Seis

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Renjun nunca fue de enamorarse, jamás miró a sus compañeritas de clase de otra manera, lo que sería normal teniendo en cuenta que a su edad los niños ya empezaban a interesarse en ese tipo de cosas. Él simplemente no tenía tiempo para estar pensando en esas cosas, o eso era lo que les decía a sus amigos cuando se lo preguntaban.

Renjun era muy callado, por lo menos a primera instancias, y era muy difícil para él hacer nuevos amigos, aunque sinceramente se conformaba con sus amigos de "toda la vida", específicamente con su mejor amigo.

Tenía 9 años, pero estaba agradecido y se sentía afortunado de tener tan buenos amigos.

Todo ese equilibrio que el pequeño Renjun creía tener en su vida se vino abajo cuando su corazoncito se empezó a sentir diferente al estar cerca de su mejor amigo.

Era impensable, ¡era su mejor amigo!

Renjun tenía miedo, y lo peor de todo era que no podía hablarlo con nadie, o mejor dicho, no quería.

Llevaba días sintiéndose así y a lo único que atinaba hacer era tratar de disimular lo mejor posible.

Aunque era un niño, y su mamá pronto se dio cuenta de su cambio de actitud con respecto a su mejor amigo.

—Renjun-ah, Chenle ya vino por ti —anunció ella recostada en el umbral de la puerta de la cocina.

Renjun, quien se encontraba terminando de comer, subió la mirada de su plato con los ojos brillantes, y luego se apuró a dejar todo en el fregadero para tomar su bolso y poder reunirse con su amigo.

—¡Renjun-ah! —llamó su mamá antes de que él pudiese abrir la puerta—. ¿No quieres que Chenle venga después de clases? Así pasan tiempo juntos antes de que se vaya de viaje.

Renjun sonrió en grande y abrazó a su mamá en forma de agradecimiento, después terminó de abrir la puerta y se encontró con Chenle, quien tenía un puchero en sus labios.

—Tardaste mucho, ¡casi me convierto en una planta! —chilló el chino menor.

Renjun rodó los ojos y dio un empujón leve en el hombro de su amigo.

—No seas llorón, ya estoy aquí, y mi mamá me dio permiso para invitarte aquí después de clases.

A Chenle se le desapareció el puchero y en su lugar apareció una sonrisa emocionada, que pronto también desapareció.

—Pero tengo que pedirles permiso a mis padres primero —dijo un tanto desanimado.

La mamá de Renjun salió y tomó los hombros de su hijo, viendo que éste también se había desanimado, y ambos niños la miraron.

—Yo los llamaré, ustedes váyanse ya que llegarán tarde.

Ambos niños le agradecieron a la mayor y salieron corriendo mientras reían.

La mujer solo pudo suspirar con una sonrisa y volver al interior de la casa.

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–Moon

R U D E | RenleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora