VI

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Cuando Adrienna despertó la noche siguiente, supo que se había despertado al lado de su esposo después de tanto sexo. Por lo que Luciano seguía dormido.
Ella se levantó de la cama por que comenzó a escuchar el piano.
Adrienna se puso la ropa que tenía del día anterior tirada por el suelo y después salió hasta el gran salón.
Cuando llegó a los pocos minutos, vio que Francesco estaba sentado y tocando el piano.
Ella se acercó a él y después se sentó junto a su lado. Donde comenzó a tocar sin pensar.
Las notas del piano hicieron que Adrienna recordara lo que había leído en esas páginas arrancadas. Por lo que ella se vio obligada a decir:
―¿Por qué me ha mentido padre?
―¿Qué quieres decir?
―Que por que me mintió con respecto a la muerte de mis padres.
―Te he contado como ha
―he leído las páginas que estaban arrancadas de su diario padre.
Ella hizo una breve pausa.
―Como puede ser que todo lo que me había contado haya cambiado en tan solo unos segundos con unas páginas que usted arrancó para que yo no supiera toda la verdad. Eran vidas inocentes padre y usted las arrebató sin más y sin pensárselo. Incluso la de mis padres.
―Hija déjame que te explique por...
―...creo que ya no hay nada que explicar. Usted mató a mis padres. Tan solo porque Carlo se enamoró de mi madre. ¿Desde cuándo son enemigos ustedes dos?
―Desde mucho antes de que tu nacieras.
―¿Por qué mataste a mis padres?
Pero ni siquiera Francesco le respondió a esa pregunta.
―Lo hiciste por placer. Por qué Carlo se enamoró de ella y no sé de qué forma. Y por alguna cuestión usted se vengó.
Adrienna hizo una breve pausa.
―No sé cómo mis padres conocían a Carlo, desde cuando ustedes son enemigos y por qué. Pero usted no tendrá ese cargo en el consejo. Seré yo misma quien diga toda la verdad de lo que pasó hace años con mi familia.
Francesco dejó de tocar y después de eso, cogió a Adrienna por el brazo.
―No me vuelvas a amenazar.
―No lo estoy haciendo. Pero sí que está en juego toda la verdad de mi vida.
―Y piensas que Carlo no sabe toda la verdad. E incluso el consejo.
―El consejo es el consejo. Solo creo que solo sabe lo que usted le ha contado.
―El consejo sabe lo necesario.
Francesco continuó tocando y no le hizo caso. Por lo que ella dejó de tocar y se marchó del gran salón. Olvidando que Luciano estaba arriba dormido aún.
Ella llegó a la casa que le regaló Francesco al cabo de unos minutos, comenzó a pensar en lo que había leído el día anterior de las páginas arrancadas del libro que redactó Francesco a lo largo de su eternidad.
Cuando entró en el salón, lo único que ella quería era romper todo lo que había. Todo lo que tenía a su alrededor era una completa mentira y quería destruirlo.
De la misma rabia, tiró con la mesita de cristal en la que estaba todo el alcohol.
―Si vas a empezar a tirar cosas, yo te ayudo.
Ella se giró y vio ante ella a Paolo.
―Vete de aquí ―dijo ella enfadada.
―Vaya. Ya veo que los humanos sois impulsivos.
―Paolo vete. Acabo de saber toda la verdad de quien es realmente Francesco.
―¿Como?
―Tú mismo le diste las pistas a Guilherme y las he seguido.
―Pues ahora que sabes toda la verdad, deberías de venirte conmigo. Mi padre te contará toda la verdad y...
―sé toda la verdad. Tú padre también se encaprichó de mi madre. Más aun sabiendo que estaba casada con mi padre.
―Las respuestas las tiene todas él. Por eso deberías de venir conmigo. Ahora que tu esposo está lejos de aquí.
―No puedo irme sin más. Estaría traicionando a mi aquelarre.
―Tú aquelarre está con nosotros. Si vienes conmigo sabrás más cosas que Francesco no sabe y que se lo hemos ocultado.
―¡ADRIENNA! ―la voz de Luciano fue como un trueno furioso.
Adrienna miró hacia donde estaba Paolo y este no estaba ante ella. Por lo que supo que Luciano se estaba acercando a la casa.
Luciano este entró en la casa, cerró la puerta y se dirigió hacia el salón.
Cuando este vio que había roto la mesita de cristal y que todo el licor tirado por el suelo, se acercó a Adrienna y le dijo:
―¿Qué es lo que has hecho?
―Lo he tirado por la rabia.
―¿Y por qué estás rabiosa?
―Creo que tú sabes de sobra porque lo estoy.
―Me he despertado y no estabas a mi lado. En tu lugar estaba padre. Quien me ha pegado una bofetada y me ha tirado por la ventana diciéndome inútil. Cuando le he leído los pensamientos, he sabido que tú has descubierto todo.
―Pues si lo sabes, déjame en paz.
―Oh no querida. Ahora es cuando voy a castigarte en el sótano por las palabras tan duras de padre. Y espero que aparezcan las páginas.
Después, Luciano cogió a Adrienna por el brazo y la llevó hasta el sótano.
Ahí, el vampiro la puso en la cruz de San Andrés y le puso unos grilletes.
En segundos, comenzó a castigarla. Donde elle sintió arañazos sobre su espalda y algo que le dejaba cansada.
Después, Luciano comenzó a follarle sin parar para dejarla cansada.
Tras una larga noche, el vampiro llevó a su esposa a la cama y antes de que saliera el sol, se marchó a la casa Bianchi para hablar con Francesco.

Paolo llegó un poco furioso al aquelarre y comenzó a tornar su cabeza en lo que Adrienna le había dicho. Había algo en su corazón muerto que quería regresar para llevarla junto al aquelarre que en realidad le pertenecía y no uno de mentira como le estaban haciendo creer.
Carlo entró furioso también. Ya que había escuchado los pensamientos de su hijo y sabía que Adrienna conocía toda la verdad.
Ambos cara a cara, Carlo le dijo mientras que le cogía por el cuello y lo levantaba al cielo:
―TENIAS QUE HABERLA TRAÍDO. AHORA FRANCESCO LA QUERRÁ MATAR.
―Dudo que el vampiro quiera matar a Adrienna sabiendo que le daría su puesto en el consejo.
―Aun así, esta Luciano. Si no la mata, le castigará hasta que su ser no pueda más. Tú y yo sabemos cómo es el hijo de Francesco Bianchi. Y llevamos más siglos que ellos en la inmortalidad.
Hicieron una breve pausa.
―Encárgate de proteger a Adrienna. Si es necesario tráela. Aquí tendrá todo lo que necesita.
―Padre.
―Dime Paolo.
―Haré todo lo que está en mi mano para que no le pasé nada a Adrienna.
Entonces el vampiro olió algo que no reconocía y supo que no tenía que meterse en ello.
Después Carlo notó algo en el ambiente y supo que su esposa le necesitaba. Tanto que tenía que dejar lo que estaba haciendo para ver qué es lo que quería la caprichosa de su esposa.
En cambio, Paolo comenzó a pensar en cómo proteger a Adrienna de su destino final. Pues sabía que al lado de los Bianchi tenia los días contados.
Fue cuando el vampiro pensó en su pasado y pensó en ella como un afán de amor. Tanto que recordó como Luciano la arrastró hasta la muerte. El vampiro se había encargado de matar al único amor de su vida y temía que hicieran lo mismo con Adrienna. Ya que Elía ―la humana de la que se enamoró muy profundamente― está muerta por culpa de Luciano y la familia Bianchi. Algo que se cobraría durante la guerra que Francesco no había terminado del todo con su aquelarre.

Renacida (Manos Miserables #2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora