Capítulo Ocho.

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"Vaya torpeza la mía, atreverme a amar a alguien que jamás será solo mío"

Tenía fiebre, después de que el señor Ritprasert balbuceara que quería ser su amante, cayó sobre él y en ese momento Natouch supo que estaba hirviendo en temperatura, quizás no lo notó porque siempre se veía tan fuerte, sin embargo, ahora que lo veía estaba tan pálido como una hoja de papel.

Después de llamar a Pluem para que este solicitara la visita de un doctor, lo acomodó lo mejor que pudo sobre el amplio sillón de su oficina y lo observó atentamente, ¿de verdad él había pronunciado aquellas palabras?, ¿o acaso fue solo su imaginación?, de todas maneras, no podía haberlo dicho en serio, él solo estaba delirando.

Solo necesita descansar, se trata de una gripe, en esta época del año son muy comunes. — Dijo el médico.

Se lo agradezco, doctor. Gracias por venir.

Sería mejor que se vaya a casa y haga reposo. De todas maneras, le he puesto algo para bajar la fiebre, debería despertar en unas horas.

Si, gracias.

Llevaré al doctor a la salida.

¿Pluem?

Si, señor.

Se discreto por favor.

Si, señor. — Conociéndole un poco, sabía que al Señor Ritprasert no le gustaría que todos en la compañía sepan que se había desmayado producto de un simple resfrió.

Lo dejó dormir en el sillón, de vez en cuando le miraba y comprobaba su temperatura, tal como lo hacia con los niños cuando ellos se enfermaban, buscó una toalla y la humedeció para luego ponerla sobre su frente, fue cuando Ohm Ritprasert abrió los ojos.

¿Qué pasó?

Tiene fiebre...

¿Y usted me cuida?

Estaba aquí, ¿quiere que lo lleve a su casa?, el doctor dijo que necesita descansar.

No, tengo miles de cosas que hacer.

Su salud es más importante.

¿Está preocupado por mí?

Como me preocuparía cualquier persona que se desmayara a mi lado.

No eres bueno mintiendo, Natouch.

Debe tomar medicina y descansar. Seguiré con mi trabajo.

Llévame a casa... — Pidió de pronto.

¿Yo? — Preguntó incrédulo.

Si, tú..., llévame a casa.

¿Es una orden?

Una petición, soy incapaz de manejar y tienes razón, necesito dormir un poco. ¿Quieres que descanse?, llévame a casa.

Yo no quiero, usted debe descansar, es su problema.

Sigues mintiendo. Vamos, llévame a casa.

¿No tiene un chofer?

No, le di el día libre al pobre Farid, fue quien me contagio este horrible catarro.

ESPOSO DESCONOCIDOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora