Capítulos seis

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"Los amores eternos sí existen, es solo que a veces duermen en otras camas, abrigados por otros brazos"

(Mateo Hernández)

Finalmente era positivo, el examen lo confirmó esa misma semana, de todas maneras, él ya lo sabía, se había estado sintiendo muy mal desde la firma del contrato y aunque trató de disimular las nauseas le era casi imposible comer alguna cosa sin tener que vomitarla, por supuesto que no se lo dijo a nadie, todo pasaba después del mediodía, después de tomar un té de canela que Alin preparaba con todo gusto para él.

Mew estaba fuera de la ciudad, no le había visto y probablemente tampoco le vería en los próximos días, pero él dijo que quería saber el resultado de la prueba así que solo se limitó a enviarle la copia del examen.

Se cuestionó tantas cosas mientras apretaba aquel botón, aquel bebé sería quien salvaría la vida de Mattie, ¿lo amaba?, por supuesto que lo amaba también, era su bebé, el solo hecho de saber que estaba ahí, lo hacía quererlo profundamente..., Hola bebé..., ¿estás aquí?, solía hablarle de la misma manera que lo hizo con Mattie, aunque por ahora solo era una pequeña semilla, era muy real.

- Está muy pálido señor, debería recostarse.

- Nada de eso, por favor, dile a la señora Pak que pase, tenemos que ver su caso.

- Si, ya está aquí, le traeré su expediente.

- Gracias Alin..., no me pases llamadas, ¿está bien?

- Como ordene.

- Umm, lo otro. El señor Natouch me pidió que le contactara con una empresa de seguridad. Ya tengo la información y los presupuestos, ¿quiere verlo usted o se los envió al él?

- Que extraño, ¿una empresa de seguridad?, ¿Por qué él no me diría nada?

- Puede habérsele olvidado señor.

- Lo dudo, ambos conocemos a Natouch. Sabemos que jamás olvida alguna cosa.

- Cierto, para mí también resultó extraño que me pidiera presupuestos y cotizaciones, ¿cree que le sucedió algo?, tal vez alguien haya intentado robarnos. - Preguntó ella.

- No lo creo...

- Tal vez solo sea por precaución.

- Si, tal vez. Envíale la información, si él lo solicitó, seguro querrá terminar con aquello.

La señora Pak era una anciana de casi ochenta años, fue una sirvienta en la casa de los Siripongthon, Gulf no estaba seguro, pero creía que ella estaba tratando de huir lejos de la ciudad por algún motivo y que mucho tenía que ver el padre de Natouch.

- Creo que lo mejor será vender, de todas maneras, ya nada me retiene en esta ciudad. - Le confesó ella.

- Eso debería decidirlo usted, sin embargo, ¿Dónde irá por mientras? - Preguntó muy preocupado.

- He decidido vender la propiedad y mudarme lejos, tal vez radicarme en un sector rural donde pueda vivir tranquila.

- ¿Qué sucede si enferma?, ¿Quién cuidará de usted?

- No se debe tener miedo a la enfermedad o a la vejez, mi querido. Es algo natural en la vida, si enfermo, lucharé para sanar, todo lo que me pase de ahora en adelante será voluntad del de allá arriba. - A Gulf le pareció ridículo confiar su suerte al destino, pero no podía cuestionar las decisiones de su cliente. - Vivir con miedo, no. Entonces, ¿para que vivir? - jamás entendería a los hijos de la señora Pak, ¿Cómo era posible que ninguno de ellos quisiera cuidarla? - Preparé por favor los documentos, algún día yo le recompensaré todo lo que ha hecho por mí.

ESPOSO DESCONOCIDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora