7,5/364 - El hijo de la luna

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- Es increíble lo que podés hacer en cinco años - Ciro desarrolló un resumen sobre sus actividades en Europa - A pesar de trabajar como mula, a veces hasta 17 horas sin parar, debo agradecer lo que las expediciones me mostraron del mundo antiguo.

El hijo mayor de los Bananza, recién llegado después de casi media década de investigaciones y exploraciones a lo largo del continente europeo, regresó a su hogar por unas semanas, y no quiso que su familia perdiera un solo detalle de todo lo que hizo allí. Reconocido por haber desenterrado y descifrar los grandes enigmas de las civilizaciones tempranas, el arqueólogo y resucitador de lenguas muertas Ciro Bananza, compartió sus experiencias. De un pesado morral desgastado de cuero sintético que colocó sobre la mesa ratona, repartió a su familia los numerosos diarios de reporte que había escrito, adjuntando imágenes holográficas de cada uno de aquellos lugares, y los muchos compañeros de trabajo con los que se relacionó. El joven había estado en casi todas partes, y sus aportes a la comunidad científica eran considerados inestimables.

Miki hojeó en silencio los diarios avergonzadamente. Estaba asombrada por el trabajo que su hermano mayor había llevado a cabo todo este tiempo, pero seguía sin poder procesar su inesperada aparición. La culpa de no haberlo contactado todos estos años... ¿Qué es lo que él debe estar pensando de ella? Notó una mirada fija apuñalándola. Era él. Tenía que hablar con él.

A la hora de la cena, la muchacha se sentó del lado opuesto a su hermano, mientras continuaba cotilleando acerca de todo lo que se había perdido estos años para ponerse al día. Su papá pidiéndole la sal la despertó de aquel trance de arrepentimiento. El señor Bananza notó que algo no estaba bien con su hija y le preguntó si algo le pasaba. Ella respondió que no tenía hambre y que mejor iría a su pieza.

- De seguro es que está nerviosa por lo que no te ve hace tanto, Ciruelito - Comentó la madre del joven, esforzándose en cortar la carne que había preparado su esposo

Ciro asintió. La última vez que había visto a su hermana le llevaba muchas más cabezas. El paso del tiempo era más que evidente, y haber estado ausente por mucho tiempo, puede no permitirte responder de la forma que quieres. Se levantó después de comer, ayudó a lavar los platos y se dirigió a la habitación de Miki.

- ¿Estás ahí ratita? - Tocó la puerta y la llamó por el apodo que le había puesto cuando aún era muy pequeña. Al no recibir una respuesta, consideró marcharse, pero el sí, breve y sofocado por la almohada que provino del interior lo animó a entrar

En la casi por completo oscura pieza de la joven, Ciro se sentó sobre la silla de la ropa y prendió la lamparita que se encontraba en la esquina del escritorio. Miki se destapó y volteó a verlo. Él abrió su morral una vez más y sacó de su interior un brazalete de cuentas enchapado en plata, con las iniciales de su hermana, que dejó a modo de regalo por su cumpleaños.

- Hola. Me parece que no estás muy contenta con que yo haya regresado. ¿Puedo saber si pasó algo? ¿Interrumpí algo?

- No, no es eso - Miki se sentó y miró al piso. Estaba avergonzada

- ¿Entonces, qué es? Si se puede saber. Regresé tan rápido como me despacharon por unas semanas de vacaciones. Pensé que estarías más feliz de ver a tu hermano de nuevo. Supongo que aún, estás enojada, ¿Por eso, verdad?

- ¡No! - Se sobresaltó ante la suposición - No. Lo que pasa es que, yo estuve mal. Todo este tiempo, no sé como no pude hablar con vos

Ciro se levantó de la silla y se echó en el piso junto a su cama. Era momento de una charla hermano a hermana. - Sé que debes tener algo guardado. No me hablaste todo este tiempo. Por algo debe ser. Escupilo antes de que me vaya de nuevo - Le recomendó el joven

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