VII-El orgullo de un Japonés

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El orgullo de un Japonés

                                   
                                         
—Lo de la chica, Lana, es por motivos de la empresa. Salen juntos, se sacan fotos y a la gente les encanta, tienen... tienen muchos fans —traté de explicarle, pero a cada palabra que decía, sonaba más y más estúpido—. No son pareja de verdad. Es solo una estrategia de marketing.

                         
Dahyun me escuchaba con expresión seria y asentía de vez en cuando, como si comprendiera a la perfección aquello.

                         
—Entonces, ¿Jimin no está fuera del armario? —me preguntó.

                         
—Sí, sí lo está, pero es algo privado y es su decisión compartirlo o no con la prensa.

                         
—Así que sale por ahí con esa chica, tienen cenas románticas y tú les sacas fotos y les acompañas a Francia.

                         
Me tomé un momento antes de responder:

                         
—Algo así.

                         
—¿Y tú estás bien con eso, Kookie?

                         
—Sí —me costó un poco responder, solo un poco—. Sí —repetí, con un poco más de fuerza que antes—. Jimin se esfuerza mucho por dejarme claro que yo soy su única pareja. Él me quiere mucho y se preocupa por mí —le dije con tono serio.

                         
—Sé que te quiere, Kookie —afirmó mi hermana—. Hay que estar ciego para no darse cuenta de la adoración con la que te mira algunas veces.

                         
Una pequeña sonrisa se deslizó por mis labios y me sentí un poco avergonzado por oír aquello de labios de mi hermana.

                         
—Y sin duda te... cuida bastante —añadió, señalando mi ropa de marca, mi peinado moderno y mi carísimo rolex—, pero, o has cambiado mucho tus gustos en hombres, o no entiendo qué le ves tú a Jimin. Es muy guapo, alto y tiene un cuerpo maravilloso —asintió antes de que pudiera responder—, eso no te lo niego; pero en el resto... no se parece en nada a lo que solía atraerte tanto.

                         
—Jimin es bastante gracioso.

                         
—No es gracioso —respondió rápidamente mi hermana.

                         
—No aquí —acepté, porque el señor Park no había mostrado su mejor cara en su estancia en la casa—, es un poco... serio al principio.

                         
Mi hermana fumó otra calada y se quedó mirándome con sus cejas rojizas un poco apretadas.

                         
—¿Un poco? —terminó preguntando—. Puedo contar con los dedos de las manos las veces que le he oído hablar con alguien que no seas tú.

                         
—Jeongin tampoco habla mucho —contraataqué yo.

                         
—No metas a Gin en esto —me advirtió ella, señalándome con la mano con la que sostenía el pitillo—. Sabes que papá le tiene acojonado. —Puso una mueca de molestia y después agitó la cabeza, moviendo el moño apretado con el que se había atado su melena caoba—. Oye, Kookie. Si a ti te gusta Jimin, sabes que te apoyaré, pero me ha decepcionado mucho conocerle en persona. No es gracioso, no es divertido, no es humilde, tampoco parece especialmente inteligente ni interesante. Solo es guapo y tiene dinero —Dahyun resopló, como si eso fuera algo que ni siquiera hubiera que tener en cuenta—. Si te soy sincera, no es la clase de hombre que creía que traerías a dormir a casa algún día.

El Asistente (Jikook)(En Edición)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora