Capítulo Siete.

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Las clases de teatro extracurriculares eran las favoritas de Rachel, no sólo porque la niña más hermosa del mundo las compartía con ella, sino también porque podía ser ella misma y así a la vez compartir con sus demás compañeros algo que le encantaba. La actuación le apasionaba demasiado, estaba muy feliz de haber podido tomar las clases ya que los cupos eran en su mayoría los que se agotaban primero.

— ¿Ya almorzaste? — preguntó a su amiga quien caminaba junto a ella después de haberla esperado. A la judía le gustaba mucho estar acompañada, por eso prefería esperar a Brittany y así entrar juntos.

— Sí, comí un sándwich. — nadie podía enterarse que estaba muy nerviosa. Las manos le sudaban frío y su corazón se escuchaba como un martillo. En realidad, estaba a punto de comenzar con lo que su novio le había pedido. Era hora de fingir sin tener necesariamente que hacerlo.

— ¿Por?, ¿pasa algo?, ¿estás bien? — la preocupación en el tono de voz de Rachel era palpable. — Normalmente te comes una pizza familiar con borde extra de queso. — era cierto. A pesar de todo eso tenía el cuerpo que tenía. Era algo de admirar.

— Terminé con Sam. — soltó de repente. Mordió sus labios y cerró los ojos con fuerza, debía lucir realmente herida.

— ¿En serio? — no lo podía creer. Bueno, en realidad sí, ya que era de esperarse hasta que el rubio la botara de una vez. Toda la escuela sabía que salía con Brittany sólo por la reputación de ser él novio de la muchacha más popular de toda la institución. La única no enterado era su amiga. Más bien, no se quería dar cuenta.

— Sí. — asintió. Decidió ingresar primero al auditorio y tiró su mochila en uno de los asientos. Se sentó en el que le seguía y suspiró luciendo derrotado. — Creo que no comeré como en toda mi vida. — lucía muy triste, y Rachel le creía ya que sabía perfectamente todo lo que había sufrido para llegar a tener una relación con ese niño.

— Amigo, sabes que yo siempre soy honesta contigo. Y sí, me alegra saber que ese trucha ya no estará junto a ti. — Rachel no tenía filtro si se trataba de decirle las cosas como eran. — Pero lo que también sé es que esta es una nueva oportunidad para que te des en el amor. Vamos, está bien, puedes con ello. Descansa, respira, tómate tu tiempo. Verás que es lo mejor que te pudo haber pasado. — finalizó y tomó con cariño uno de los hombros de su mejor amiga a modo de apoyo.

— ¡Buenas tardes, mis niños! — saludó efusivamente Shelby Corcoran, la maestra de teatro. Llegó cargando un sin fin de bolsas llenas de trajes. Al parecer, los haría interpretar personajes o algo parecido. 

— Buenas tardes. — saludaron en coro haciendo reír enternecida a la morocha.

Santana arribó junto a su primo y su mejor amiga. Esa niña de verdad no tenía la más mínima idea de cuántos suspiros robaba cuando entraba a cualquier habitación. Rachel, claramente, se consideraba una de las muchas que babeaban por ella. Para sorpresa del último, Brittany se había quedado viendo las bonitas piernas del pequeño. Sabía que su amiga era curioso, lo supo exactamente cuando le habló acerca de su bisexualidad. Al parecer, no tenía ningún tipo de oportunidad ya que la cosita bonita sí parecía atraerle. Pero aún podía divertirse y molestarla con ello, claro que sí.

— ¿Si está bonita, ¿no? — preguntó mientras se levantaban de los asientos para ir detrás del grupo que se dirigían hasta el escenario.

— Cállate. — refunfuñó y sus mejillas se hicieron rojas de la vergüenza. Necesitaba felicitarse a sí mismo por el gran trabajo actoral.

Rachel soltó una carcajada y golpeó a su amigo en el trasero, una palmada leve. Brittany sólo rio por tal acto y le tomó su cabeza entre sus brazos para intentar darle un coscorrón.

No, soy lesbiana. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora