Capítulo quince

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"A veces, llorar es la forma de no ahogarse"

(Del libro: Aquella orilla nuestra)

Tantachj no le dijo nada y Natouch estaba convencido de que no estaba de acuerdo con su decisión, sin embargo, se limitaba a cumplir órdenes y así se lo dejó claro, mudarse nuevamente a casa de Ohm Ritprasert era una experiencia que no deseaba repetir, aquella casa le había entregado felicidad, pero también mucho dolor y no se sentía cómodo volviendo a ella, pero ahí estaban sus niños, sus bebés y aunque sufriera todos los días viendo a Ohm Ritprasert, estaba seguro de que podía soportarlo.

Era de noche cuando finalmente pudo dejar todo en orden, sintió temor cuando avanzó hacia la enorme entrada y Farid le abrió la puerta.

Bienvenido, señor Natouch.

Gracias, Farid.

Sus pertenencias ya fueron acomodadas en su recamara, señor.

¿Dónde están los niños? — Quiso saber, realmente moría por verlos.

En su habitación con la Señorita Jane. — Dijo él formal.

Farid, yo llevaré a Natouch con los niños... — Él estaba vestido de una manera que su estúpido corazón dio un vuelco, pero no quería pensarlo, ya era suficiente de preguntarse qué hizo mal, él había jugado, mentido e ilusionado a una persona demasiado ingenua, solo esperaba haber aprendido la lección.

Como usted ordene señor.

Buenas noches, Natouch.

Señor Ritprasert... — Saludó él en tono formal.

Ohm, solo Ohm desde ahora, nadie creerá que estamos casados si continúas llamándome de manera formal.

Lo siento..., lo intentaré.

Bien..., ¿quieres subir con los niños?, cenaremos en unos treinta minutos, por favor convéncelos de que bajen. — Su expresión era diferente, quizás porque trataba de que el ambiente fuera lo menos tenso para los niños.

Iré a verlos, entonces.

Te acompañaré, hemos hecho algunos arreglos, así que es mejor que te lleve hasta allá.

Estaba nervioso y tenía miedo de que todo aquello solo fuera otra de sus trampas, sabía que estaba corriendo un enorme riesgo al aceptar aquel trato, pero ¿Qué podía hacer?, pagaría cualquier precio por ser parte de la vida de sus bebes.

Los pasillos estaban mejor iluminados, la enorme escalera ahora tenía protección para que los niños no sufrieran caídas y cada objeto peligroso fue reemplazado por cosas elegantes, pero seguras.

Cuando Ohm le abrió la puerta de la habitación los niños estaban en silencio, parecía que estaban haciendo su tarea bajo la atenta supervisión de Jane, quien fue la única que pareció oír el sonido y se dio vuelta de inmediato para mirarlo sorprendida, Natouch hizo un gesto para que guardara silencio, pero aquello no duró por mucho tiempo, porque Ollie se distrajo cuando su lápiz cayó al suelo y fue cuando notó su presencia.

¡Papi! — Gritó llamando la atención de su hermana también. Entonces a pesar de que no los había visto en apenas algunas semanas, corrieron para abrazarlo gritando de emoción. — ¡Papi!, ¡Papi!, ¡Papi! — Los dos estaban llorando y Natouch solo pudo abrazarlos mientras los llenaba de besos.

ESPOSO DESCONOCIDOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora