En su travesía, las proezas de Lara comienzan a redimir la gloria de su apellido, atrayendo la atención de la enigmática Jaqueline Natla, quien le ofrece protección a cambio de un arriesgado trabajo de exploración. Una propuesta que podría consolida...
Resultó que un hombre llamado James Rutland se había adelantado en la investigación sobre los portales en Bolivia. No teníamos idea de su existencia hasta que Lara lo confrontó en el lugar donde, según los informes, se encontraba el supuesto portal, él no fue amistoso.
Rutland, con actitud déspota e infantil, presumió de haber encontrado el fragmento de una espada que más tarde me enteraría estaba relacionado con la última vez que Lara vio a su madre. Por obvias razones le encomendó a Zip una pesquisa de identificación.
Rutland no parecía tener idea de la verdadera función del artefacto que había encontrado, y Lara tampoco hizo comentarios al respecto. Aquel día, tras enfrentarse a un grupo de mercenarios, logró explorar el lugar. Desde entonces, todo lo que ocurrió después giró en torno a esa investigación.
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Gracias a las cámaras satelitales conectadas al arnés de Lara, podíamos seguir cada uno de sus movimientos en transmisiones en tiempo real. Zip y yo pasábamos horas frente a los ordenadores. Sin embargo, no me enteré de lo que había ocurrido en ese momento. No fue sino hasta una semana después, tras el regreso de Lara, que me vi obligado a revisar las grabaciones a las que no había prestado atención...
De Bolivia llegó pensativa y en silencio, pero dando órdenes. Hacía mucho que no reconocía ese semblante en ella, comprendí que su enojo se había disipado, aunque no conmigo.
—¿Entonces quién es? —preguntó Lara, evidentemente a Zip. Yo la había extrañado, fue lo primero que nos dijo en su regreso. No preguntó por nosotros, llegó directa y enfocada.
—Te topaste con James Rutland —anunció Zip. Utilizó la captura de su rostro durante la transmisión y lo rastreó en una base de reconocimiento facial. Era hijo de un senador al que había conocido esa misma semana. —Fue a West Point... y no ha hecho nada más
Lara asintió y le pidió reproducir las grabaciones. Yo deseé tener la agilidad de Zip para no sentirme ofendido, e claramente Lara lo consideraba un amigo, pero en cuestiones de trabajo, Zip sabía reconocer dicha relación, mientras que, para mí era muy complicado.
—Winston, mire esto —le pidió. Él conocía perfectamente la historia de los Croft, mientras que nosotros sabíamos poco o nada para ese momento. En la pantalla apareció el zócalo con grabados que investigó en Bolivia —Es casi idéntico, pero con una configuración distinta —explicó ella, refiriéndose al supuesto portal.
—¿Idéntico a qué? —quise saber. Lara me sostuvo la mirada apenas un instante, pero la apartó de inmediato. Aún estaba molesta conmigo por haberla contradicho en los últimos tiempos, aunque yo sabía que en el fondo mi opinión le importaba.
—Algo que vi hace mucho tiempo en Nepal, a muchos kilómetros de cualquier cultura preincaica. —Respondió, no quiso ser grosera. Pero eso sí, se mantuvo indiferente conmigo.
Winston observó en la grabación el fragmento de una espada que Rutland le presumió a Lara cuando se confrontaron en Bolivia.
—¿Le parece que se trata de una pieza de la espada? —Preguntó Winston. El misterio era agobiante.
—¿De qué espada? —intervine con tono cómico, intentando disimular mi verdadero interés y, de paso, derrumbar el muro de desaires que ella levantaba contra mí. Fue un intento fallido. Todos me ignoraron. Me sentí fuera de lugar, entrometido.
—Lo más probable es que sea idéntica —respondió Lara. Luego, se dirijo solo a Zip. Yo me tensé. Ella lo sabía. —Zip, quiero que investigues todo lo que puedas sobre ese tal Rutland, en especial dónde se encuentra ahora.
—Con suerte en Perú. Mencionó Paraíso.
—Mejor dicho, insinuó que allí había información del paradero de los fragmentos de la espada.
Estaba molesto y traté de esconderlo. Ahora todos parecían saber algo relacionado a una espada y yo no había sido notificado para saber de qué hablaban, ni siquiera por Zip. Fallé y mi enojo fue evidente, sobre todo porque sabía que era mi culpa por no estar al tanto por mi desinterés que pretendía mostrar como protesta ante su actitud cortante de Lara... pero entendí que su mundo no se iba a detener por mí, aunque el mío por ella sí.
Entonces, cegado por el rencor cuestioné sobre lo que Rutland había mencionado de Amanda.
—¿Qué fue lo que realmente pasó en Paraíso con Amanda? —inquirí. Rutland había hablado con demasiada soltura sobre ella en lo que llegué a ver de las grabaciones, sugiriendo algo oscuro en el pasado. Mi intención fue exponerla, exhibirla frente a los demás. Estaba desesperado por recuperar su atención... y lo hice de la peor manera. Zip negó con la cabeza, con un gesto cargado de reproche.
Lara ignoró mis preguntas y con madurez me habló como jefa.
—Aleister, repasa estas imágenes y dime qué puedes averiguar. Zip, llama a Anaya e intenta que se reúna conmigo en Paraíso el sábado por la mañana.
Se alejó con paso firme, sin mirarnos a ninguno de los tres.
Cuando Rutland se topó con ella, mencionó que Amanda lo había puesto al tanto de "lo despistada que podía ser Lara". Con eso dio a entender dos cosas: que en Paraíso había encontrado un fragmento de la enigmática espada de la que sabíamos tan poco, y que Amanda... seguía viva.
El gesto de Lara fue suficiente para comprender cuánto la agobiaba esa posibilidad.