Era imposible negarse la verdad, aunque así lo quisiera. En la joven Croft yacía un valor intrínseco, una raíz inquebrantable de la que brotaban aquellas cualidades tan suyas, tan irrepetibles, que conformaban su naturaleza.
Era determinada, firme y brava.
Letal, toda una arma mortal.
Era fuerte y hábil, y al mismo tiempo, bondadosa y cruel.
Conocía el amor y el dolor —este último, un huésped constante en sus pensamientos más profundos.
Conocía el odio y la traición, pero el rencor... el rencor se le escurría fácilmente entre los dedos.
Quería obligarse a sentir remordimiento por sus actos, pero no podía. No había manera de arrancarse cualidades tan arraigadas. Ni siquiera ella misma. Le sorprendía que la hazaña del Scion hubiese concluido en apenas un mes. Que tanto Natla como el propio artefacto hubiesen abierto canales de información, acortando los tiempos de su travesía, era prueba de que, incluso entre enemigos, a veces el destino colabora.
De vuelta en Londres, notificó a los miembros del círculo Natla, quienes ya estaban al tanto de su promesa de brindarle protección tras su regreso. Les inventó una historia de muerte, siendo devorada por dinosaurios mientras Lara se enfrentaba a un T-Rex. La historia sonaba descabellada, pero cuando mostró evidencia en video, grabado en Vilcabamba, del dinosaurio sepultado en escombro, el asombro ante tan imponente criatura cesó las dudas.
—Estas imágenes no pueden salir a la luz —advirtió uno de los hombres.— No puede hacer lo mismo que con la tumba de Lilith.
—Tampoco puede revelar la ubicación de Vilcabamba —añadió otro. El tono con el que se dirigían a ella no era de amenaza. En sus ojos vislumbró algo más: inteligencia.
—Pero la gente necesita saberlo —insistió Lara, sabiendo que, al menos en ese círculo, podía expresarse sin temor. Natla había sido una excepción; ellos no eran como ella.
—Jaqueline Natla vio en usted una mente brillante —dijo uno de los hombres—. Y puedo asegurar que es tan brillante como lo fue su padre, Lady Croft.
—¿Conocieron a mi padre? —preguntó con genuina intriga.
—Nos limitaremos a decir que fue un buen hombre.
Lara comprendió al instante: Richard había formado parte de ellos. Y aunque quiso saber más, le hicieron entender que por ahora solo hablarían de lo relacionado con Natla. Uno de los hombres retomó la conversación, interrumpiendo el silencio con palabras tan calculadas como filosas:
—No podemos permitir que esa información se exponga. No por secretismo, sino por seguridad: la suya y la de esas criaturas. No la culpamos por la muerte de Jaqueline; su necesidad de protección la llevó a actuar. Pero los dinosaurios, y otras especies que sin duda ha encontrado, son seres que hemos buscado preservar de la idiotez humana. Hay muchos intereses en juego, señorita Croft. Intereses que van más allá de nosotros: círculos, cultos, sectas con los que no tenemos vínculo... pero que podrían intervenir si se viola la regla más importante: no intervención. No busque más problemas de los que ni siquiera nosotros podemos protegerla.
El hombre hizo una pausa. Su tono se volvió más grave.
—Exponer las imagenes de la tumba de Lilith fue una insensatez... pero también fue honorable. Y valiente. Comprendo lo que busca, señorita Croft. Y comparto su impulso: querer que la humanidad crezca, que despierte. Pero si desea revelar lo que ha descubierto, espere. Espere hasta estar al borde de la muerte. Y cuando lo haga, asegúrese de ser la última de su linaje. De lo contrario, no puedo siquiera describirle lo que harán con su descendencia.
Lara abrió los ojos como platos. No quería creerles, pero intuía que había verdades ocultas que apenas comenzaba a vislumbrar. Uno de los hombres, al notar su incredulidad, se adelantó:
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Tomb Raider Nights
AcţiuneEn su travesía, las proezas de Lara comienzan a redimir la gloria de su apellido, atrayendo la atención de la enigmática Jaqueline Natla, quien le ofrece protección a cambio de un arriesgado trabajo de exploración. Una propuesta que podría consolida...
