V

61 12 0
                                        

Carlo esperó en su habitación a que las horas pasaran muy rápido. Ya que quería acabar con todo de una forma más agradable posible en esa masacre.
En cambio, todos los vampiros de los aquelarres Bianchi y Coppola esperaba a la salida de la luna para comenzar con algo que no quería hacer.
Sin embargo, Paolo seguía haciéndole el amor sin descanso a Adrienna. Hasta que ambas almas acabaron rendidas y abrazadas mutuamente antes de que la noche llegase.
Cuando la noche se hizo, Paolo, Adrienna y el resto de los Coppola se dispusieron para esa guerra. Donde Adrienna no tardó en saber que ya estaban cerca.
―Luciano es mío ―dijo ella en un susurro―. Pero al resto no le hagáis nada. Siempre puede haber esperanza.
Después de esas palabras, algunos brujos de la familia de Hodira aparecieron ante los vampiros y Carlo supo que iba a luchar con ellos por el pacto que hicieron. Pero el vampiro no quería esa guerra.
Varios minutos más tarde, algunos vampiros salieron del bosque y los Coppola comenzaron a luchar. Salvo que Adrienna esperaba a Luciano y Carlo a Francesco. Ya que el vampiro le debía cosas de un pasado que aún no quedaron atrás.
Cuando por fin ambos vampiros salieron detrás de sus guerreros, Carlo fue en busca de Francesco. Sin embargo, Adrienna se quedó paralizada sin saber que hacer. Lo único que notaba, era el vínculo entre ella y Paolo.
―Nunca pensé que nos encontraríamos en plena batalla Adrienna ―escuchó ella―. Pero no voy a luchar contigo. Voy a esperar a que todos mueran para llevarte como mi prisionera y será delicioso volver a tenerte en mi cama debajo de mí.
―Te odio Luciano ―dijo ella.
El vampiro se acercó a ella y la llevó contra la pared.
Luciano comenzó a tocarle sin que ella lo desease y ella le dijo mientras que estaba entre la espada y la pared:
―Eres un maldito degenerado.
―No debiste abandonarme cuando la guerra estalló en la casa Bianchi hace muchos días.
―Francesco debió matarme para no criarme entre vosotros. Estáis todos locos.
―No lo estábamos cuando nos pedias la inmortalidad.
―Eso cambio hace mucho tiempo.
Adrienna atestó una patada muy fuerte a Luciano que lo quedó sin aliento. Donde este chocó contra una roca gigante.
Cuando volvió a recuperar ella el aliento, vio aparecer a Francesco ante ellos.
Adrienna se abalanzó sobre él y vio que también lo hacía Carlo.
En segundos, ambos acabaron con la vida del vampiro.
―Luciano es tuyo ―dijo Carlo―. Buena suerte hija.
Ella fue en busca de Luciano mientras que ella veía como otros vampiros iban hacia el aquelarre.
Cuando ella estuvo ante Luciano, ambos se miraron con cara de odio.
―No debiste abandonarme ―dijo él con rabia.
―Y tú no debiste haberme maltratado. Y para que sepas, jamás te abandoné. Paolo me salvó de tus malditas manos miserables.
―Acabaré contigo y después con él. Así seréis un problema menos para mí.
―Vete al diablo.
Luciano se abalanzó sobre ella, pero enseguida recibió un golpe que le quedó sin aliento.
Cuando el vampiro vio quien se lo había dado, se enfadó más al ver a Paolo.
Adrienna aprovechó la oportunidad y se puso encima de Luciano.
Paolo se acercó a ellos y este terminó de arrancarle la cabeza. Pero Adrienna terminó de arrancarle el resto de extremidades.
Ambos se percataron que la guerra aun continuaba y Adrienna corrió ante todos.
Cuando llegó, se interpuso ante todos, diciéndoles:
―Parad con esta guerra de una vez.
―Cállate traidora.
―No lo soy. Francesco y Luciano os mintieron todo el tiempo con esta absurda guerra.
De pronto, imágenes comenzaron a brotar por los cielos y Adrienna vio que eran las imágenes de todas las mentiras de Francesco.
―Fue por eso por lo que escapaste del aquelarre ―se acercó Burak.
―No me marché. Paolo me salvó de un final que no merecía ―dijo ella―. Luciano me maltrataba y Francesco me mintió con respecto a los asesinatos de mis padres.
Ella hizo una breve pausa.
―Se que todos sois Bianchi, pero en el aquelarre Coppola no hay diferencias ―dijo Adrienna de nuevo―. Quien decida seguir luchando que lo haga. Quien no, será bien recibido en la familia Coppola, aunque tengáis sangres diferentes a la nuestra.
Entonces ella comenzó a sentir que todo ese odio de guerra comenzó a desaparecer en todos.
Paolo se acercó a ella y ambos se abrazaron. Donde por fin sintieron paz.
Adrienna terminó por besar a Paolo y este se dejó llevar por ese beso mientras que todo se tornaba con tranquilidad esa noche después de la tempestad.
Y ambos cansados por la lucha, se marcharon a la habitación para estar a solas.
En cambio, Danae y Paolo se miraron cara a cara y el pacto se había sellado para siempre para el aquelarre Coppola y la familia de Hodira. Algo que jamás pensó que ocurriría con el pasar de los años.
Los miembros de las familias se unieron para dejar la guerra en paz y los Coppola le dieron la bienvenida a todos los Bianchi que se unieron a la familia. Los que no, se marcharon huyendo de la ciudad y dejaron que todo se colmara en tranquilidad para siempre.

Renacida (Manos Miserables #2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora