Capítulo XXVI

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Había una vez, un lobo que nació de la luna antes que los dioses le robasen la idea

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Había una vez, un lobo que nació de la luna antes que los dioses le robasen la idea.

Hay figuras a la distancia, como sombras difíciles de fijar a la vista. El mundo es oscuro, cruel, y el lobo se siente solitario y confundido.

¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Qué hace ahí? Él simplemente era nada y al siguiente, era algo. Un cuerpo que no sabía mover, una voz que no podía hacer sonar, una enorme impotencia que nunca se iría de su pecho. Pero él todavía no entendía el significado de su existencia. Quizá, ni siquiera había uno, y él sólo estaba ahí porque sí.

De pronto, ve que la oscuridad comienza a aclararse, esa capa que le cubre es de la nada de otro color. El lobo decide que eso es azul.

El azul da paso a compañeras blancas y esponjosas que antes no estaban ahí, y una luz en el centro de todo se roba el protagonismo al ser tan, pero tan resplandeciente que no podía mirarlo directamente por mucho tiempo.

Resulta que esa capa se llamaba cielo, y esa luz era el sol.

Ahora confirma, que las sombras a su alrededor son árboles, animales y arbustos. Incluso, al entender cómo moverse, encuentra agua. Y eso es un río.

Así, camina y camina, sus inmaculadas patas blancas manchándose de tierra, pero eso no importaba cuando había tantas maravillas que presenciar, tanto por conocer. El lobo exploraba las montañas, los mares, las playas, los bosques. Y cuando esa hermosa luz se iba al anochecer, la luna le hacía compañía, y le contaba cómo se llamaba cada cosa, para qué era, y que había un mundo lleno de lugares que tenía que ver para poder decir que había vivido. El lobo, con mucha alegría, le prometía partir y ver aquello que ella solamente presenciaba en las noches. Porque no se le permitía visitar la tierra de día debido a su destierro.

El lobo nunca supo por qué la luna era despreciada por los otros dioses, pero él la prefería. Era amable, y paciente. Y nunca lo dejaba solo en las noches.

De modo que él cumplía sus deseos y viajaba por el mundo circular. Vio cómo la nieve, tan blanca como su pelaje, podía ser fría pero divertida. A las plantas cambiar según las estaciones, a los animales crear familias y al humano llegar a la tierra, poblándola de a poco. Presenció el crecimiento de la sociedad, y entre más personas descubría, más quería unírseles para platicar.

Para que le hicieran compañía en el día.

Entonces, la luna le concede ese deseo. A todos los humanos, incluso. Sólo para que su lobo no se sintiera solo y extraño.

El humano ahora tenía naturaleza animal. Era parte hombre y parte lobo. Y así consiguió infiltrarse en los planes de los dioses y que su creación pudiera tener amigos. Y así fue.

El lobo blanco conoció el cariño y la fraternidad, a los humanos iniciando familias y amando la vida, sobreviviendo como pudieran, pero felices. Y sin falta, le contaba a la luna cada noche sobre a quiénes conocía, y lo hermoso que era todo en ese mundo.

PORCELAIN • KTH & JJKHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora