Capítulo 17

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Viene del Olimpo

Alaina.

Subí a paso lento las escaleras en forma de caracol que dan con el segundo piso de la casa de playa, me detuve al estar en frente de la habitación que me indicó Maya, la misma que ahora compartiré con él idiota que anda rondando en mi cabeza.

Tomé una respiración profunda, para intentar calmar los latidos desbocados de mi mi corazón y preparándome mentalmente para el huracán que se avecina, pero... ¿Estoy preparada para ello realmente?

Escondí un mechón rebelde de mi cabello detrás de mi oreja y arregle un poco mi remera y sin más, giré el pomo de la puerta color pastel y entré.

Lo primero que captó mi atención y que provocó que casi me ahogara con mi propia saliva fue ver a Edmond de espalda hacia mi, simplemente utilizando una toalla blanca alrededor de su cintura, su espalda bien definida en la cual se aprecia cada músculo digno de un mismísimo Dios griego venido del olimpo. Su cabello se encuentra desenfadado y húmedo, su cuerpo está cubierto por gotas de agua que ruedan tranquilamente por toda su espalda, hasta perderse en la zona baja de ella, esto solo le da un aspecto sexy, caliente, hot o como prefieran decirle.

Si tan sólo fuera esas gotas de agua rodando por su cuerpo hasta su...

Santísima virgen de los abdominales no hagas que tenga estos pensamientos, perdóname.

Amén.

Como Dios me hizo torpe por naturaleza, no pude evitar tropezar con mis propios pies como genuino ser imbécil que no ve por donde camina y sin querer tiré al suelo un jarrón de color blanco y azul el cual se ve carísimo y albergaba unas preciosas margaritas blancas, las que por cierto terminaron también en el suelo.

Mierda, no es mi día, no lo es.

Gracias a Dios el jarrón no se rompió, pero mi escandalosa entrada hizo que él pelinegro se girara e hiciera que inconscientemente un hilito de baba se escapara por la comisura derecha de mis labios. Sus abdominales están aún más marcados de lo que puedo recordar, se ve que ha de pasar una buena cantidad de horas en el gimnasio.

No me imagino cómo deben de verse cuando está teniendo...

Mierda, Lana, ¿en qué estás pensando? concentrate. Virgen de los abdominales, no estás ayudando, ¿Me escuchas?

El pelinegro seguro leyó mis pensamientos, porque una sonrisa burlona y de superioridad, característica de él, se apreció en sus labios, ladeó un poco su cabeza, como un niño pequeño para observarme recoger el jodido jarrón del suelo.

—¿Estás bien?— Preguntó sin borrar la maldita sonrisa de su rostro.

El rubor se instaló en mis mejillas de manera inmediata, haciendo que todo mi rostro se me encienda en genuino fuego.

—S...si— Tartamudeé torpemente.

Mi “si” sonó más a un “Estoy a tus órdenes Daddy” que a un si común y corriente. En mi defensa esta distracción visual, pondría a balbucear a cualquiera.

Luego de recoger mi desastre, caminé con rapidez hasta un armario de madera en uno de los extremos de la habitación y lo abrí, comenzando a guardar algunas cosas de mi bolso, pero más que eso escondiendo en el mi rostro avergonzado y sonrojado como tomate.

Nota mental: Asesinar lentamente a Maya por ponerme en esta situación.

Meto cuchillo, saco tripa.

Luego de unos segundos en silencio volvió a hablar.

—¿Ya escuchaste de la fiesta que habrá en la noche?— Su voz ronca y calmada se escuchó por toda la habitación.

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