"Un bailarín muere dos veces; una cuando deja de bailar, y esta muerte es la más dolorosa"
Es una rutina a la que Jungkook se ha sometido día a día al lado de un hombre al que odia. Sus emociones están al borde y su único escape es el baile. La danz...
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Una mañana de febrero, Kim Taehyung se encuentra recordando.
Piedra oscura y llena de humedad, el aroma a sangre y frío. A su yo más joven en una solitaria habitación con el anhelo infinito de que esa tortura terminase.
En esa época, creyó que jamás volvería a ver un amanecer. O a sentir el baño del sol, la luna y las estrellas. Kim Taehyung solía rezar e implorarles a los dioses que lo liberaran de tener que seguir manchándose de sangre cada día, de recibir y causar heridas. Pidió desde lo más profundo de su corazón por una salvación que no merecía, pero que aun así quería.
Y ahora, contemplando el cielo tornarse más y más claro con cada segundo, le gustaría que de alguna manera pudiera decirle a ese chico que todo estaría bien, que quizá tenía una vida que no merecía pero por la que estaba agradecido. Y que sí, vería ese y muchos otros amaneceres de ahora en adelante.
Acompañado, que era lo mejor de todo.
Está sentado en el frío patio de la residencia, una chaqueta abrigada solo para que su omega no lo regañe si lo encuentra. O mejor dicho, cuando lo haga, pues de seguro sentiría su pesadez e iría a revisar si estaba bien.
Y no se equivoca.
Jeon Jungkook hace presencia segundos después de que piense aquello, ni siquiera necesita anunciarse pues sus pisadas en la nieve y el lazo lo hacen por él. Taehyung pronto siente brazos a su alrededor dándole el calor que ha perdido por la baja temperatura. La suavidad de su voz también le brinda confort en el corazón.
"¿Qué haces aquí?" Jungkook pregunta bajito, sonriendo cuando su tacto no es rechazado y Taehyung apoya la cabeza en su pecho. "Te vas a congelar, debiste traer una bufanda."
El alfa, que mantiene el silencio por unos segundos, se tranquiliza con el aroma a nieve mentolada que crece con la presencia del omega. Jungkook pronto se cansa de la posición y lo acompaña en el banco, quejándose bajito cuando siente la piedra fría, no entendiendo cómo Taehyung podía soportarla por horas.
"Sólo... estaba pensando," Taehyung comienza a decir finalmente, tomando la mano de Jungkook cuando necesita un poco de fuerzas para seguir, "nunca fui a visitarlos, ¿sabes? A los... los rebeldes que murieron."
"¿Te refieres al memorial?" Taehyung asiente, un poco tenso. "Pero tú lo mandaste construir, pensé que habías ido a ver."
Pero su alfa niega, y es algo que le ha pesado esos últimos años desde que regresó.
Él mismo se encargó de recobrar cada nombre de los rebeldes que fallecieron en el entrenamiento, a manos de Han o de sus propios compañeros, pues sus cuerpos se habían perdido hacía ya muchos años. Ahora, en donde estuvo alguna vez la mansión y el enorme sótano de entrenamiento había una zona verde con muros repletos de nombres. Taehyung mismo se encargó de sellar ese lugar y demoler el edificio pues no debía volver a ser habitado. Nunca.