Confesiones inesperadas.
Alaina.
Un par de lágrimas calientes rodaron por mis mejillas.
Me maldije internamente por ser tan vulnerable, por no poder soportar las ganas de llorar y romper a hacerlo.
Me detuve en uno de los escalones de las escaleras y me senté en el mismo, la fiesta abajo sigue igual su rumbo, las personas evitan subir a esta parte ya que se supone que es el ala familiar de la casa, donde se encuentran todas las habitaciones.
En mi cabeza no para de reproducirse la imagen de hace un momento. No puedo creer que la besara, y si, sé que mi respuesta a la pregunta que me hizo Bianka, debió haberle molestado, pero de igual manera yo no hubiera besado a nadie, que no fuera él.
Mi estamago dio un vuelco nervioso al volver a reproducir la escena en mi mente otra vez. Sus labios sobre los de ella y justo antes de unirlos cruzó miradas conmigo.
Maldito Edmond Jones.
—¿Estás bien?— Escuché esa estúpida voz que me gusta tanto detrás de mi.
Y hablando del rey de Roma...
Limpié una lágrima rebelde con mi mano de mala gana. No puedo permitirme hacerle entender que me afectó, no quiero que él sepa que me duele.
—Estoy bien.— Respondí con una sonrisa amarga dibujada en mis labios, la cual él no alcanzo a ver, ya que se encuentra detrás de mi y lo agradezco, ya que mis ganas de realmente sonreír son nulas.
Dio un pasó más al frente y se sentó a mi lado en el escalón, me aparté un poco de él porque su cercanía siento que en este momento me quema.
Sus ojos claros me dieron una inspección rápida y entrecerró sus ojos en un gesto de no estar de acuerdo con mis palabras anteriores.
Antes de que lo dijera volví a aclararle.
—Estoy perfecta.
Mi voz sonó más firme de lo que creía que podía escucharse.
—Siempre lo estás.— Añadió torciendo sus labios en una sonrisa ladina a penas perceptible.
Entorné los ojos al escucharlo decir esas palabras. Está jodiendo ¿no?
—¿Se te hizo costumbre en New York besarte con una y con otra la misma noche?— Inquirí con voz amarga, está vez observándolo fijamente y soltando mi ácida acusación.
Por su gélida mirada se cruzó un rastro de asombro que inmediatamente desapareció.
—No estaba acostumbrado a nada, créeme.— Respondió con su voz neutra y con su coraza de tranquilidad instalada en su rostro.
No es posible que yo esté a punto del colapso mental por culpa de este idiota y el con su usual inexpresividad este sentando a mi lado sin inmutarse en lo más mínimo.
—No se por que no te creo.— Dije con fastidio sosteniendo el puente de mi nariz con mis dedos, intentando respirar y no hiperventilarme con ira.— ¿Es posible que seas tan idiota como para mentirme a la cara y que nada te importe?
Edmond suspiró y llevó sus manos a uno de los botones de su camiseta para así desabotonarlo, ya que comienza a hacer calor. Negó con su cabeza y frunció su entrecejo.
—Estar en un nuevo lugar alejado de todo es más difícil de lo que crees y más en las circunstancias en las que tuve que irme.— Habló con voz fría sin dejar de observarme ni por un minuto.— A demás a donde mirara, a donde fuera y dónde estuviera, todo me recordaba a ti
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Justo Ahora
Novela JuvenilAño y medio es lo que ha pasado desde que Edmond se fue, dejando atrás toda su vida, su carrera, sus amigos y lo mas importante... A ella. Pero a regresado y está dispuesto a recuperar su vida, retomar su lugar y a luchar por lo que quiere. En año y...
