No quiero pensar porque no quiero que el dolor del corazón se una al dolor del pensamiento.
Emilio Castelar (Político español)
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Ya estaba próxima a cumplir los dieciséis años cuando caí en una fuerte depresión, las peleas de mis padres me afectaban aún más, me mataba de hambre y cuando me obligaban a comer, me desesperaba, así fue como comencé a vomitar; al inicio dude mucho en hacerlo, tenía miedo, era peligroso para mí pero la desesperación me llevo a hacerlo.
Al inició lo hacia una vez a la semana, luego se volvió mucho peor, empecé a hacerlo una vez al día, dos o tres veces al día; pasaba periodos largos en ayuno y cuando comía, lo hacía con desesperación, llegue al punto de vomitar seis o siete veces al día; estaba asustada, sentía que necesitaba vomitar, que tenía que hacerlo.
Vomitar era lo único que me hacía sentir mejor, era lo único que me subía el ánimo; cada vez que comía y traicionaba a Ana, corría al baño a vomitar; cada vez que mi madre me insultaba y yo lloraba, yo vomitaba, se volvió mi rutina pero a pesar de sentir todo eso, yo sabía que estaba mal lo que estaba haciendo, no quería morirme, así que decidí buscar ayuda.
Hable con mi abuela y mi tía, les explique que yo quería ir donde una psicóloga, les dije que estaba muy triste, que lo necesitaba y ellas accedieron.
Mi tía busco a la mejor psicóloga y mi abuela me llevo; estaba muy nerviosa, por primera vez le diría a alguien lo que sentía y hacía.
Llegamos a la clínica donde estaba la psicóloga y entramos, yo traía puesto un sweater gigante, mis manos sudaban y mientras mi abuela esperaba, yo pase al consultorio de la psicóloga.
- Hola, toma asiento - dijo la doctora con una sonrisa en si rostro
- Hola - dije temerosa
- Cuéntame, ¿Por qué estás aquí?
- Pues yo decidí venir para ver si usted podía ayudarme
- A ver, cuéntame y tratare se ayudarte
- Hablar de esto es muy difícil para mí, vine porque ya no quiero sentirme así; me siento sola, triste y comencé a vomitar
- Lo que me estás diciendo es grave, ¿Hace cuánto empezaste a tener bulimia?
- Hace aproximadamente un mes - le mentía a la psicóloga, no sabía porque pero algo en mi interior no me permitía decirle toda la verdad
- Mira, ha empezado hace poco así que está muy bien que hayas pedido ayuda; vamos a solucionar el problema, no te preocupes, tú confía en mí.
En esa primera sesión le conté a la psicóloga la situación que vivía en mi casa, le conté como mi madre me insultaba, le conté como me sentía y le pedí que no le contara nada de mi problema de bulimia a mis padres, que mi abuela y mi tía si podían saber pero que no quería que mis padres supieran.
La doctora me pidió que saliera de la sala y llamo a mi abuela; me quede esperando en recepción por casi media hora hasta que mi abuela salió con una receta en mano; ella pago la cita y luego de eso nos fuimos en el carro, ella paro en una farmacia y compro algunos medicamentos, yo aún no sabía lo que eran.
- Abuela, ¿Qué son esas pastillas?
- Son medicinas que indico la doctora que debías tomar, son antidepresivos y pastillas para ayudarte a controlar la ansiedad; ella especifico la hora en la que las debes tomar y la dosis.
Me quede en silencio después de eso, estaba algo conmocionada; cuando llegue a casa, mis padres comenzaron a gritarme, la psicóloga los había llamado y ya sabía que yo era bulímica, me sentí tan traicionada, me quede en mi habitación el resto de la tarde y llore, ahora todo sería peor.
Continúe yendo a las sesiones con la psicóloga pero todo empezó a ir de mal en peor, tomaba los medicamentos y estos me ayudaban a estar más estable pero al mismo tiempo, me hacían sentir desorientada, cansada.
Pase cuatro meses con la psicóloga; el primer mes soporte, tome las pastillas en el horario determinando, pero con cada sesión a la que iba, recordaba más cosas dolorosas, comencé a arañar mi brazo, me hacía heridas profundas y siempre ocurría cuando iba al consultorio de la psicóloga.
Las peleas en mi casa aumentaron y ahora si era por mi culpa, peleaban por mi salud física, mental y emocional, todo había empeorado.
Ya no se me permitía salir, no entrenaba, no hacía nada; Camila venía a verme muy a menudo y trataba de hablar con Alicia por teléfono cuando se lo permitían, pero a pesar de todo, me sentía mucho más aislada y sola; deje de tomar los medicamentos, comencé a esconderlos hasta que cumplidos los cuatro meses, le hice creer a la psicóloga que estaba curada y por ello, todos decidieron que ya no iría más.
Mis padres estaban decepcionados de mí, así que ignoraron los problemas, comenzaron a actuar como si nunca hubiera pasado nada y eso de cierta forma me ayudo a ignorar el problema también.
Trate de volver a mi rutina, pero ahora todo era diferente; yo era diferente.
En la escuela seguía siendo excelente, pero no era feliz, todos me exigían perfección y eso mismo me frustraba y desesperaba.
Ahora me doy cuenta que haber ido con la psicóloga no ayudo a mejorar nada sino más bien, empeoro las cosas y ahí fue donde entendí que había buscado ayuda por nada, que estaba bien como estaba.
Ahí fue donde me si cuenta que hay personas que dicen querer ayudarte, escucharte pero en verdad no les importas, solo les importa el dinero que recibirán por escucharte.
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ALONE
Historia CortaDuele fingir que todo esta bien Duele sentir que estás solo aun cuando hay personas a tu alrededor Duele mentir Duele sonreír En este mundo estamos acostumbrados a mantener las apariencias; nos enseñan a fingir sonrisas e intentar alcanzar la per...
