4.- El tiempo vuela

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—Disculpe, eh... mi señor... amo... —no tenías idea de cómo dirigirte a él, te habías puesto nerviosa al escuchar lo que dijo. Sin embargo, Kurapika actuaba con total serenidad a pesar de lo tensa que estabas.

—Por favor, llámame Kurapika, sólo tú puedes dirigirte a mí de esa manera, a nadie más se lo permito. —aclaró dirigiendose a un sillón de piel oscuro para sentarse.

—Está bien, Kurapika. —te inclinaste un poco siendo respetuosa y manteniendo la distancia.

—Eres mi sirviente de confianza, talvez tuviste una confusión al leer tu contrato, hay una gran diferencia entre sirvienta de limpieza y sirviente personal.

—Entonces... estoy a sus órdenes, dígame qué tengo que hacer. —mirabas a otro lado para evitar enfocarte en su pecho descubierto.

—En un momento te mostraré el departamento con todas sus áreas y funciones.

—¡Muy bien!

—Pero antes de hacerlo, no olvides tu uniforme. Lo encontrarás en un baúl de madera en mi habitación, cada día usarás uno nuevo, lo mandé hacer a tu medida.

—Se lo agradezco, con permiso. —Realizaste una pequeña reverencia y fuiste a buscar el uniforme. —¿Cómo sabe cuáles son mis medidas? —pensaste tratando de recordar si dijiste algo al respecto.

Al entrar a la habitación, notaste que la cama estaba deshecha, el resto de muebles parecían impecables y todo se veía en orden, un aroma suave a vainilla impregnaba cada rincón.

Abriste el baúl que estaba al pie de la cama. Tomaste la prenda y te quedaste unos segundos revisándola por todos lados, pensaste que te habías equivocado de baúl, pero era el único.

—Esto... no es normal. —susurraste cubriendo tu boca de la impresión— Este no es un uniforme de sirvienta...

Un vestido rojo corto de largo escote en la espalda y unas zapatillas negras justo de tu talla eran el conjunto al que llamarías algo más de fiesta de gala que de trabajo.

—Ah, disculpa... —saliste un momento para preguntar y estar segura de lo que habías encontrado— Kurapika, creo que la ropa está equivocada, esto fué lo que encontré en el baúl que me señalaste, creo que hubo un error.

El chico ni siquiera apartó la vista de su celular, de reojo se dió cuenta de lo que llevabas en las manos.

—No hay error, ese es tu atuendo. Si no te queda, puedo decírle a mi costurera y lo ajustará. ¿Puedes ordenar mi cama después de vestirte? te lo agradezco.

—Pero no... —quisiste preguntar más, aunque que él se alejó para hacer una llamada y tus mejillas se ruborizaron— no me refería a eso...

No tuviste opción, el vestido era lindo pero muy revelador, era la primera vez que usabas ropa de ese tipo.

—Me muero de la vergüenza, estoy en la casa de un millonario prestigioso, tendiendo su cama mientras visto un atuendo provocativo, ¿qué clase de trabajo es este? —pensabas intentando acomodar las almohadas sin que el vestido subiera más de la cuenta, ya que era demasiado corto para inclinarte.

Diste un salto fuera de la cama al ver a Kurapika entrando y permaneciste quieta esperando alguna otra orden.

—Continúa —dijo dirigiéndose hasta una pequeña mesa de noche— sólo entré por mi cargador.

Salió tan rápido como llegó y cerró la puerta cuidadosamente, dejándote con muchas dudas que se acumulaban como espuma en tu mente.

—Ni siquiera me mira, ¿porqué me pide que use esto si no tiene intención de verme al menos? —por alguna razón, te decepcionaba que un jefe tan atractivo presentara ese desinterés por una chica que estaba ahí para servirle en lo que deseara. Se te daba mal hacer cualquier cosa y tardaste algunos minutos en encontrar un orden a las sábanas. Una vez hecho, saliste de la recámara para comenzar a trabajar. —Ya quedó lista su recámara.

—Discúlpame, tengo una salida de emergencia, ¿puedes hacerme un favor? —dijo acercándose a tí mientras guardaba un arma en su bolsillo trasero.

—Claro, lo que ordenes.

¿Cómo negarte a las órdenes de alguien que está armado?

—Abotona mi camisa, por favor.

—¿Q...qué? es decir, ¡sí! de inmediato. —tus mejillas se encendieron y apretaste los dientes mientras tus manos se acercaban torpemente a la camisa del rubio.

Escuchabas su respiración soplando sobre tu rostro mientras tus ojos se concentraban en el único sitio donde no querías ver.

—De cerca su piel es más linda, su perfume huele muy bien. —pensabas tratando de mantener la compostura, tragando saliva mientras cerrabas cada botón despidiéndote de la piel que ocultabas.

Sabías que era algo que podía hacer él mismo y no entendías porqué lo hacías, no parecía una tarea importante como para rechazar a tantas candidatas, pero estar a unos centímetros de su rostro te ponía los pelos de punta, a cada momento te hacías una mala idea, pensamientos y deseos extraños ensuciaban tu imaginación.

—No te asustes, no voy a tocarte. —tranquilizó aún sin cruzar miradas, pero era evidente que también su rostro estaba ligeramente enrojecido, podías ver que llevaba lentes de contacto oscuros bajo sus pupilas y te preguntabas para qué querría ocultar el color de sus ojos.

—Listo. —terminaste alejando tus manos detrás de tu espalda y esperando una siguiente orden.

—Gracias, ya puedes cambiarte de ropa, terminó tu jornada. —dijo causándote asombro.

—¿Es todo? —cuestionaste pensando que se trataba de una broma, para tí no habían pasado ni 20 minutos.

—Sí, ya acabó tu hora, ve a descansar, nos veremos mañana. 

Revisaste el reloj de tu celular cuando fuiste a cambiarte de nuevo y notaste que ya eran las 5 pm. Tardaste más de media hora haciendo la cama y ni cuenta te diste, vaya que Jade tenía razón, no sabes hacer nada.

—Agradezco tu ayuda, el pago de hoy ya está en tu cuenta, pasa una buena noche. —se despidió Kurapika abriéndote la puerta.

Sonreíste y te despediste también, pero en tu mente resonaba una extraña culpa.

—No me dió el tour por la casa...

Tentación pagada [+18] [Completa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora