Tal vez no estaba lista para darle fin a aquella mentira. En realidad, no sabía si es que no estaba lista verdaderamente o simplemente no quería dejar de lado esa paz y tranquilidad en su corazón cuando Santana estaba cerca. Era la primera vez en la historia de su vida que se admitía a sí misma cómo alguien la hacía sentir. Santana parecía también ser la primer persona que se ganaba el puesto como una de sus sensaciones favoritas porque no recordaba haberse sentido así de bien en algún momento. Necesitaba que aquella pequeña se quedara para siempre con ella, era malditamente indicada para hacerla la persona más feliz de todos.
Brittany incluso pensaba en sus años pasando a lado de la menor, todo lo que quería era su amor incondicional porque seguramente no sabría cómo sería su vida después de ella. Eso le aterraba un poco, pero no podía dejar de pensar en la posibilidad de que en realidad Santana deje de ser una estúpida manera de vengar algo sin sentido, a ser alguien igual de importante como lo era en su corazón.
Y sí, a Brittany le gustaba Santana.
Le gustaba la manera tan delicada en la que tomaba sus manos cuando creía que algo estaba yendo mal e intentaba calmarlo, le gustaba el brillo en sus ojos cuando le decía que la amaba y después de eso dejaba besos en sus labios cuidando demasiado no ser brusca, por que sí, Brittany podía sentir que estaba reteniéndose de no mostrarse desesperada por probar sus labios infinitas veces. Para ser honesta, le fascinaba ser deseada de esa manera por la persona de la que consideraba esta enamorada.
La rubia descubrió todo lo que le ocurría cuando en los recesos tomaba la mano de la menor para mostrarse frente a todos como una pareja real. Habían pasado varias semanas y comenzaba a acostumbrarse. No sabía con exactitud si en un principio era sólo una molestia increíble en el estómago que lo hacía sonreír como una total idiota, o si en realidad las veces que Santana se acurrucaba en su pecho las molestias se convertían automáticamente en mariposas en las que nunca creyó. Ella era así, no creía en el amor a primera vista, pero quizá solo era una completa tonta que cayó como alguien totalmente escéptico lo haría alguna vez.
Santana era una persona un tanto extraña para ella de describir. No podía decir que la menor era alguien totalmente normal porque si se ponía a verdaderamente pensar en esa pequeña ser humana, probablemente terminaría denominándola como la perfección personificada. Claro, no todo el tiempo pensó de esa manera. En un principio, cuando llevaba conociéndola muy poco, creía que la pequeña era alguien maravillosamente bonita a la vista, cosa que negó por mucho tiempo dentro de sus pensamientos pero mientras más horas pasaba con ella, sus sonrisas ladinas no podían ser ocultadas.
Estaba perdida por la persona que no debió convertirse en algo tan importante para él.
Aunque nadie tenía por qué saberlo de todas maneras.
[.]
— ¡Brittany! — escuchó a lo lejos y se detuvo en ese momento. — ¡Espera! — volvió a gritar el rubio mientras se apresuraba hasta llegar a su objetivo.
La rubia frunció el ceño y relamió sus labios nerviosa. Jugó con las correas de sus mochila y observó el suelo de forma muy entretenida.
— ¿Por qué nisiquiera me hablas? — preguntó con una sonrisa ladina cuando llegó. Su ceño estaba levemente fruncido y sus manos se dispararon a los hombros de la rubia. — Necesito estar al tanto de cómo va nuestro plan y tú que no me diriges la palabra en semanas. — comentó con una amplia sonrisa. — ¿Qué sucede? — besó su mejilla izquierda. — ¿Te estresa tanto pasar tiempo con esa idiota? — se burló sabiendo perfectamente la respuesta.
Brittany se alejó rápidamente de sus brazos y negó impidiéndole que volviera a acercarse.
— Escucha, Sam. — comenzó aclarándose la garganta. — No quiero indagar en lo que ha estado sucediendo estas últimas semanas, solo te pido por favor que dejemos esto aquí. — pidió mientras lo veía fíjamente a los ojos esperando que esta entendiera lo que quería decir.
El rubio pestañeó varias veces para finalmente fruncir su ceño aún más profundo.
— ¿Dejar qué? — rió mienteas se posaba de brazos cruzados. — Explícame porque no estoy entendiendo. — rió creyendo que había escuchado mal.
Brittany suspiró.
— No quiero seguir con este estúpido jueguito, Sam. — lanzó. — No estoy dispuesto a seguir lastimando a alguien inocente. — negó sin dejar de mirar al rubio. — No voy a lastimar a Santana solo porque él del problema eres tú. — finalizó un tanto desesperada, no quería que alguien los viera juntos.
Sam rió, rió tan fuerte que incluso salieron pequeñas lagrimitas de sus ojos por el esfuerzo.
— Sí, sí. — hizo un gesto despreocupado con una de sus manos. — Entiendo que el estrés te haga decir sandeces, pero debes seguir firme. Ya falta poco para que tengas lo que tanto has querido. — se mordió el labio inferior e intentó acercarse a Brittany nuevamente con intenciones seductoras.
Brittany lo alejó con cuidado y miró a un lado, no podía tenerlo en frente y decirle todo lo que quería de una buena vez porque parecía no entender.
— No, Sam. — dijo firme. — Se acabó, no quiero ser parte de esto. — volvió a decir. — No voy a continuar con esto, no me importa lo que me prometiste. — se encogió de hombros. — No quiero nada tuyo. — negó separándose de él un poco más. — Déjame en paz. — finalizó.
El rubio la escuchó bastante atento para ser sincero, pero cuando hubo terminado, la rubia recibió un fuerte empujón de su parte haciendo que chocara bruscamente con los casilleros. Para su suerte, el pasillo estaba un tanto vacío así que nadie logró percatarse del hecho.
— ¡¿Te escuchas?! — gritó sin un poco de delicadeza. Sus ojos estaban rojos de furia y su rostro lo acompañaba a la perfección. — ¡Eres la más grande imbécil que existe, Brittany! — chilló Sam.
Brittany solo cerró sus ojos con fuerza y esperó a que esta se tranquilizara un poco para poder volver a hablar.
— Sam, por favor. — pidió en un susurro pero el ojiverde la ignoró.
— No me digas que le tienes lástima porque eso nunca voy a creértelo. — refunfuñó.
— No se merece nada de esto, eso es todo. — susurró esperando que el rubio se alejara por sí misml.
Él se carcajeó.
— ¿Te gusta? — preguntó sorprendiéndola.
Brittany relamió sus labios y se negó a responder.
— ¡Respóndeme, maldita sea! — gritó una vez más a la espera de recibir algo que le hiciera saber que estaba en lo correcto. Lastimosamente no fue así. — Lo imaginé de la idiota esa, pero jamás lo hubiese imaginado de ti. — escupió con desprecio.
La rubia solo se dedicó a escuchar cada una de sus palabras, no quería interrumpir su discurso sin sentido porque no lograría nada con ello. Sabía que una conversación entre personas razonantes duraba minutos, sin embargo de no ser así, tardarían horas.
— Me das asco. — dijo sobre su mejilla. — Y vas a pagar por esto. — volvió a susurrar. — Supongo que no disfrutarás de ser una maricona después de eso. — sonrió de lado y se marchó sin decir nada más.
Brittany se relajó porque no tuvo que decirle lo que en verdad pasaba con ella, pero a la vez se llenó de miedo al saber que Sam era capaz de hacer cualquier cosa con tal de estar satisfecho con lo que él creía correcto.
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No, soy lesbiana.
FanfictionCuándo de ortografía se trata, Brittany no es la más lista.
