Cuando volvió sin Amanda, noté que su pérdida le había arrebatado algo a Lara. Ella le importaba, y no sabía cómo sentirme al respecto. Obviamente, no me alegraba por lo acontecido, pero muchas cosas pasaban por mi mente en ese momento. El miedo que le tenía, revuelto con celos, incertidumbre y desconfianza. Era tanto caos y mentira que la única certeza que podía tener era mi cariño por ella, así que me aferré a eso.
—¿Qué pasó? —Le pregunté.
—Takamoto lo arruinó todo y Amanda murió sabiendo que pensé en la posibilidad de que la sacrificaría...—El vacío en sus ojos era aterrador, me heló la sangre. Me notó incomodo. Verla admitir una culpa semejante era insólito. —Yo quise hacerlo —me confesó. Estaba húmeda, con la piel pálida manchada de barro y los brazos arañados de raspones. Tiempo después se iba a contradecir, pero en este momento, aprecié esa transparencia.
Yo callé. Ella no.
—Asimilé lo injusto que era cuando Takamoto me ofreció como tributo. — Su voz se desacostumbró a la vulnerabilidad. Pero su arrepentimiento mal expresado irónicamente la hacía más humana.
No sabía mostrarse vulnerable, pero su arrepentimiento mal expresado la dotó de humanidad.
Volví a callar, aunque sabía que callar era validar lo que había hecho.
—¿Y si hubieses salido con el tesoro, estarías igual de arrepentida?
Por un buen rato no dijo nada. Y luego solo quiso excusarse.
—No... las cosas no fueron como crees. En el fondo, era consciente de que yo no sería capaz de sacrificarlos. Pero cuando entré, Takamoto ya había liberado a la entidad protectora y...
—Y casualmente la cuerda se rompió —la interrumpí. La sorpresa cruzó por su rostro.
—Sí —se apresuró a decir, mintiendo—. ¿Qué, crees que yo la corté? —Me sostuvo la mirada, pero el temblor en su voz la traicionaba—. Era vieja, estaba seca, no soportó el peso... La polea se quebró.
Yo no respondí. Mi silencio la hirió más que cualquier acusación.
—No lo hice —se defendió rascándose la nariz—. Fue Takamoto. Él también iba a dejarme atrás. ¿Me crees capaz de hacerlo?
Sus contradicciones se amontonaban, y comprendí que me ocultaba algo. Quizá siempre había sido así. Sus dentelladas de mentira me resultaban insoportables.
—Lara, me acabas de decir que sí querías hacerlo. Luego culpas a Takamoto por romper la polea cuando me dices que tu fuiste la última en entrar. Y que la cuerda estaba rota, entonces ya no sé qué creer. Si la polea se rompió o la cuerda se reventó.
Lara se estremeció al verse expuesta.
—Aleister. La piedra infada, si alguien descubre su naturaleza y a donde pertenece, el mundo que conocemos hoy, terminara. ¿Crees que es fácil estar en mi lugar? —Se levantó y me dio la espalda, condenándome a su silencio.
—Responde —alcancé a decir— ¿te sentirías arrepentida si hubieras conseguido el tesoro?
Se detuvo, pero no volteó.
—¿Crees que no me arrepentiría si hubiera conseguido el tesoro? Respóndeme, ¿piensas que sería capaz de sacrificar a alguien?
—Responde —repetí — ¿te sentirías arrepentida si hubieras conseguido el tesoro?
—Eso no importa ahora Aleister... Tengo a la agencia tributaria en mi espalda, ¿lo entiendes? Takamoto lo arruinó todo. Si pierdo la casa pierdo todo lo que haya aquí, y no hablo de mis sentimientos únicamente, hablo del peligro de perder ciertas piezas que pueden acabar con la vida como la conocemos... Y esto pudo evitarse si yo no me negara a lo que debo hacer... pero si hago lo que debería hacer, me condeno.
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Tomb Raider Nights
AçãoEn su travesía, las proezas de Lara comienzan a redimir la gloria de su apellido, atrayendo la atención de la enigmática Jaqueline Natla, quien le ofrece protección a cambio de un arriesgado trabajo de exploración. Una propuesta que podría consolida...
