Capítulo veintidós

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"Ojalá, amor, cada vez que te mires las manos sientas que te faltan las mías"

Mario Benedetti.

Era invierno, la nieve comenzó a caer apenas Natouch cruzó la puerta de la propiedad de Tom Miles, situada a las afueras de ciudad la casa estilo moderno era casi del mismo tamaño que la mansión Ritprasert, por supuesto Natouch la conocía bien, aunque jamás supo que aquella propiedad pertenecía a ese hombre, había pasado miles de veces por esa calle para llegar a su propia casa, tantas veces que se preguntó desde cuando se había vuelto un objetivo para él.

¿Te sorprende? — Preguntó Omer.

¿Sabe lo que me sorprende?, que siendo familia de mi esposo usted sea tan diferente a él.

Por supuesto que somos distintos, somos gemelos, sin embargo, no crecimos juntos.

Sigo sin entenderlo, ¿Qué fue lo que le hizo Ohm para que usted le odie tanto?

¿Bromea?, ¿mi hermanito no le confió esa parte de su historia?

No solemos hablar del pasado.

Le contaré ya que está interesado. Ohm siempre me quitó todo, todo era para él, la empresa, incluso Malorie...

¿Está jugando?, fue usted quien se casó con ella.

Solo porque Ohm estaba en coma.

Ustedes lo pusieron en aquella cama.

Fue un accidente.

No del todo..., usted y esa mujer planearon todo aquello.

Fue un accidente, como dije. Yo no lo mande a conducir esa noche.

No hizo nada por él tampoco, lo desterraron a un lugar donde morir, incluso ahora, lo enviaste a pagar por tus errores.

Uno de los dos tiene que morir, Natouch. No hay espacio en este mundo para los dos. — Natouch estiró su mano y le dio una bofetada que hizo eco en aquellas enormes paredes.

¡Estúpido! — Omer se masajeo el rostro.

No entendía que fue lo que vio mi hermano en ti, eso hasta hoy, eres una verdadera fierecilla. — Se estaba acercando demasiado y cuando puso una mano sobre su mejilla, Natouch casi le rompió la nariz.

¡Maldición! — Exclamó llevándose las manos a la cara.

¿Entiendes por que me gusta tanto ahora? — Natouch vio en la dirección en la que provenían esa palabras. — Nunca sabes cómo se comportará. — Dijo a medida que se acercaba.

He aquí el gran idiota. — Dijo irónico.

Natouch, Natouch, traté de ser paciente contigo, pero todo tiene un límite, cariño. — Sintió una ola de asco venir a él cuando reconoció esa voz, aquella noche en medio de la oscuridad, no era otra persona que Tom Miles quien lo esperaba fuera de su oficina, eso le hacía suponer también quien estaba detrás de cada atentado sufrido. La rabia lo inundó y antes de que él se percatará de lo que a continuación sucedería, Natouch se acercó lentamente y le propinó un fuerte golpe a puño, el que fue a caer en medio de su mejilla, él le sujetó firme por la muñeca. — No juegues con fuego, cariño. No alteres más mi paciencia. — Natouch sonrió satisfecho.

ESPOSO DESCONOCIDOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora