"Un bailarín muere dos veces; una cuando deja de bailar, y esta muerte es la más dolorosa"
Es una rutina a la que Jungkook se ha sometido día a día al lado de un hombre al que odia. Sus emociones están al borde y su único escape es el baile. La danz...
No me olvides, por favor. Porque incluso si las olas de mar dejan de marchar,
O si el sol para de alumbrar,
Yo jamás voy a perder nuestro pasado altar"
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Frío, es lo primero que siente Jungkook en las mejillas.
Es más que la brisa del viento. Siente como un fugaz aliento, consolándole la fiebre. Apenas puede volver a la realidad que la bella sensación se lleva.
Ve el sol colarse por su ventana, tan tranquila como una mañana cualquiera.
Excepto que no lo es.
Mira su celular y ve que apenas son las seis, por lo que decide ser el madrugador de la casa e ir por un suave desayuno a la cocina. Apenas lava sus dientes y cara antes de salir.
No lo culpen, estaba exhausto.
La cocina vacía lo recibe y con un relativo buen humor, se prepara leche con chocolate y unos wafles congelados que encontró por ahí.
Jungkook está tranquilo.
Tararea una canción y se rasca uno de sus pies descalzos con el otro, y es Jimin el primero en aparecer esa mañana.
Y es por eso que prepara otro wafle, mientras espera a que su amigo cruce la sala principal para llegar a la cocina. Porque así de lejos Jungkook podía sentir la presencia de su amigo ahora.
Seokjin estaba dormido con Yoongi todavía en el piso de arriba hacia la izquierda. Su padre un poco más allá. Ari tras suyo. Taehyung arriba a la derecha.
Era escalofriante a la vez que intrigante.
Para cuando Jimin llega a la cocina, Jungkook ya tenía un plato servido para él.
"Buenos días" dice el omega contento, y es que Jimin lo nota distinto.
Jungkook lo sabe.
"Nunca pensé verte despierto tan temprano un sábado" comenta el mayor, sentándose en el mesón de la cocina y es poco decir que le sorprende ver un segundo plato "¿Esperas a alguien?"
"Es para ti, bobo" responde el menor, sentándose de igual manera a comer.
No es de extrañar para el menor que todos a su alrededor actúen diferente, pues sabía y sentía a su lobo. No era como antes, que le costaba a todo el mundo siquiera diferenciarlo de un beta. Jungkook olía a omega en su más puro estado.
Por primera vez en su vida, era como si su lobo hubiera revivido un poco.
No era como si tuviera el control de la noche a la mañana, pero podía sentir su omega por primera vez sin tener que forzarse y era un comienzo. Lo que le preocupaba era que Han fuera el autor de tal milagro.