— Creo que te he visto antes. — bromeó la rubia mientras tomaba asiento a lado de la pequeña.
Santana estaba comiendo una ensalada y se sorprendió bastante al ver a Brittany acercarse de tal manera estando frente a toda la escuela. La rubia jamás se hubiera atrevido a hacer algo así antes, simplemente no.
— ¿Sí?, ¿dónde? — preguntó confundida. Su ceño fruncido le ocasionó una sensación extraña a la mayor, pero esta solo la ignoró.
Santana llevó un pequeño tomatito hasta su boca y lo dejó entre sus blancos dientes mientras esperaba la respuesta de la contrario con la mirada expectante.
— En mi casa. — declaró rápidamente. —Hoy, a las siete. Es una cita. — sonrió con suficiencia al notar que le había salido perfecta aquella forma de flirteo. Estaba orgulloso de ello y al finalizar incluso le guiñó un ojo a la menor.
La pequeña rió porque le pareció adorable realmente. No podía creer que había caído en aquella broma, era tan antigua.
— De acuerdo. — asintió con las mejillas rojas y la sonrisa leve plasmada en su tierno rostro. — ¿Qué haremos? — preguntó con ojos grandes y emocionados. Tal vez no era la mejor pregunta, pero no podía evitar querer saber lo que la mayor tenía planeado.
— No lo sé. — se encogió de hombros luciendo desinteresado. — Quizá podamos repetir lo de la última vez. — susurró mientras apoyaba sus codos sobre la mesa para estar más cerca del menor. Podía notar su nerviosismo y eso aumentaba su ego de una forma increíble. Darse cuenta de cómo podía jugar con ella de la manera que quisiera le dejaba una gran ventaja porque lo único que quería era eso, tener su atención completa para así destruirla cuando se lo pidieran.
La menor se sonrojó muchísimo y dejó de lado su tenedor para cubrir su rostro con ambas manos. Jamás se olvidaría de aquella primera vez, claro que no. Le hacía muchísima ilusión que fuera igual de especial para Brittany, eso lo enamoraba aún más de ella si es que se podía.
— Qué cosas dices. — negó después de unos minutos sin dejar de mirar a la contraria con ojitos brillosos llenos de felicidad.
— No sería una mala idea. — sonrió de lado. Una de sus manos se deslizó por encima de la mesa y tomó la más pequeña. — Fue la mejor noche de mi vida. — confesó mordiéndose el labio inferior para evitar reírse.
Brittany estaba consciente de la mierda de persona que estaba siendo, pero no podía evitar sentir lástima por aquella niña. Sam estaría orgulloso de ella y eso era lo único que importaba. Su corazón latía a mil por hora sólo por el hecho de tomar esa manito suave y tímida, pero nadie tenía por qué saberlo. Podía sentir cómo la piel canela se erizaba a través de las yemas de sus dedos. Todo era una completa locura. Santana en verdad estaba enamorada de ella, y eso era algo de lo que quizá jamás se perdonaría. Lastimar a alguien que estaba entregando todo de sí mientras la otra parte sólo se burlaba de esos sentimientos puros era algo miserable, lo sabía, pero... ¿qué hay de ella entregando todo por una buena causa además del inmenso amor que siente por su novio? Ella también estaba entregando todo por amor, y realmente esperaba que valga la pena.
— La mejor noche de mi vida. — repitió y asintió de acuerdo. Se sorprendió un poco cuando recibió un corto besito en su dorso por parte de la rubia . Brittany era la persona más maravillosa que existía.
Toda la escuela estaba atenta a lo que con ambos estaba ocurriendo. Jamás creyeron que la gran Brittany estaría en aquella situación con Santana porque en ningún momento se los había visto juntas antes, era extraño para todos. Eran polos opuestos, no era posible que se atrajeran, pero al parecer les estaban demostrando todo lo contrario.
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No, soy lesbiana.
FanfictionCuándo de ortografía se trata, Brittany no es la más lista.
