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Narrador omnisciente.
Finalmente lo que parecía ser el ojo del huracán le dio paso a la tormenta provocando que ésta arrase con todo a su paso.
Mientras los hijos del rey lo estaban despidiendo en el cementerio los rebeldes finalmente tomaron la ciudad, sin saber quién se encontraba allí en las calles, fingiendo ser una ciudadana más.
Ella se mantenía oculta mientras escuchaba los cantos que pedían la caída de la corona.
Una jóven de unos catorce años la había arrastrado con ella dentro de su casa.
—¿Qué está pasando? —pregunta la princesa cansada después de tanto correr.
—No lo sé. —dice la adolescente muy nerviosa que comienza a poner cosas en la puerta para cubrirla y que no pueda ser abierta.
—¿Están yendo al palacio? —pregunta y está vez la adolescente asiente.
—Déjame salir. —pide yendo hacia la puerta.
—No. —sentencia la jovencita impidiéndole el paso a Carlie.
Al otro lado de la ciudad el rey y sus hermanos despedían al antíguo rey mientras que sus guardias comenzaban a ser avisados que estaban atacando el palacio incendiando vehículos a los alrededores y generando disturbios en la ciudad.
Uno de los guardias se acerca al rey y le murmura lo que está sucediendo, este inmediatamente mira a su hermano cómo intentando encontrar alguna respuesta.
—Han tomado la ciudad. —le repite fuerte y claro para que esté pueda entender lo que pasa.
—Carlie. —es lo único que repite antes de comenzar a correr a dirección contraria a donde se encontraba.
Carlie.
Camino de lado a lado intentando pensar qué hacer.
—Ven conmigo, yo cuido de ti pero no podemos estar aquí encerradas. —le digo a la niña que solo se sentó junto a la montaña de cosas que dejó junto a la puerta para luego ponerse a llorar.
—Ellos nos mataran. —comenzó a murmurar mientras rompía en llanto.
Me arrodilló junto a ella para tomar sus manos intentando que me vea.
—Yo te protejo, te prometo que nada te pasará. —le sonrió intentando darle confianza.
—Nadie nos podrá proteger allí fuera. —dice tan segura que puedo jurar que me heló los huesos.
—Tranquila, ellos no llegarán a ti, vendrán por nosotras.
—¿Cómo estás tan segura de eso? Llevamos tiempo desprotegidos a la deriva como para que ahora alguien nos recuerde.