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Pasó una semana después desde que Luciano y Adrienna se enfrentaron por primera vez en muchos días sin estar en la casa Bianchi.
Carlo intentó solucionar lo de la guerra sin meterse en ella con Luciano y Francesco. Pero lo único que querían era a Adrienna de vuelta. Y el vampiro no iba a permitir que ella sufriera a manos de su esposo.
Mientras tanto, Adrienna y Paolo mantuvieron vivo sus vínculos muy unidos con su sangre en cuerpo y alma. Donde por fin, ella aclaró sus sentimientos al vampiro.
Aquella noche, la primavera comenzaba. Pero para ellos seguía siendo un invierno en días oscuros.
Paolo fue con Adrienna hasta la casa de sus padres para coger algunas cosas de su madre y dárselas a ella.
Cuando ambos entraron en la habitación, ella sintió por fin paz. Al menos desde que estuvo ahí por última vez. Donde casi Guilherme la hace suya y donde le interrumpieron a ello.
Adrienna fue hasta el tocador y ahí encontró las joyas de su madre. Donde no tardó en cogerlas.
―¿Por qué quieres llevarte las joyas? ―le preguntó Paolo.
―Porque quiero dárselas a mi madre para que las tenga.
―¿Y el colgante que llevas puesto?
―Ella me lo regaló cuando fui a dárselo. Dice que es un regalo por no haber estado a mi lado en estos años.
―Vale.
Ella miró hacia el espejo y vio a Guilherme ante ella.
Adrienna se giró y no lo vio tras ella. Solo vio a Paolo mirándola.
―¿Ocurre algo? ―le preguntó el vampiro.
―No.
―Sabes nena que no puedes mentirme. Que estamos vinculados y tus inquietudes son las mías.
―Lo sé.
Ella volvió a mirar hacia el espejo y todavía estaba Guilherme ahí. Quien le sonreía sin parar.
―¿Qué tiene que ver Guilherme aquí? ―le preguntó de nuevo Paolo.
―Lo estoy viendo ahora mismo ante el espejo.
Paolo se acercó a él y este no le vio.
―Pues yo no le veo.
―Solo puedo verlo yo ―le dijo ella.
―¿A qué te refieres?
―Mi madre descubrió mi don hace tres días. Yo también puedo ver el futuro y atraer a las almas buenas de mi vida pasada y verlas por última vez ―le respondió―. Es como tu don. Tú sabes controlar tu sed con la sangre de animales y la de humanos.
―Es cierto ―le respondió―. Pero por lo que también observo, es que sabes controlar tus pensamientos. Me llevo percatando desde que te transformé. Incluso antes. Desde que te comencé a proteger.
―Lo llevo haciendo desde que vivo entre vampiros. Ya sabes por qué.
―Luciano pagará esta guerra que está iniciando. Pero también cualquier Bianchi que se una a esa causa.
―Pero temo por la vida de todos ―dijo ella.
―Yo voy a protegerte eternamente. No debes temerle a nada. Incluso a la muerte.
―A lo único que temo, es que todo salga mal en esa guerra.
Paolo fue detrás de ella y le acarició los hombros diciéndole:
―Tranquila. Se una forma de que dejes de pensar en la guerra y puedas relajarte. Vayamos a la casa.
Ella terminó de coger las joyas de su madre y después se marcharon de la casa de sus padres. Donde ella le dio las gracias a Guilherme y se despidió de sus sentimientos hacia a él.

Él miraba por la ventana del despacho, mientras que pensaba en como frenar una guerra que no quería. Solo sabia pensar en la traición de su hijo a pesar de que lo había unido con Adrienna. Alguien que le podía haber dado un futuro mejor que el suyo. Salvo que supo que lo había estropeado todo.
Había pasado una semana desde que leyó en la mente de Luciano la palabra guerra y temía por lo peor. Incluso que su aquelarre no sobreviviera a dicho masacre. Se preguntaba por qué hacía todo eso. Pero cuando recordó la última vez que había visto a Adrienna junto a su hijo, la respuesta la obtuvo de ese pensamiento.
Francesco se maldijo por haberle ocultado la verdad a Adrienna. Ahora le daba por pensar que, si le hubiera dicho toda la verdad desde su tiempo con los Bianchi, aquello no estaría ocurriendo.
La puerta del despacho se abrió.
Cuando el vampiro se giró, vio a Luciano ante sus ojos. Sin embargo, no le dijo nada. Ya que el vampiro estaba muy enfadado con él porque quería hacer algo que él no había vuelto a hacer desde que Adrienna comenzó a estar entre ellos hace casi veintisiete años.
―Sigue pensando que esa guerra no es buena, verdad padre ―dijo Luciano.
―Tú sabes que no lo es ―le respondió el vampiro―. La última vez que me enfrenté a los Coppola no salió vivo ningún humano de ese pueblo. Incluso la mujer que Carlo amaba con su marido. Si pacté con él la paz fue para asegurarnos un futuro mejor ante el consejo hijo. Tú lo vas a estropear todo. No quería que ninguno de tus hermanos adoptivos muriese tras lo que fuera a pasar.
―Pero el consejo sabe que los culpables de todo lo que paso hace años son los Coppola.
―Eso no es así. El consejo puede ver más allá de lo que tus palabras dicen y aquel día supieron que yo tenía la culpa de esa guerra.
Pero Luciano no dijo nada. Solo mantuvo el silencio.
―Si he mantenido con vida a Adrienna era para evitar que su futuro al lado de los Coppola no se hiciera realidad ―dijo de nuevo―. Pero tú le has maltratado y ella se ha ido con ellos por tu culpa.
―Cállese padre ―dijo Luciano―. Usted sabe que yo estoy enamorado de ella. No voy a permitir que nadie se quede a su lado. Incluso un Coppola. Solamente yo.
―Eres un egoísta y al final, el egoísmo se paga.
―Veremos a ver quién paga primero, padre.
Ambos se miraron a los ojos y Luciano comenzó a mostrarle el odio que sentía a Francesco por no apoyarle a su causa. Sin embargo, de la misma rabia, Luciano se marchó del despacho. Dejando a solas a Francesco con sus más oscuros pensamientos.
En cambio, Luciano hizo una llamada a todos los hijos que había creado en Roma con sus pensamientos y les dijo a donde tenían que ir. Ya que él le había dicho que se estaban preparando para una guerra cuando menos se lo esperasen. Y sería una guerra con mucha sangre.

Cuando llegaron a la casa, ambos saltaron hacia la habitación de Paolo y cuando llegaron ante la cama, Adrienna no tardó en decirle sin dudar.
―Fóllame Paolo.
―Si lo hago, lo haremos a mi manera.
Ella se encogió de hombros. Ya que le daba igual como se lo hiciera esa vez. Solo le importaba llegar al orgasmo..
―Bien ―volvió a decir el vampiro―. En ese caso, desnúdate.
Ella comenzó a quitarse la ropa y cuando terminó de hacerlo; esperó a los roces de Paolo con mucha intuición.
En pocos segundos, Paolo le tapó los ojos y a penumbra sintió la adrenalina que una vez le dijo Luciano que sentía.
Después la hizo caminar a oscuras y cuando Adrienna tocó algo liso, supo que estaba encima de la cama.
―Sube más arriba. Y cuidado con no darte.
Ella le hizo caso.
Adrienna subió su cuerpo hacia arriba y esperó a que Paolo le tocase.
Él comenzó a tocarle sus muñecas y le puso unos grilletes. Ella forcejeó un poco y el vampiro le leyó los pensamientos.
―Tranquila. No voy a hacerte daño.
Ella notó en segundos que este bajó de la cama y sintió después ruidos. Algo que le desconcentró por completo, llevando sus pensamientos hacia a otro lado.
Adrienna volvió a notar el peso encima de la cama y supo que Paolo había subido de nuevo. Donde notó en segundos una erección.
En pocos minutos, Paolo le arrancó la ropa a ella sin quedarle ninguna y tras eso, subió la pierna de Adrienna y le dijo:
―No voy a castigarte como ha hecho Luciano. Con lo único que voy a castigarte es con unos buenos orgasmos. Pero antes voy a divertirme un poco.
Ella sintió las vibraciones y lo entró en su vagina. Sacándolo y metiéndolo en breve.
―¿Qué es ah ah eso? ―dijo ella entre gemidos.
Lo desconocido para Adrienna se volvía más excitante y enseguida reconoció que tenía un vibrador sexual sobre su sexo metido. Algo que le estaba haciendo vibrar más de la cuenta.
―Sácalo ―le suplicó.
―Ya conoces mi respuesta a ello Adrienna. Y es un no.
―Por favor.
En breve, subió la pierna izquierda aún más arriba y tras ello, lo hizo también con la derecha. Poniendo su trasero en pompa.
Ella notó un ligero dolor sobre su ano y supo que estaba metiendo muy despacio su pene en su interior.
Ella gimió sin opción. Ya que las vibraciones y el miembro de Paolo le estaban haciendo sentir aún más loca de lo que ya había estado en los últimos días tras su transformación.
Tras unos segundos dilatando su ano, paró de moverse y enseguida Adrienna notó algunas vibraciones sobre su sexo. Hasta que las notó más profundas en su clítoris.
―Eso es. Gemir es lo único que quiero escuchar ahora de tus labios.
Paolo comenzó a moverse por su ano y junto a él, las vibraciones hacían que su placer se disparase aún más.
―Recuerda que no debes de correrte sin que lo haga yo. Si lo haces, me correré en tu boca y ya conoces la norma después de que lo haga. Solo quiero que esperes o me digas cuando llegas al clímax. ¿Lo has entendido Adrienna?
Ella asintió.
Él aumentó un poco más sus embestidas sobre su ano y Adrienna se estaba retorciendo por el placer. Tanto que llevó sus manos a las rendijas de la cama y subió su cabeza para ver qué es lo que Paolo estaba haciendo. Sin embargo, la venda se lo impedía.
Los gemidos aumentaron de su boca. Sin embargo, lo que más le excitaba a ella era tenerle dentro. Ella comenzó a pensar que Paolo era un Dios en la cama cuando se lo proponía. Y eso se lo había demostrado en pocos días.
Paolo aumentó más rápido las embestidas y ella notó que el vampiro le agarraba las manos. Apretándolas muy fuerte.
El choque de su pelvis con el trasero de Adrienna hizo que sintiera algo sobre su estómago. Algo que no podía entender aún. Ella sabía que era placer, mezclado con adrenalina. Sin embargo, lo que le motivaba a Paolo a chocar su pelvis con su trasero, era sus gemidos. Que eran muy seguidos por que estaba sintiéndole en tres lugares.
Paolo paró de embestir por unos segundos y fue hasta la cara de Adrienna. Donde le quitó la venda de los ojos.
―Me gusta ver que los dos vibradores y mi polla están haciendo que tu placer sea aún más intenso.
Sin embargo, solo hubo gemidos por parte de Adrienna.
Paolo continuó penetrando su ano y ella pudo notar como su miembro palpitaba sin parar.
La vagina de Adrienna se contrajo y ella supo que estaba a punto de alcanzar el orgasmo.
―Paolo... ah...
―Dime nena.
―Estoy a... punto de... ah... llegar al... ah... orgasmo... ah... ―le dijo.
―Mejor. Yo todavía no. Así que me dará más tiempo a mí de correrme y tu tener otro orgasmo.
―Para los vibradores ―le dijo.
Sin embargo, Paolo hizo oídos sordos. Continuando con sus embestidas.
―Córrete nena ―le dijo mientras que le penetraba.
Paolo embistió más rápido aun y ella notó en segundos su orgasmo. Donde las vibraciones en su clítoris se volvieron como puñales.
Paolo continúo penetrando y ella temblando por haber llegado al orgasmo.
El vampiro continuó penetrando rápidamente. Hasta que llegó a su orgasmo junto a Adrienna de nuevo. Quien parecía tener la llama de la pasión más encendida.
Tras ese orgasmo, Paolo quitó los vibradores de su vista y tras ello, le dio una vuelta a Adrienna. A la que comenzó a penetrar de nuevo por su vagina para llegar de nuevo a varios orgasmos que le estaban quedando sin aliento.
Fue en toda la noche, donde ambos se redimieron el uno con el otro. Donde no dudaron en mantener su vínculo más unido. Bebiendo la sangre del uno y del otro.

Renacida (Manos Miserables #2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora