Capítulo XXX

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"No te preocupes, nosotros no pudimos ser coincidencia...

Yo sé que estábamos destinados a ser, incluso si el mundo se rompe.

Incluso si nosotros nos quebramos."

"¡Kookie, ayúdame con la madera!"

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"¡Kookie, ayúdame con la madera!"

"¡V-voy!"

Jeon Jungkook era muchas cosas, pero aprendió que su vida sedentaria le había brindado cero conocimiento de supervivencia. Así que su abuelo le enseñaba a cortar leña y usarla para hacer funcionar muchas cosas en la casa.

Todo se sentía... extraño.

Sus abuelos no lo habían sacado de la casa, ni gritado. Lo habían abrazado mientras Jungkook lloraba y se disculpaba por haber cometido el crimen que se llevó a su hija.

"Todo está bien, no fue tu culpa. Tu jamás habrías hecho algo así."

Pero su abuela había llorado mientras lo escuchaba relatar todo.

Sí. Absolutamente todo.

Desde el incidente que se llevó a su mamá, hasta el verano con su- con Taehyung. Les había dicho incluso que ellos habían hecho cosas, lo cual fue lo único que les sacó una pequeña sonrisa. Pero sabía en el fondo que les costaba digerir las cosas.

Un mes en exilio no era suficiente para sanar heridas.

Septiembre pasó como una ráfaga de vientos fríos y pérdida de hojas en los árboles. Su alrededor era una cascada congelada con troncos desnudos a su alrededor, un paisaje bonito a su parecer.

El reino estaba de luto, así que no mucho había pasado.

Mientras Seokjin le informaba en sus llamadas semanales sobre la inmensa credibilidad que su fallecimiento trajo, y el cese de los ataques de los rebeldes, Jungkook se encargaba de mantenerse escondido y aprendía a tejer en las mañanas con su abuela, quien poco a poco dejaba de verle con esa pena en los ojos.

Era la vida que le prometieron. Tranquila, alejada de responsabilidades y peligro.

No había hablado con Jimin o Hani, no tenía el valor. Por ahora Seokjin era el único ser humano con el que tenía contacto a parte de sus abuelos, y estaba bien así.

Eso quería creer.

No saber de Han era sinónimo de tampoco saber de Taehyung, lo que era bueno. Trataba de, al menos en el día, no pensar en el alfa. El tejido, la leña, y la cocina eran lo justo para mantenerlo ocupado. Y aunque su abuela materna no era tan adoradora de los libros como la paterna, tenía una que otra cosa que podía usar para matar el tiempo.

Pero las noches eran otra cosa.

Irse a dormir significaba estar un corto o largo tiempo con los ojos cerrados pero la consciencia despierta, y los recuerdos llegaban por sí solos.

PORCELAIN • KTH & JJKHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora