IV

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Pasó una semana después y Adrienna lamentó tener que regresar de la luna de miel al lado de los Bianchi.
En esa semana, Luciano llevó a ver de noche a Adrienna la ciudad de Roma con mucho ímpetu y cuando le daba una rica cena en uno de esos restaurantes que tanto a ella le gustaba; volvía a llevarla al hotel y mantenían relaciones sexuales con su esposa y también alimentándose de su sangre. Cosa que ella no tuvo más remedio que aguantarse porque sabía que no tenía opción.
Cuando el vampiro y Adrienna llegaron a la casa que les regaló Francesco, ambos dejaron las cosas en el closet y fueron hasta la chimenea. Donde Luciano la encendió y cuando ella se percató del calor que había en el ambiente, se tumbó encima del sofá.
En cambio, Luciano no le dijo nada. Ya que sabía que su esposa estaba cansada del viaje, aunque sabía que de la ciudad al pueblo solo había unos cuantos minutos en el tren.
―Bienvenidos a la casa hijos ―dijo Francesco entrando por la puerta.
Al ver el vampiro que Luciano estaba ante la chimenea y su esposa no estaba ahí y tan solo escuchaba el latido de su corazón, le preguntó:
―¿Dónde está Adrienna?
―Está aquí tumbada. Viene muy cansada del viaje y he decidido que duerma un poco antes de ir a veros.
―Nada de cansados. Hemos preparado una fiesta con algunos miembros de aquelarres para daros la bienvenida.
―Padre ―ella se levantó de un poco del sofá y volvió a decir―: estoy un poco cansada la verdad. Si Luciano tiene ganas de ir, que vaya solo.
―Y tu esposo no puede ir solo porque tiene a una mujer que tiene que cuidarle ―dijo Francesco―. Vamos, os tenéis que cuidar mutuamente.
―Padre ―dijo Luciano― por esa misma razón estoy cuidando de mi esposa. Si ella viene cansada no iremos a la fiesta.
―Y le haréis el feo a los Wright o a los Coppola.
―¿Qué hacen los Coppola aquí? ―preguntó Luciano―. Se suponen que son nuestros enemigos.
―Seguimos con el pacto de paz, aunque Carlo quiere llegar a una guerra.
―Padre ―Adrienna se incorporó y le dijo―: podría hablar con el tal Carlo para que deje el hacha de guerra.
―Ya te hemos dicho que no podemos pactar nada con ellos Adrienna ―dijo Luciano―. Tú quédate tranquila. Yo voy solo a la fiesta.
―Ni hablar ―volvió a decir ella―. La fiesta es para los dos. Así que iremos e intentaré divertirme por un rato. Aunque esté cansada.
―Me encanta tu espíritu de valentía muchacha ―dijo Francesco―. Me alegra saber que yo te hice así.
Entonces, tras un largo silencio, Francesco se marchó de la casa que les regaló y Luciano le dijo:
―Pensé que no querías ir a ninguna fiesta hoy.
―Y no quiero. Solo que no pienso dejar que te diviertas sin mí.
―Eso significa que podré alimentarme de ti esta noche.
―Me da igual lo que hagas. Lo único que te pido es que no volvamos tan tarde. Mas aun cuando sé que los Coppola están en esa fiesta.
―Aun sigo sin entender por qué padre los invitó.
―A saber. Pero no me gusta para nada que ellos estén aquí.
Después se hizo un silencio y Adrienna terminó por ponerse los zapatos.
En segundos, ambos se marcharon de la casa.
Cuando llegaron a la casa Bianchi, observaron que había un montón de vampiros para festejar la llegada de la pareja.
Francesco le hizo un gesto a Luciano y fue hasta padre. Donde ella se acercó a Iskander y Burak para abrazarles. Sin embargo, Adrienna vio por un instante a Paolo Coppola. Pero no le dio mucha importancia.
Mientras tanto Francesco y Luciano fueron a hablar lejos de los invitados. Ya que quería decirle que había problemas desde que se marcharon a Roma.
―¿Y qué podemos hacer? ―preguntó Luciano cuando terminó por leer los pensamientos de Francesco.
―Si no la vas a transformar ahora, deberías de fingir que lo haces. Pero debiste darle la inmortalidad el día en que os casasteis.
―Déjeme ver qué puedo hacer.
―Eres listo y seguro que se te ocurrirá algo. Yo te hice así.
Entonces Luciano no le dijo nada. Por lo que ambos cogieron una copa de vino y comenzaron a beber de ella.
Adrienna caminó para ir a buscar algo de tomar que no fuera alcohol. Sin embargo, alguien le cogió por el brazo y ella se asustó.
Cuando se giró y vio a Paolo Coppola, empujó de su brazo y después le dijo en un susurro:
―No deberías de hablarme. Y mucho menos con mi familia observándome.
―Quería saber si lo habías pasado bien en la luna de miel.
―Muy bien, gracias.
―Por tu miedo, no lo parece.
―Coppola deja a mi esposa. Voy a llevarla a la pista a bailar.
Después con tal descaro, Luciano se llevó a Adrienna a la pista de baile y ella le dijo:
―Gracias por apartarme de ese tipo.
―¿Por qué te acecha Paolo Coppola querida? ―le preguntó.
―No lo sé. Yo lo conocí el día de la fiesta de nuestro matrimonio.
Comenzó a sonar una pieza que ella ni recordaba cómo se llamaba y Luciano la puso a bailar con él en medio de la pista de baile.
―Mírame a los ojos ―dijo Luciano.
Entonces, ella le miró a los ojos y el vampiro le dijo usando su hipnotismo:
―Voy a beber de tu sangre y cuando deje de morderte, dormirás y te llevaré a la casa. ¡Entendiste!
Ella asintió.
Luciano le mordió sin parar mientras que observaba que Carlo y Paolo los miraba. Sin embargo, el vampiro más joven de la familia, tuvo que morderse la boca para no ver la crueldad que tenía ante sus ojos.
El vampiro dejó de morder a Adrienna y esta cayó rendida. Donde no tardó por ningún segundo en llevarla a la casa.
Francesco se acercó a Carlo y sonriendo, el vampiro de los Coppola le dijo:
―Veo que ya la transformaste.
―Por eso ya no estáis haciendo nada aquí.
Carlo se marchó de la fiesta y Francesco acudió a donde había ido Luciano con Adrienna.
Cuando llegaron al coche, Carlo y Paolo se montaron y al marcharse de la casa Bianchi, le dijo:
―Vigila que todo está en orden. Si Luciano Bianchi no la ha transformado, tomaré consecuencias ante el consejo.
―Si padre.
Y el chofer continuó su camino, mientras que Carlo pensaba si todo aquello que había visto era verdad.
En cambio, cuando Francesco llegó a la casa que les regaló a ambos; vio que Luciano iba hacía la habitación de matrimonio.
Ahí, Francesco vio como Luciano ponía a su esposa encima de la cama y el vampiro le preguntó a su padre:
―¿Cuánto tiempo tardará en reaccionar?
―Dormirá hasta que su corazón bombee la sangre que le has quitado ―le respondió Francesco―. Cuando la recupere no recordará lo que hiciste.
―Voy a darme una ducha. Necesito que se me pase todo el enfado que sentí cuando noté la ira de Paolo Coppola cuando le sacaba su sangre.
―Paolo es como su padre. Si lo vemos rondando la casa, mátalo. Quizás será una recompensa por lo que me debe aún su padre.
Luciano asintió.
―Padre, mañana llevaré a Adrienna a la casa. Quiero pedirte que sea ella quien escoja algunos libros de su infancia que le inculcaste a leer.
―Vale. Yo mañana tengo que resolver asuntos fuera.
Luciano se marchó hacia el cuarto de baño, mientras que se desnudaba para darse aquella ducha.
Francesco se marchó sin dejar de ver como Adrienna dormía mientras que su corazón bombeaba la sangre que su hijo le quitó durante la fiesta.
Sin embargo, no dejó de pensar si Carlo se había creído la papeleta de la transformación de Adrienna ante sus invitados y esperaba que así hubiese sido.

Renacida (Manos Miserables #2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora