sus heridas, aún convalecientes.

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